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López Miras desactiva 'in extremis' una crisis de Gobierno que dura tres horas

Juan José Lara, director de la Biblioteca Regional elegido por Mabel Campuzano, fue cesado y readmitido en la misma mañana tras la reacción de la consejera, que amagó con irse al Grupo Mixto

Mabel Campuzano, saliendo este jueves de San Esteban tras el Consejo de Gobierno. Juan Carlos Caval

Ni dos meses han pasado desde la última crisis de Gobierno y ayer tuvo que ser el propio presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, quien descolgara el teléfono a las 13 horas para poner paz en el Grupo Parlamentario Vox de la Asamblea Regional. Y es que, durante tres horas, el Ejecutivo murciano había perdido la mayoría necesaria para mantenerle a él en el Palacio de San Esteban. Mabel Campuzano tenía claro que quería romper completamente con sus compañeros Juan José Liarte y Francisco José Carrera y estaba dispuesta a pasar al Grupo Mixto. Todo empezó tan solo tres horas antes...

Según pudo saber esta Redacción por fuentes cercanas al Ejecutivo, sobre las 10 horas, el director general de Patrimonio Cultural, Pablo Braquehais Desmonts, cesaba al director de la Biblioteca Regional, Juan José Lara, a quien la consejera Mabel Campuzano siempre defendió como el «perfil adecuado para hacer una gestión cultural idónea» al frente de esta entidad. Cabe recordar que en Lara se apoyó la dirigente para desarrollar sus políticas culturales, ya que, según denunció en una entrevista en La Opinión, no tuvo acceso al ICA (Instituto de las Artes Culturales de la Región de Murcia) mientras estuvo dirigido por el director general Ramón Palazón, protegido de Francisco José Carrera. Precisamente, fue este el motivo de aparecieran los primeros conflictos en el seno del Grupo Parlamentario Vox.

Al enterarse del cese de Lara, Mabel Campuzano contactó rápidamente con la letrada de los servicios jurídicos de la Asamblea Regional. Su mensaje fue muy claro: quería que le facilitara la documentación necesaria para incorporarse al Grupo Mixto del Parlamento. 

Poco después, esa información llegaba a oídos del Partido Popular y, a continuación, al propio Gobierno regional, prosiguen las mismas fuentes.

La mano derecha de López Miras en su Consejo de Gobierno, Marcos Ortuño, fue el primero en intentar disuadir a Campuzano, pero al final fue el propio jefe del Ejecutivo murciano quien la convenció de no dar el paso tras comprometerse a frenar la destitución de Juan José Lara. Bastó una llamada a Braquehais para este se desdijera. Eran las 13 horas y el cese de Lara había sido solo un mal sueño. Estas fuentes gubernamentales señalan también que la consejera aprovechó la conversación con Miras para explicarle el «acoso y derribo» que sufre «todos los días» por parte de sus compañeros del grupo parlamentario cada vez que acude a la Asamblea Regional.

Esta semana, precisamente, Juan José Liarte ha intentado convencerla, en balde, de que deje el acta de diputada para que no tuvieran que discutir continuamente, ya que seguiría, supuestamente, formando parte del Ejecutivo. Ella, que no se fía, propuso incorporar a dos asesores parlamentarios para que medien entre ellos, pero Liarte, como portavoz, se negó a tal demanda.

Desde el entorno de Campuzano no se duda de que detrás del cese temporal de Juan José Lara se encuentran Liarte y Carrera, ya que aseguran que no le perdonan que decidiera no seguir soportando a Ramón Palazón, protegido de Carrera, en su Consejería. «Desde el primer momento, no funcionó. Al principio, no sabía si era por ineptitud o por maldad, pero eran las dos cosas», reconoció la responsable de Educación de la Comunidad en este periódico. 

Esa decisión de echar a Palazón acabó, semanas después, con la partición de su Consejería en dos, perdiendo Campuzano las competencias de Cultura y quedándose solo con Educación. 

Condenados a entenderse

Que una consejera decida cesar a uno de sus directores generales no tiene por qué tener mayores consecuencias en ningún Gobierno. Pero este no es un Ejecutivo cualquiera. Tras la moción de censura de hace ya más de un año, el PP se tuvo que apoyar en diputados expulsados (caso de Ciudadanos) o díscolos (caso de Vox) de sus propios partidos. Parlamentarios que, al final, no responden más que a sí mismos. 

El Grupo Popular cuenta con 16 escaños, por tanto, necesita 7 diputados más que les ayuden a sostener al equipo de Fernando López Miras. En ese equilibrio, los tres díscolos de Vox son fundamentales y el PP no puede permitir que una trifulca entre Liarte, Carrera y Campuzano provoque que uno de esos votos no siga las directrices de San Esteban. 

La decisión de Campuzano de echar a Palazón puso en peligro los dos votos de Carrera y Liarte, por lo que se tomó la decisión salomónica de poner Cultura en manos del consejero de Presidencia, Turismo y Deportes, Marcos Ortuño. 

Más tarde, desde el Gobierno regional se encargaron de recolocar a Ramón Palazón en un puesto recién creado ‘ad hoc’ en la Consejería de Economía, Hacienda y Administración Digital, que dirige Luis Alberto Marín. Ahora, las presiones de Liarte y Carrera han puesto en peligro el voto de Campuzano, por lo que Miras ha obligado al departamento de Ortuño a rectificar de inmediato, en menos de tres horas, para no perder a la consejera de Educación. Están condenados a entenderse.

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