Opinión | La Feliz Gobernación

El consejero calamidad

El nuevo consejero de Fomento se ha estrenado constatando que deberá negociar a uña de caballo las concesiones de las líneas interurbanas de autobuses de la Región integradas en la plataforma Movibus, que caducan el próximo 3 de diciembre. Estas concesiones, acordadas hace dos años de manera provisional, no son prorrogables, y debían haber salido a licitación en 2013 dentro del nuevo mapa de transporte regional de viajeros. Al parecer, el cumplimiento del trámite todavía ocupará un año más, pero mientras tanto la Comunidad no se puede quedar sin autobuses, en un vacío legal inexplicable que ahora deberá ser cubierto con algo así como una prórroga que no parezca una prórroga.

Es el pan nuestro de cada día en la anterior gestión de Fomento. Ocurrió lo mismo con las directrices urbanísticas del Mar Menor, que se han retrasado sine die incumpliendo el mandato de la Ley que fue aprobada en la Asamblea para proteger la laguna. Y tampoco se sabe nada, por ejemplo, de la liencia para la explotación de Puerto Menor, que ya lleva un tiempecito caducada.

Algo tan aparentemente sencillo como disponer de una agenda en la que aparezca señalada la caducidad de las concesiones y la previsión de los trámites para su renovación mediante el correspondiente proceso concursal no ha estado a la mano del consejero saliente, José Ramón Díez de Revenga, la peor calamidad que ha soportado Fomento en la historia autonómica, y a las pruebas hay que remitirse. Un consejero que, sin embargo, se despedió en redes sociales presumiendo incluso de haber sido el artífice hasta del soterramiento del Ave que con gran ahínco combatió.

Tanto cinismo político y tantísima ineficacia en la gestión le han sido premiadas con su designación como senador autonómico. Su misión a partir de ahora es ayudar a que no se rompa España, pero mucho nos tememos que si de él dependiera pronto la veríamos hecha añicos.