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La Opinión de Murcia

Angel montiel

La Feliz Gobernación

Ángel Montiel

El presidente se reinventa

"La pregunta es: ¿ha emprendido Fernando López Miras el camino andaluz hacia la ermita del Rocío? ¿Podríamos certificar que a partir de ayer tenemos un presidente de centro? ¿Pretende deshacerse de la incómoda sombra de Vox por la vía Juanma, consistente en ignorarlo y no impregnarse de él?"

Fernando López Miras, durante su intervención en el Debate del estado de la Región IVAN URQUIZAR

No utilizó ni una sola vez las palabras Sánchez o socialcomunismo ni la expresión ‘enemigos de la Región’. Por contra, espolvoreó el discurso con conceptos como diálogo y pacto. Diálogo por aquí, pactos por allá. Por increíble que parezca esta vez no se redujo al binomio ‘agua e infraestructuras’, que también, pero avanzó hacia la ‘economía verde’, energías renovables, apuesta energética, hidrógeno verde, investigación e innovación tecnológicas... Casi insinuó, queriendo o sin querer, un cambio de modelo para el desarrollo regional, una especie de transición. La impresión es que empieza a moverse, que ha captado onda. Y esto, a sabiendas de que este trazado no es simpático al que podría ser su obligado socio de Gobierno a partir de la primavera de 2023, Vox. Como tampoco su declaración sobre incrementar la dotación presupustaria y los recursos funcionales para la protección de las mujeres víctimas de la ‘violencia de género’, con estas palabras, y echó flores al Observatorio de la Igualdad. Todo esto puede parecer normal, pero no en el ‘debate cultural’ impuesto por la emergencia de Vox.

La pregunta es: ¿ha emprendido Fernando López Miras el camino andaluz hacia la ermita del Rocío? ¿Podríamos certificar que a partir de ayer tenemos un presidente de centro? ¿Pretende deshacerse de la incómoda sombra de Vox por la vía Juanma, consistente en ignorarlo y no impregnarse de él? La sobrevenida fe en Feijóo parece estar obrando milagros, aunque algunas de las medidas que anunció ayer son copia y pega de las iniciativas de Díaz Ayuso, como el blindaje fiscal o la deflactación, sea esto último lo que quiera que sea. De momento, estamos en la fase palabricas, pero ayer pareció observarse una cierta voluntad de cambio de registro.

El discurso de López Miras significó, de entrada, una modulación de tono y una renuncia apriorística a la confrontación, que no es poco. En relación a otras ceremonias anteriores de estas características, la de ayer resultó novedosa para bien. Y más allá del tono también pudimos escuchar algunas ideas, que es lo que falta desde hace mucho en la política regional.

Es cierto que López Miras utilizó el eficaz truco de dar titulares a futuro más que resetear el año transcurrido, después de admitir que sus tres anualidades de legislatura han estado presididas por la Dana, el Mar Menor y la pandemia. Estos graves ‘imprevistos’ han constituido todo su programa, que era inexistente, pero ahora, para el sprint final y a largo plazo parece querer dotarse de lo que se llama un marco, es decir, una política propia. Y empieza a dibujarla con relativa buena intuición. Por cierto que en relación al Mar Menor no eludió responsabilidades (el problema, admitió, procede de las ‘ultimas décadas’, es decir, del periodo en que viene gobernando el PP), tal vez porque de hacerlo habría resultado cínico y no querría empañar el aire general de su discurso.

Activó, eso sí, resortes ‘nacionalistas’ de rebelión frente a la política del Gobierno del Estado (eso que tanto molesta al PP cuando lo practica el Gobierno catalán), como el propio anuncio de la ley de blindaje fiscal o la reprogramación del plan de estudios derivado de la Ley Celáa (esto último, sin duda razonable). Sin embargo, las alusiones al Gobierno central y a quienes en la Asamblea lo representan no resultaron enfáticas (para eso ya vendrá después el portavoz popular).

El discurso de López Miras significó, de entrada, una modulación de tono y una renuncia apriorística a la confrontación, que no es poco

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Había otro aspecto en su discurso que no podía soprender, y es el nivel de autosafisfacción que mostró al relatar, en unas y otras competencias, los indicadores positivos, acudiendo a fuentes benignas y eludiendo las que no le complacen. Es llamativo que la Región de Murcia, que tradicionalmente ha estado a la cola de la mayoría de los vectores fundamentales tanto económicos como sociales, hoy, tras el ‘toque López Miras’ sea la primera en tantas cosas, la segunda en tantas otras (siempre por debajo de otra Comunidad del PP) y la que dispone de un buen lugar en la tabla en la mayoría de los medidores. Es lástima que tanta excelencia no sea siempre percibida en la vida cotidiana, pero esto debe ser cosa del ancestral escepticismo murciano. Bien, el discurso era el del presidente, así que no iba a ser él quien renunciara a bendecirse. Se puede entender que si la Región de Murcia es, como reiteró ayer, la mejor tierra del mundo, tenga también en consecuencia el mejor presidente del mundo.

Otro subrayado llamativo fue la permanente alusión a Cartagena, incluso con alusiones a su remilitarización ahora que vienen tiempos marciales, lo que indica un especial interés para la reconquista electoral de esa plaza, sin cuyo concurso es difícil lograr la mayoría absoluta en la Región. El presidente se está centrando y cartagenerizando.

Hubo en el tono y contenido del discurso de López Miras un perceptible viraje, todo lo sutil que se quiera, respecto a su desenvolvimiento habitual. Esto no puede ser inocente. Significa que en el tramo final de su legislatura va a intentar recomponer su imagen y su discurso. Veremos si le dura.

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