Opinión | La Feliz Gobernación

Extraños proyectos de éxito

Extraños proyectos de éxito.

Extraños proyectos de éxito. / L.O.

En el último capítulo de la hagiografía de Bárbara Rey que emite Antena 3, la vedette graba la gala de fin de año de TVE para la Nochevieja de 1979, y acuden a presenciarla sus padres. «Desde Totana hasta Madrid sólo hemos tardado ocho horas», dice la madre de la vedette con sonrisa de satisfacción.

Visto así, no cabe duda de que desde la Transición hemos avanzado un montón. Hoy habrían tardado menos de una hora en el vuelo Corvera - Barajas que se acaba de inaugurar, aunque si hubieran elegido el AVE las tres horas del trayecto vía Alicante les habrían parecido interminables, a pesar de ahorrarse cinco.

En 2023, al filo del 24, la Región de Murcia disfruta de aviones puerta a puerta y del tren más moderno del continente, lo que no es poco si atendemos a las teleseries retro que nos muestran de dónde venimos. Entonces, ¿por qué todo sigue sin funcionar?

El aeropuerto no termina de despegar, a pesar de la recuperación tan celebrada del vuelo a Madrid, del que ya disponíamos cuando la sede estaba en San Javier, y también porque aun siendo privado sigue pesando de manera notable (véanse los Presupuestos en trámite) en las finanzas regionales por los vencimientos del aval aprobado en su día.

En cuanto al AVE, se trata de un proyecto desnortado que obliga a desviarse de la línea recta hacia su destino, tara de origen que sólo podrá ser compensada colateralmente en un aspecto de la cuestión: la rebaja de precios que traerán las líneas low cost, mientras las otras alternativas ferroviarias siguen congeladas.

¿Qué hay al final de trayecto del AVE y del aeropuerto? Una Región que estos días se dispone a aprobar unos presupuestos que apenas alcanzan a cubrir su propia burocracia y que seguirán impulsando la acumulación de deuda

Mientras tanto, el alcalde de Murcia, José Ballesta, se traslada a Valladolid para participar en una mesa redonda titulada ‘El soterramiento, un proyecto de éxito’, sin duda para presumir del resultado de una operación que su partido rechazó con saña desde la Comunidad, el Ayuntamiento y la delegación del Gobierno, incluyendo la dotación de nutridas brigadas policiales antidisturbios para reprimir a los pacíficos ciudadanos que lucharon durante treinta años para cerrar la cicatriz con que las vías del tren en superficie partían la ciudad en dos, sometiendo a algunos barrios a la condición de guetto. A pesar de esa firme, sostenida y heroica reivindicación del movimiento vecinal, acentuada en los seis años del último tramo, el Ayuntamiento que preside Ballesta sigue negando la Medalla de Oro de la ciudad a los auténticos responsables de que el soterramiento haya sido un proyecto de éxito. Prefiere ponerse la medalla a sí mismo, eso sí, lejos de aquí, en Valladolid, donde su partido batalla contra lo que en Murcia combatió. No mienten, sólo cambian de opinión.

En estos capítulos, la historia reciente de la Región desciende a la condición de historieta. Cuando Valcárcel justificó la ruptura de su promesa de gobernar sólo ocho años por el bien superior de construir el nuevo aeropuerto, la oposición de entonces lo calificó de megalómano, pues entendía como más acorde y manejable avanzar en ampliaciones y mejoras en el de San Javier, ya existente. El PP se mofaba de la falta de ambición de los socialistas y presentaba estudios sobre la enorme cantidad de beneficios que traería Corvera, tanto en oportunidades para las inversiones como en incentivos para aumentar el tropel turístico y para la creación de empleos.

Con el AVE, lo mismo. El lema de San Esteban, «AVE, ya», frente a «AVE soterrado», incluía informes acerca de la cantidad de inversiones, turistas y empleos que el retraso de unos pocos años en la construcción de las vías acarrearía contra el desarrollo económico de la Región. Cada minuto que tardáramos en inaugurar la alta velocidad se traducía en cientos de millones de euros que no entraban a Murcia.

Pues bien, ya tenemos aeropuerto y AVE. El primero, varado, con el objetivo de ir recuperando la dinámica ascendente que en su día tuvo San Javier, pero los millones contables no pasan al haber, sino al debe en las arcas autonómicas, y por muchos años. Y el AVE, con su trazado torcido, fruto de aquella política («AVE, de cualquier manera») va a cumplir el próximo día 20 el primer aniversario de su inauguración sin que la Comunidad se haya permitido hacer un estudio sobre los beneficios que ha aportado, en la línea de los que difundió acerca de lo que el retraso en su construcción estaba impidiendo.

El AVE, con su trazado torcido, fruto de aquella política («AVE, de cualquier manera») va a cumplir el próximo día 20 el primer aniversario de su inauguración sin que la Comunidad se haya permitido hacer un estudio sobre los beneficios que ha aportado, en la línea de los que difundió acerca de lo que el retraso en su construcción estaba evitando

Hace algunas semanas publicamos en este periódico un informe de Exceltur, la entidad del sector del turismo a cuyos datos se les otorga autoridad, en que la Región de Murcia aparecía a la cola de las Comunidades españolas en cuanto a crecimiento turístico durante la campaña del pasado verano. Y esto, por mucho que las autoridades regionales hubieran mostrado su satisfacción por estadísticas internas que quedan minimizadas cuando pasan a ser relacionadas con la dinámica general. El pretexto ante los datos de Exceltur no podía ser más paradójico: el cambio climático retrae el potencial turístico en las zonas en que se producen intensas olas de calor, cuando en Murcia siempre hemos pensado que el atractivo tradicional para los turistas de otras latitudes es precisamente el seguro de sol.

No es este un artículo sobre el turismo, así que dejaremos ese debate para otro momento. Lo que pretendo anotar es que algo falla en el mantra de que las comunicaciones iban a resolver nuestros déficits económicos y a potenciar nuestras posibilidades de desarrollo cuando las aportaciones de un aeropuerto y un tren AVE son imperceptibles en esos aspectos. Y lo son sólo en cuanto a la insatisfacción general respecto al AVE y al impacto en la caja financiera de la Comunidad en lo que se refiere al aeropuerto sin que éste produzca compensación alguna, al menos de momento.

Algo falla cuando las aportaciones de un aeropuerto y un tren Ave son imperceptibles para el turismo y las inversiones. Y lo son sólo en cuanto a la insatisfacción general respecto al Ave y al impacto en la caja financiera de la Comunidad en lo que se refiere al aeropuerto sin que éste produzca compensación alguna

Tal vez ocurra que las comunicaciones sean meros intrumentos, y de lo que se trata es de establecer estímulos en la zona de meta para que convenga su utilización. Ese es un trabajo fundamental, que sólo depende del diseño interior, es decir, de la competencia autonómica. Si hay que ir se va, pero si es pa’ ná es tontería. Definir modelos turísticos y abrir líneas de inversión sólidas debiera ser el incentivo que acompañara al allanamiento de las vías de comunicación, pues éstas por sí solas sirven de poco. Tomar una autovía para acabar en un bancal carece de sentido, y el problema es que esta anécdota particular se convierta en metáfora general.

Paso por alto el intento de aparentar unas comunicaciones exteriores de excelencia cuando las interiores resultan infernales, de tal manera que al lujo de poner el pie en esta Comunidad han de seguirle los caminos de piedra de los transportes públicos entre ciudades y los interiores en algunas de ellas, empezando por la capital.

El alcalde Ballesta se traslada a Valladolid para participar en una mesa redonda titulada ‘El soterramiento, un proyecto de éxito’, sin duda para presumir del resultado de una operación que su partido rechazó con saña

¿Qué hay al final del trayecto del AVE y del aeropuerto? Una Región que estos días se dispone a aprobar unos presupuestos que apenas alcanzan a cubrir su propia burocracia y que seguirán impulsando la acumulación de deuda; en la que los problemas brotan y los cauces de solución se obturan imponiendo el ruido de las diatribas, y en la que las herencias de los grandes proyectos de la etapa de bonanza, truncados o deformados, al cabo ineficientes, exigen su cuota de amortización sin producción de beneficio. Y, mientras tanto, ahí está la amnistía para distraernos de nuestra propia tía, que está malita, la pobre.

En la etapa que recupera la serie Cristo y Rey, de Totana a Madrid se tardaba ocho horas. Los tiempos de hoy se les figurarían a los padres de la vedette un milagro del teletransporte al modo del DeLorean en Regreso al futuro. Pero si se piensa bien, seguimos en las mismas. Porque lo importante no es que sea posible venir más rápido, sino tener que venir.