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La Opinión de Murcia

Lola García

Murcia D. F.

Lola García

Sí al cambio de uso del Cine Rex

Es un planteamiento erróneo que el Ayuntamiento quiera comprar el histórico edificio teniendo en cuenta la situación en la que se encuentran otras reliquias de la ciudad como San Esteban o Monteagudo

Una de las manifestaciones en la que los socialistas, en la oposición, participaban en reivindicar el uso público del Cine Rex.

La nostálgica está muy bien en ciertas circunstancias, pero llega un momento en que hay que mirar hacia adelante y ver el futuro con proyección. Esta semana parece que los recuerdos de lo vivido en el cine Rex , un edificio por el que pujan dos empresas privadas para volverlo a poner en uso después de casi tres años desde su cierre, han hecho reaccionar al Gobierno local que hasta ahora ni se había acordado de la emblemática sala de proyecciones pese a que hubo un movimiento vecinal en su defensa en el que participaron el actual alcalde, José Antonio Serrano, y altos cargos del PSOE como el diputado Francisco Lucas, entre otros.

Sin entrar a valorar los proyectos privados que han salido a la luz, la idea de Serrano y sus concejales no es del todo acertada, ya que coarta el futuro de este edificio y además impide que se haga una iniciativa, en colaboración con la Administración local, que puede revitalizar esa zona de la ciudad, que tiene un aspecto mejorable debido a la presión que ejerce el tráfico con una calle Correos caótica e hipotecada por los turismo y la carga y descarga.

El Ayuntamiento plantea su compra y su declaración como BIC (Bien de Interés Cultural) en un intento de frenar a la iniciativa privada. La adquisición de ese inmueble para que pase a manos municipales suena a carta a los Reyes Magos por el agujero que tienen las cuentas municipales y la falta de liquidez de la Hacienda local. Además, no se entendería destinar recursos a esa operación cuando hay restos arqueológicos de gran valor esperando su turno.

Los casos más sangrantes son el yacimiento de San Esteban, que empezó a recuperarse sin éxito desde sus inicios (el exalcalde Miguel Ángel Cámara ya planteó una iniciativa para el arrabal, al igual que José Ballesta y Serrano) hace más de una década, y los vestigios árabes de Monteagudo, una zona de la que ya el regidor socialista José Méndez planteó su restauración con el Parque Cultural de Monteagudo, que los populares metieron en un cajón hasta la llegada del último mandatario popular que puso en marcha Las Fortalezas del Rey Lobo.

Monteagudo, que lleva encima de la mesa cerca de cuarenta años, es la prueba inequívoca de que el Ayuntamiento capitalino siempre se mueve por impulsos o, como dirían los antiguos, con ‘arrancadas de caballo y paradas de burro’, olvidando más pronto que tarde los compromisos adquiridos. Lo que no se puede precisar si es debido a la incompetencia política de los que marcan los designios de este municipio, a la falta de voluntad y de ideas, o por la ausencia de fondos que se puedan emplear en el patrimonio.

El dinero es fundamental a la hora de hacer realidad las iniciativas que se plantean y en estos momentos las finanzas municipales no se encuentran muy boyantes teniendo en cuenta el Plan de Saneamiento que ha presentado el alcalde, que tiene como hitos importantes incrementar la labor inspectora de los tributos para cazar defraudadores y la congelación del sueldo de los concejales durante cinco años.

El Gobierno local lo fía todo en estos momentos a los fondos Next Generation de la Unión Europea, también para preservar el cine Rex. De nada sirve que pase a manos públicas si se convierte en un cascarón vacío como San Esteban o Monteagudo. Por eso habría que consensuar con la iniciativa privada y los vecinos qué hacer con ese edificio. Mientras tanto, la gestión de la nostalgia allá cada cual en la esfera privada. Por nadie pase.

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