Aquella mañana de Pascua, cuando las mujeres fueron al sepulcro de Jesús, los ángeles les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”. Jesús había resucitado como lo volvía a hacer este domingo, Domingo de Resurrección. El ‘Palero’, con un pie en el sepulcro y otro en el aire, procesionaba por la vieja ciudad en compañía de su madre, María Santísima de la Encarnación y Asunción.

Portando el estandarte victorioso de su triunfo frente a la muerte, Jesús Resucitado, salía en procesión por el carrerón de la antigua Colegiata de San Patricio. Mucho antes, lo hacía su Madre, que recorría las principales calles de los barrios de Santa María y San Juan, para llegar a la Cava y desde allí, adentrarse por el arco bajo las Salas Capitulares de San Patricio y encontrarse con su Hijo en la Plaza de España.

Jesús Resucitado y María Santísima de la Encarnación y Asunción en la Plaza de España ante la que bailaban una ‘Jota Lorquina’ Coros y Danzas. Pilar Wals

"¡Aleluya!, ¡Jesús ha resucitado!", repetían una y otra vez mientras los estandartes de todas las cofradías de Semana Santa, blancos, azules, encarnados, morados, negros y Archicofradía de Jesús Resucitado, se alineaban para enmarcar el encuentro entre la Madre y el Hijo después de la resurrección de este último, mientras sonaba el ‘Aleluya’ de Haëndel.

Jesús Resucitado y la Virgen de la Encarnación volvían a protagonizar un encuentro en el tramo final de la procesión, ante el Ayuntamiento. Pilar Wals

La mañana primaveral, con el sol en todo lo alto, propiciaba una masiva afluencia de lorquinos, visitantes y turistas que presenciaban el baile de la ‘Jota Lorquina’ por parte de Coros y Danzas de Lorca ante los tronos de Jesús Resucitado y María Santísima de la Encarnación y Asunción, teniendo como testigo la torre campanario de la iglesia de Santa María que anunciaba la llegada del mediodía.

Un grupo de monaguillos participaban en el cortejo del Domingo de Resurrección. Pilar Wals

Poco después, se iniciaba el cortejo que este año variaba su recorrido por las obras de construcción del Palacio de Justicia en la calle Selgas. La procesión se iniciaba en la Plaza de España y continuaba por la calle Álamo. Al paso de los tronos bajo el balcón principal de la Casa Consistorial caían las tradicionales ‘aleluyas’ de mil colores que los más pequeños recogían para guardarlas. El cortejo lo abrían los estandartes de las cofradías de Semana Santa, cuyos presidentes participaban de la comitiva, como también lo hacían los directivos de todas las asociaciones y organizaciones de la ciudad. Y las presidentas de las asociaciones y coros de damas de las titulares de las distintas cofradías de Semana Santa.

Estandarte del Reflejo del Paso Azul. Pilar Wals

La imagen de Roque López, de 1800, bajaba la cuesta de la calle Álamo mientras de telón de fondo se mostraba la iglesia de Santa María, la que en otros tiempos fue su sede religiosa, y que abandonara por obligación tras la guerra civil. Entonces, cuentan los mayores del barrio, fue salvado y escondido en el Ayuntamiento donde permanecía durante algún tiempo. Su estancia en el lugar le llevaba a recibir el título de ‘Alcalde Honorífico’ en 2002, por ser el que más tiempo había ocupado el despacho del alcalde. Es por lo que la imagen del ‘Palero’ lleva en su mano derecha un bastón de mando idéntico al que luce el mandatario de la ciudad.

Estandarte de San Juan Evangelista, del Paso Blanco. Pilar Wals

El cortejo continuaba por la zona de la antigua Plaza de Abastos y la calle Granero hasta Fernando el Santo y Alfonso X el Santo. Al paso por la iglesia de San Francisco las campanas de su torre repicaban en señal de júbilo. Y se adentraba la procesión en la Corredera, para abandonarla en Álamo y continuar hasta la Plaza de España. Bajo el balcón principal se producía un nuevo ‘encuentro’ entre la Madre y el Hijo, que subían por la cuesta de la calle Corregidor camino de la fachada principal de San Patricio, en el último tramo de la procesión. Para entonces, el sol calentaba, aunque una suave brisa fresca se dejaba sentir. Las ‘aleluyas’ volvían a caer entremezcladas con pétalos de rosas y claveles. Mientras la Agrupación Mater Dolorosa, la Banda Municipal de Música y la Banda de Cornetas y Tambores del Paso Encarnado interpretaban distintas piezas.

Los presidentes de las cofradías de Semana Santa, Alberto Secada, Ramón Mateo, José María Miñarro y Ángel Latorre. Pilar Wals

La Virgen de la Encarnación lucía su manto blanco que hace años fue estrenado después de que el anterior se destrozara tras un fuerte aguacero durante la procesión de Domingo de Resurrección. La imagen, de vestir, fue esculpida en 1941 por el escultor valenciano José Gerique Roig. Vino a sustituir a la antigua imagen de la iglesia de Santa María que fue destruida en la Guerra Civil, una bella escultura de autor desconocido de principios del siglo XVIII y que fue retocada por Roque López en 1797.

Tomasa Lorente, María del Mar Piernas, María Jesús Pérez, Irene Navarro, Tana García y Gabriela Artero. Pilar Wals

El desfile por la vieja ciudad dejaba ver las ‘cicatrices’ del terremoto. Aún muy presentes doce años después del seísmo que tenía lugar el 11 de mayo de 2011. Viviendas ‘apeadas’, esto es, con las fachadas sostenidas por un entramado de acero y bloques de hormigón. Y otras prácticamente en ruinas.

Jesús Resucitado iniciando la subida por la Cuesta de la calle Corregidor, con la antigua iglesia de Santa María al fondo. Pilar Wals

El cambio del itinerario permitía evitar el tránsito por Selgas, pero la calle Álamo, Fernando el Santo y Alfonso X el Sabio, ofrecían un visionado del casco antiguo que reclama una atención inmediata para lograr la recuperación de esas viejas casas señoriales, la rehabilitación de las dañadas y la reconstrucción de las que tras su demolición dejaron infinidad de solares vacíos. A pesar de ello, el cortejo del Resucitado lograba llenar de color el recinto histórico y de público venido desde todas las pedanías, pero también de poblaciones limítrofes como Águilas, Totana y Puerto Lumbreras.