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La Opinión de Murcia

Política

Una legislatura muy desagradable

La moción de censura fallida, los tránsfugas, las peleas entre los de un mismo partido y el drama del Estatuto marcan la agenda en la Asamblea

Miras, aplaudido por los diputados populares y miembros del Gobierno regional, ayer. | IVÁN URQUÍZAR

Sonaban los claros clarines que llamaban nada más y nada menos que al vigésimo séptimo Debate del Estado de la Región, y hasta la Asamblea Regional nos fuimos llegando todos los que pretendíamos informarles a ustedes del desarrollo de la cosa: periodistas, fotógrafos y plumillas de todo pelaje que, mediante el micrófono, el ordenador, la tableta, la cámara de televisión o el vil folio nos preparábamos para el acontecimiento. Hacía tiempo que el que suscribe no aparecía por este lugar, cuyas crónicas parlamentarias me permitieron comprarles zapatos a los chiquillos en más de una ocasión, pero la pandemia me había alejado de este menester, así que acudía con deseos de ver, de observar, de escuchar, de conversar con los políticos para servirles como trompetilla a sus más profundos anhelos con una crónica pulcra y atinada.

Pero henos aquí que, en esta larga ausencia, las reglas de funcionamiento de los plenos han cambiado para los de los medios informativos, y para el público en general, que nos hemos quedado sin acceso directo al acto al igual que yo me quedé sin abuela. Los diputados han cambiado de ubicación y han pasado del salón de actos habitual, pequeño y feo pero asequible para público y prensa, al patio del edificio, un lugar amplio y claro, mucho más grande que el otro, pero en el que solo tienen cabida los diputados y el personal de la Casa, mientras que los que no somos de la Casa hemos de conformarnos con ver y escuchar el debate en la tele, que, para eso, no hace falta que vayamos allí, porque tele ya tiene uno en su cuarto de estar, donde se está tan ricamente. ¿Será por la pandemia, para que no haya contagios o por perdernos de vista?

Es decir, que toda esa gracia que podía tener que un fotógrafo hiciera una toma en el momento en el que un diputado se rascaba la cabeza o cualquier otra parte de su cuerpo, o una diputada estuviera jugando con el móvil a matar marcianos, ahora los de las cámaras solo pueden pasar antes de que comience la sesión y enfocar a los políticos mientras posan con su mejor sonrisa, porque ‘voy a salir mañana en La Opinión, Pepe’, mientras que antes nadie sabía si iba o no salir, ni cómo, si con la greña caída sobre el ojo, o acariciándose el pectoral por detrás de la corbata. Porque ni siquiera con el zoom pueden trabajar por la mala y lejana posición que les permiten.

De manera que, como desde el segundo piso de la Asamblea ni se ve, ni se oye a quien está haciendo el discurso en el atril, voy a reseñar aquí lo ayer pude recabar por los pasillos, hablando con las poquísimas personas con las que me crucé, y, por supuesto, escuchando al presidente López Miras. Casi todo el tiempo.

Y comencemos con el discurso. En primer lugar, hay que agradecerle que fuese corto. Creo que el más corto de todos los discursos de este Debate que yo he escuchado. Y quizás la mejor definición de este texto sea la que un periodista amigo me dijo al oído: ‘Fernando está hoy muy Juanma’, es decir, el tono que estaba utilizando el presidente era muy Moreno Bonilla, como si alguien le hubiera avisado que el PP de Feijóo ya no va por la vía del insulto, la descalificación y el trompazo al oponente, sino por ir a lo tuyo y pasar de los demás, eso sí, con un tono blandito y sin estridencias. Por cierto, y muy importante: el señor presidente está haciendo ejercicio, cuidando su alimentación y va perdiendo kilos. Desde aquí mi felicitación por el sacrificio que le supondrá dejar los quinticos y cuidar su salud. Es un ejemplo para todos.

En cuanto al contenido, pues un poco lo de siempre: hemos hecho esto y vamos a hacer lo otro, somos los mejores y seremos aún mejores que lo mejores. Dio cifras y datos que no dudo que sean verdad, aunque luego veamos estadísticas que lo desmientan, pero, en fin, que se veía buena intención, oiga. Y quizás lo mejor de todo, las alusiones a la condena a la violencia de género, a las mujeres asesinadas por sus parejas, y a las políticas de igualdad que parecían advertir a Vox de que los tiros van ahora por otro lado, o mejor, que somos moderados, centristas, un poco andaluces y casi gallegos. Que vayan tomando nota.

Y ya, en síntesis, y para no cansarles, algo de, como les decía arriba, lo que he captado por los pasillos. A saber: esta legislatura está siendo muy desagradable, a juicio de algunos, la más desagradable de todas. Ya en su comienzo, los diputados, materialmente todos sin experiencia en lo legislativo, desde el primero al último, comenzaron a dar palos de ciego. No se creó ninguna empatía entre ellos (en otras ocasiones sí ha habido buen rollo por encima de las diferencias ideológicas).

La moción de censura fallida, los tránsfugas, las peleas entre los de un mismo partido, las faltas de respeto entre unos y otros, y, sobre todo, el drama del Estatuto que se perdió por el camino, porque, a juicio de personas muy sensatas, se había hecho un gran esfuerzo por parte de todos los partidos para llegar a un punto que al menos satisfacía lo suficiente a las distintas ideologías. Pero al final faltó inteligencia y voluntad para llevar a cabo este gran proyecto que mejoraba abiertamente las condiciones de nuestra convivencia. Y ni para algo tan importante han sido capaces de ponerse de acuerdo.

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