Opinión | Murcia D.F.

Murcia, con el agua al cuello

La zona de Ronda Norte de Murcia, anegada de agua este miércoles tras las fuertes lluvias.

La zona de Ronda Norte de Murcia, anegada de agua este miércoles tras las fuertes lluvias. / L.O.

La gente siempre piensa que cuanto hay fallecidos de por medio la cosa se arregla pronto. Es habitual oír a las personas que demandan actuaciones y no encuentran respuesta en sus gobernantes la típica frase: «Cuando haya muertos vendrán y lo arreglarán». Pero se olvidan que la incompetencia y la desidia son dos poderosas características que tienen abducidas al Ayuntamiento de Murcia y al Gobierno local.

El último episodio que ha demostrado la dejadez de la Administración local se produjo con las lluvias de la pasada semana que no dieron tregua a los vecinos de distintos puntos del municipio. El Gobierno local es especialista en mirar para otro lado y echar el muerto a cualquiera que pase por allí. La cuestión es no asumir responsabilidades y el mantra de ‘caiga quien caiga’ se ha quedado en una frase hecha.

El alcalde de Murcia, José Ballesta, ha abrazado las tesis del Gobierno regional y ha comenzado a culpar al Gobierno central de lo ocurrido en las inundaciones. Como si de esa forma eximiera de responsabilidades a la Administración local. Dice que el colector norte es básico para evitar el colapso de la ciudad y, sobre todo, las inundaciones de la rambla de Espinardo y sus cauces aledaños.

Demasiado tiempo con un problema sin resolver y demasiado tiempo exigiendo esa infraestructura sin que el Estado, antes y ahora (con gobiernos de PP y PSOE), hayan reaccionado. Mucho trabajo hay aún por hacer por parte del Gobierno central para llegar a la licitación del proyecto puesto que hay dudas sobre la capacidad del cauce del río para absorber la cantidad de agua que llegará a través de esa gigantesca tubería.

De momento no ha fallecido nadie por esas inundaciones al norte del municipio que pudieran servir de acicate (no nos engañemos, ni con muertos reaccionan). Donde sí falleció un hombre fue hace casi dos años en Javalí Viejo, localidad que en septiembre de 2022 cayeron 41 litros por metro cuadrado en solo diez minutos. Casas anegadas, derrumbes y un cadáver encima de la mesa por los estragos de la subida de la rambla de la Ventosa.

Veinte meses después prácticamente nada se ha hecho en esa zona para revertir la situación que en las lluvias de la pasada semana se volvió a repetir. En este caso, el único responsable es el Ayuntamiento, que únicamente ha expropiado la casa que hacía de tapón en esa rambla sin que de momento se haya demolido y se haya ensanchado la calle para que desagüe con más comodidad la salida del agua de la rambla. La presidente de la junta municipal de Javalí Viejo hace meses que lleva pidiendo una solución sin que de momento haya sido escuchada.

Además, es preciso construir un muro más consistente para evitar nuevos saltos de agua y buscar una alternativa para que una vivienda que existe en la calle del Rosario, de La Ñora, que está en curva de la rambla y que pone en peligro cada vez que llueve la integridad de sus moradores. ¿O será necesario que haya nuevos fallecidos cuando venga una nueva riada, un fenómeno que se produce cada vez con más asiduidad?

Unas riadas alimentadas por unas redes de alcantarillado colapsadas, unos imbornales con poca capacidad y una nefasta construcción de edificaciones en zonas inundables (los mapas han sido reescritos una y otra vez para contentar la economía). Es penoso conocer que en casas y supermercados salía agua por los retretes por la ineficacia de las redes construidas. En Trapería, en Ronda Sur y en San Antón, solo por poner algunos ejemplos, las calles parecían las Lagunas de Ruidera. Y en la iglesia de San Bartolomé había una auténtica catarata bajando por la fachada y anegando la calle. Pero siempre es mejor echar la culpa a otros. Por nadie pase.

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