Para entender el desarrollo de estas elecciones generales 2023 hay que echar la vista atrás. El 18 de junio de 2018, Alberto Núñez Feijóo concentraba todas las miradas de quienes seguían el proceso de relevo al frente del PP tras la dimisión de Mariano Rajoy. Las circunstancias, más fuertes que sus propios movimientos, le señalaban como el elegido. Pero ese día, él mismo se había encargado de alimentar las expectativas con una rueda de prensa cargada de solemnidad. Sin embargo, tras tomar la palabra y alargar el suspense, con voz temblorosa, anunció que se descartaba para la batalla. Su decisión era la de seguir en Galicia.

Quizás sólo el propio Feijóo sabe si esa emoción se explicaba únicamente por el compromiso con su tierra o si la exacerbaba algún resto de amargura por una renuncia que se antojaba como un adiós definitivo a sus opciones en la política nacional.

Cuatro años después, sin embargo, cuando la crisis en torno al liderazgo de Pablo Casado estalló en Génova, sí respondió a la llamada. Los acontecimientos se han sucedido rápidamente desde entonces, y ahora, a los 61 años, encara unas elecciones en las que las encuestas le permiten soñar con alcanzar la presidencia del Gobierno, después de pasar 13 años al frente de la Xunta de Galicia.

Padre de un niño con su pareja, Eva Cárdenas, exdirectora de Zara Home, Núñez Feijóo (Os Peares, Ourense, 10 de septiembre de 1961), abandonó en su juventud su sueño inicial de convertirse en juez, por las necesidades familiares, y acabó estudiando una oposición para entrar en el cuerpo superior de funcionarios de la entonces recién creada administración autonómica gallega.

Allí ascendió de la mano de José Manuel Romay Beccaría hasta dirigir la Sanidad autonómica, en un puesto técnico, desde el que dio el salto a liderar la política sanitaria en el primer Gobierno de José María Aznar y posteriormente la empresa pública Correos, en el segundo mandato del PP.

Feijóo se juega llegar a la Moncloa, solo o con Abascal. Agencias

A la etapa gallega al frente de la Sanidad corresponden las fotos con Marcial Dorado, contrabandista de tabaco entonces y condenado por narcotráfico años después, una relación que se mantuvo varios años en los que compartieron viajes de ocio en compañía de otras personas.

Fue en ese momento cuando saltó a la política propiamente dicha y también cuando se afilió al PP, pasados los 40.

La crisis del Prestige lo devolvió a la política gallega en 2003, tras haber rechazado ser consejero de Sanidad de Esperanza Aguirre; primero como consejero de Infraestructuras y un año después como vicepresidente segundo.

Sucedió a Manuel Fraga al frente del PP gallego en 2005, cuando PSOE y BNG alcanzaron un acuerdo para gobernar la Xunta con un Ejecutivo de coalición. En esa legislatura, Feijoó exhibió un perfil duro desde la oposición. Cuatro años después, en sus primeras elecciones como candidato, conquistó la mayoría absoluta, un resultado que repetiría en 2012, 2016 y 2020.

Ese balance victorioso y su perfil de gestor asociado a su experiencia de gobierno es, precisamente, lo que ha impulsado su ascenso.

Feijóo, perfil “moderado”

Feijóo, que ha mantenido a lo largo de los años un núcleo de colaboradores muy reducido, se ha caracterizado siempre por no comunicar sus decisiones hasta el último momento, una forma de ser dueño de sus tiempos que en el PP han aprendido a respetar y que desespera a propios y a extraños, tanto en Galicia como en Madrid. Fue así en 2018, cuando decidió no concurrir al liderazgo del PP. Y de una forma similar, midiendo siempre sus pasos, acabó por aceptar el envite que le condujo al despacho principal de Génova 13.

Ahora, el vértigo de la política nacional pone a prueba esa forma de actuar, mientras en plena carrera hacia el 23-J, en la hora de la verdad, se enfrenta a decisiones fundamentales, como el grado de acercamiento del PP a Vox.

Durante sus trece años de gestión en Galicia, Feijóo siguió el guion del centroderecha más clásico, ubicado quizás en la centralidad de su mismo partido, y siempre postulándose como perfil “moderado”, aunque en el rechazo frontal al “sanchismo”, ya al frente del PP, haya revivido los años combativos en los que, en Galicia, también fue oposición.