Opinión | Murcia D.F.

Todos al autobús y a las bicis

El reto del Gobierno local de Ballesta es rentabilizar el plan de movilidad con un sistema de transporte público que invite a la ciudadanía a dejarse el coche privado, un cáncer para la ciudad de Murcia y las pedanías

Un ciclista utiliza el nuevo carril bici de Gran Vía, en dirección a la plaza Circular.  | JUAN CARLOS CAVAL

Un ciclista utiliza el nuevo carril bici de Gran Vía, en dirección a la plaza Circular. | JUAN CARLOS CAVAL / a.lorente

Pese a los atascos, las retenciones y el cabreo ciudadano, el plan de movilidad que, en su parte más importante está prácticamente concluido, ha abierto una nueva perspectiva para la ciudadanía del municipio de Murcia, que respira uno de los aires más contaminados de España por la polución del tráfico y otros factores como las quemas que, pese a la lucha de un movimiento social como Stop Quemas, siguen campando a sus anchas con las nefastas consecuencias que ya conocemos: más afecciones pulmonares e incluso escolares que deben dar clase con las ventanas de sus colegios cerradas.

Los carriles bici y los espacios reservados para el transporte público han confeccionado una nueva idea de urbe que obliga en estos momentos al Gobierno local de José Ballesta a poner en marcha un transporte público de calidad, sostenible, vertebrador, moderno y con frecuencias adecuadas con el fin de que ya no haya excusa para la Murcia cochista. En eso deben emplearse los concejales populares y no solo el que lleva la cartera de Tráfico, ya que la empresa en la que debe embarcarse el Ayuntamiento es demasiado ambiciosa para un solo edil.

No es una exageración. En juego el futuro de la capital, que debe ocuparse no solo de los ciudadanos que viven en la ciudad y en las pedanías, sino también de todos aquellos que se desplazan desde otros municipios para trabajar, comprar, hacer gestiones o pasar el rato. El reto no es pequeño y en él se debe implicar también la oposición municipal (PSOE y Vox) con el fin de llegar a consensos que establezcan las bases de una movilidad sostenible donde el coche no sea el protagonista y cuyas acciones tengan décadas de vigencia.

Además, deberán colaborar en hacer pedagogía con los ciudadanos que habrán de entender que el coche es ya un artículo de lujo. En esa cruzada, los socialistas y los de Abascal deberán demostrar más altura de miras y más generosidad de la predicada por el PP, que en la oposición no quiso construir un futuro junto al Gobierno de José Antonio Serrano que, por una vez, mostró valentía para poner patas arriba calles cruciales para importantes barrios del norte y del sur con el convencimiento de que el futuro de Murcia debe ser verde y sostenible.

También deberá implicarse la Comunidad Autónoma para que el Área Metropolitana sea un éxito y los municipios que lo integren puedan participar de ese transporte público que compita con la movilidad privada basada en combustibles fósiles. No vendría mal tampoco el apoyo del Gobierno central para ir despejando el camino al tranvía y afianzar esa ayuda al municipio de 32 millones prometidos antes de las elecciones municipales de este año, cuya finalidad era extender ese medio masivo de transporte al barrio del Carmen y posteriormente a la Arrixaca, Polígono Oeste, etc.

Aunque la verdad sea dicha es menos complicado llevarlo a Molina de Segura que a la zona sur de Murcia por cuanto la Comunidad Autónoma en su estudio sobre movilidad considera al tranvía el medio vertebrador sobre el que debe pivotar la nueva forma de moverse en la Región. El único problema, la importante cantidad de millones que son necesarios. La extensión del tranvía a la zona sur de la ciudad es complicada por cuanto el actual alcalde ha anunciado ya que pondrá en marcha el tranvibús, una especie de autobús con diseño de tranvía. Mucho trabajo por hacer en distintos frentes para llegar a una hermosa utopía y no a una Murcia en llamas. Por nadie pase.