Ejército

La vida a bordo del Tramontana: "Esto no es para todo el mundo"

El Tramontana es el cuarto submarino de la clase Galerna de la Armada. Con base en Cartagena, sus 38 años de servicio están próximos a su fin, cuando sea sustituido por los nuevos de la serie S-80 que finaliza Navantia

El submarino y su dotacíón, en Mahón.

El submarino y su dotacíón, en Mahón. / Jaime Payo Velázquez

Rafa López

¿Qué empuja a alguien a sumergirse junto a otras sesenta personas a decenas de metros de profundidad durante cuatro semanas, viviendo en un espacio muy reducido, sin apenas comunicación con la familia, duchándose cada tres días, compartiendo solo dos retretes con el resto y durmiendo junto a torpedos? La respuesta la tiene José Manuel Piñero Álvarez, vigués al frente del submarino S-74 Tramontana: vocación de servicio. «Si tuve otras vocaciones, ingresar en la Armada siempre fue la principal. Hacerme submarinista fue algo de lo que me convencí una vez dentro».

Con 67 metros de eslora y 6,8 de manga, el Tramontana es el cuarto submarino de la clase Galerna de la Armada, junto al propio Galerna, el Siroco y el Mistral, estos dos últimos ya retirados. Tiene su base en Cartagena, su puesta a flote se efectuó el 30 de noviembre de 1984 y fue entregado a la Armada en diciembre de 1985. Sus 38 años de servicio están próximos a su fin, cuando sea sustituido por los nuevos submarinos de la serie S-80. Desde hace unos días, el submarino ya se encuentra inmovilizado en el arsenal de Cartagena, donde en las próximas semanas se procederá a la retirada de equipos que se consideran útiles y, posteriormente, irá cumpliendo plazos en el proceso de baja en la Armada.

Ejercicio de zafarrancho de combate en la cámara de mando.

Ejercicio de zafarrancho de combate en la cámara de mando. / Luis Piñero Álvarez

Como explica su comandante, los submarinos de la serie 70 se han mantenido en servicio para asegurar que la Armada mantenía la capacidad submarina hasta la entrada en servicio del primer S-80. La entrega del S-81, el Isaac Peral, está prevista para noviembre.

«Pese a su veteranía han dejado el pabellón bien alto, y por ejemplo el Tramontana, en este último año, ha realizado dos despliegues en la Operación Sea Guardian bajo el mando de submarinos de la OTAN (COMSUBNATO) y ha participado en los ejercicios de alta intensidad ‘Orión’ de la marina francesa», explica José Manuel Piñero, que nació el día de la Constitución de 1984 y tiene prácticamente la misma edad que el submarino que dirige. Completó el curso de especialidad de submarinos en 2011 y ha desarrollado casi toda su carrera en submarinos desde entonces.

Es el comandante del Tramontana desde el 4 de julio de 2022. «Quiero destacar que, por lo complejo que es manejar una plataforma como esta, tengo a bordo una dotación (la palabra que usamos en la Armada para referirnos a la tripulación) muy bien preparada, muy unida y muy motivada», resalta.

Probablemente su amor por la Armada tenga que ver con una larga tradición familiar. Su bisabuelo fue el contralmirante Luis Piñero Bonet, comandante de Marina de Vigo; y uno de sus abuelos, José Manuel Piñero Martínez, fue vicealmirante, pionero de la electrónica en la Armada y director de la ETEA (Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada) de Vigo. «A mi bisabuelo no lo conocí, pero mis dos abuelos eran marinos y crecer viendo a dos hombres que estuvieron orgullosos hasta sus últimos días de sus años en la Armada forja vocaciones, supongo», admite. Al «gen marino» de sus antepasados debió de unir el ADN aventurero de su familia: su hermano menor, Luis, recorre el mundo filmando y haciendo fotos con el famoso YouTuber Rubén Díez, más conocido como Lethal Crysis. Suyas son la mayoría de las fotografías de este reportaje.

Imagen de una de las zonas del submarino donde duerme la dotación.

Imagen de una de las zonas del submarino donde duerme la dotación. / Luis Piñero Álvarez

Preparados para todo

La vocación se pone a prueba todos los días en los submarinos. Por algo el lema del Arma Submarina de la Armada Española es ‘ad utrumque paratus’, una expresión del latín que se puede traducir como «preparados para todo». Para saber cómo actuar en caso de emergencias accidentales realizan constantes simulacros. ¿Qué emergencias son las más graves? Un incendio o una vía de agua, responde el comandante Piñero. «En el caso de un incendio, porque la atmósfera del submarino se contamina muy rápido y es necesario extinguir el fuego y controlar y ventilar rápidamente el humo para garantizar la supervivencia de la dotación –explica–. En una vía de agua, porque la entrada incontrolada de agua a bordo compromete la ‘reserva de flotabilidad’ del submarino, y hay que reaccionar en segundos para conseguir llegar a superficie antes de que entre demasiada». Este último accidente ocurrió en el Tramontana en 2008, a unos 300 metros de profundidad cerca de Cabo Tiñoso. Entró agua por la junta del periscopio con el casco del submarino. «El adiestramiento y la rápida actuación de la dotación consiguieron que se quedara en un susto», destaca Piñero.

En la larga hoja de servicios del Tramontana figura su participación en la crisis de la isla de Perejil entre España y Marruecos, de la que se cumplen estos días 21 años. En 2011 fue una de las unidades enviadas al conflicto de Libia para participar en la operación ‘Unified Protector’ en cumplimiento de la resolución de las Naciones Unidas.

«A bordo Hemosvisto hasta ‘Kursk’, que no es la película más optimista paraver en cota profunda»

Una de las misiones habituales del Tramontana es obtener inteligencia destinada a combatir el terrorismo internacional, en el marco de la operación ‘Sea Guardian’ de la OTAN. ¿Cómo puede un submarino, que puede sumergirse hasta más de 300 metros, obtener estos datos? El comandante Piñero lo explica: «Así como el 90% del comercio mundial se desplaza por vías marítimas, algo parecido ocurre con los tráficos ilícitos (de armas, de personas), incluidos los vinculados con el terrorismo. Un submarino puede monitorizar sin ser detectado este tipo de actividades en el entorno marítimo, y obtener información muy valiosa en la lucha contra el terrorismo. Lógicamente los malos no actúan igual cuando se saben observados y el valor añadido del submarino es realizar esta vigilancia discretamente», resalta.

Como dice José Manuel Piñero, la idea que tenemos de los submarinos, sobre todo a través del cine, se asocia a la misión tradicional de atacar a otros buques, pero –resalta el comandante– «cumplen muchas otras: inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR, por sus siglas en inglés), que es la más habitual en tiempo de paz; minado ofensivo; inserción y extracción de equipos de operaciones especiales…; y con el S-80 y sus nuevos sistemas de armas, ataques a objetivos en tierra. La capacidad más importante de un submarino es la de operar de forma encubierta, ejerciendo la disuasión y siendo un importante elemento de la Armada para el control del mar, tanto para negar su uso a un posible adversario como para permitir la libertad de maniobra a las fuerzas propias».

Un helicóptero de la Armada se aproxima al Tramontana para un ejercicio de evacuación de personal.

Un helicóptero de la Armada se aproxima al Tramontana para un ejercicio de evacuación de personal. / Luis Piñero Álvarez

Mínimo espacio

La dotación del submarino, unas 60 personas, dispone únicamente de 120 metros cuadrados de superficie para moverse dentro de él: apenas dos metros cuadrados por persona. «Pero se aprovecha mucho el espacio verticalmente: las camas están apiladas en columnas de 3 o 4. El submarino tiene 67 metros de eslora, pero apenas 35 son transitables sin tropezarte con algo», explica el comandante.

La higiene a bordo es, por lo general, austera: «Como el agua dulce es un bien preciado y nuestra capacidad de producirla a bordo es limitada, establecemos un sistema de turnos para las guardias que permite una ducha cada tres días. Hay excepciones: al cocinero le dejamos ducharse todos los días». Y entre las más de 60 personas a bordo hay únicamente dos pequeños retretes unisex, añade Piñero.

Tampoco se puede dormir, digamos, a pierna suelta. El número de camas es variable, al igual que la dotación a bordo según la misión que se vaya a realizar: «Solamente 32 camas son ‘fijas’. El resto depende del número de torpedos que llevemos a bordo. Cada torpedo le quita el sitio a tres camas... cuantos más torpedos embarcamos más gente empieza a sufrir lo que llamamos ‘cama caliente’: personas que montan en distintos turnos de guardia comparten la misma cama… uno se levanta y el otro se acuesta».

Multipliquen todo esto por el número de días sin tocar tierra de una misión. En los últimos años, las operaciones más largas del Tramontana entre escala y escala han sido de alrededor de 25 días. «La autonomía en papeles es de 9.000 millas náuticas, pero los submarinos tienen un consumo de combustible muy reducido. Estamos limitados sobre todo por la capacidad de víveres (unos 45 días) y por la propia resistencia de la dotación», destaca Piñero.

«El submarino tiene 67 metros de eslora, pero apenas 35 son transitables sin tropezarte con algo»

Y no todos valen para resistir todas estas limitaciones. La claustrofobia es el primer obstáculo que viene a la mente. Aclara el comandante que «los primeros días de los cursos de especialidad de submarinos se realiza una primera inmersión de 24 horas que sirve para cribar este tipo de situaciones. Es verdad que esto no es para todo el mundo, pero una vez superado el curso, es raro que alguien abandone. Como mucho, al cabo de unos años, hay quien decide que ha tenido suficiente y no renueva, y decide volver a los barcos de superficie».

No extraña, por tanto, que dentro del submarino se fomente el buen humor y la camaradería. No siempre el roce hace el cariño, pero convivir de forma tan estrecha –literalmente hablando– propicia que todos sepan más fácilmente qué pasa por la mente del compañero. «Anualmente se pasa un reconocimiento psicológico –apunta el comandante–. Pero una vez salimos a la mar, nos queda cuidar los unos de los otros. El segundo comandante y el oficial enfermero siempre están alerta para detectar si algún miembro de dotación está pasando un mal rato. En una convivencia tan estrecha es raro que cualquier problema que pueda tener un miembro de la dotación pase inadvertido», subraya.

Se cuida la salud mental y también la física, toda vez que cualquier problema médico –como una apendicitis– que puede solventarse fácilmente en tierra se convierte en un serio quebradero de cabeza en inmersión. «Anualmente se pasa un reconocimiento médico muy completo que incluye desde el dentista al psicólogo. Además, la edad de embarque está limitada a 45 años (aunque en casos excepcionales se autoriza hasta los 50). Se parte de la base de que una dotación joven tendrá menos achaques –continúa Piñero–. Normalmente llevamos un oficial enfermero que cuenta, además, con el apoyo de personal que realiza otras funciones, pero que están formados como sanitarios, como el cocinero. En cualquier caso, nuestra capacidad de asistencia médica a bordo es limitada y para cualquier caso grave evacuamos a tierra al afectado», precisa.

Pese a las limitaciones de espacio y las restricciones en las duchas, se hace deporte a bordo, lo que contribuye a una óptima salud física y mental. Obviamente, no se puede practicar la carrera en el submarino. Para eso hay que llegar a la base, en Cartagena, donde está establecido un horario de deporte para que la dotación se mantenga en forma.

Presencia femenina

La presencia femenina es minoritaria, pero creciente. Actualmente hay seis mujeres en la dotación del Tramontana, aproximadamente el 10 por ciento. «Nuestra Armada fue una de las pioneras en admitir mujeres en submarinos, en el año 2000 –comenta el comandante Piñero–. Desde entonces ha habido mujeres submarinistas en todas las escalas, incluida la primera oficial [la madrileña Laura Vitalia González], que vino destinada al Tramontana en el año 2020». Pese a la brecha de género hay incluso alguna pareja entre los submarinistas. «La Armada tiene unas medidas de conciliación bien instauradas y en una pareja de marinos con hijos siempre deja a uno en tierra para que se haga cargo de los pequeños», destaca Piñero.

La comunicación a distancia con los familiares es, sin embargo, limitada por las circunstancias. Los submarinos cuentan con un sistema de comunicaciones por satélite, y eso permite recibir y enviar correos electrónicos de y para las familias. De esta forma, mediante correos electrónicos principalmente, se ha recabado la información para este reportaje. Solo en ocasiones excepcionales se autorizan llamadas telefónicas.

¿Cómo sabe el mando en tierra que el submarino, cuando está sumergido a 300 metros de profundidad, está operativo y no en problemas? «Tenemos instrucciones que establecen cada cuánto tiempo tenemos que enlazar con nuestros mandos –normalmente, una vez al día– y existen protocolos para que, excedido ese tiempo, nuestro mando compruebe si estamos bien o si hemos tenido algún problema», explica el marino vigués.

Además de las vías de agua y los incendios, otro de los riesgos estriba en las posibles colisiones. «Entre los aliados de la OTAN existe una estrecha coordinación para evitar que nuestros submarinos coincidan en tiempo y lugar. Con el resto de países... confiamos en la inmensidad del mar», añade Piñero con cierta retranca gallega.

Los riesgos se toman con filosofía, a tenor de los gustos cinematográficos de la dotación. Porque, en caso de que usted se lo estuviera preguntando, la respuesta es sí: también ven películas de submarinos, y no siempre con final feliz. «Das Boot, la película de Wolfgang Petersen [1981] en la que el U-96 entra en Vigo, es considerada, también por los submarinistas, la mejor película de submarinos de la historia –resalta Piñero–. A bordo tiene mucho éxito La caza del Octubre Rojo, con Sean Connery como protagonista [1990], y también los clásicos de la II Guerra Mundial como Duelo en el Atlántico [1957]. Hemos visto hasta Kursk [2018], que no es la película más optimista para ver en cota profunda», ironiza el comandante.

El Tramontana, llegando a su base de Cartagena al anochecer.

El Tramontana, llegando a su base de Cartagena al anochecer. / José Damían González

Los submarinos militares pasan largos periodos de tiempo sumergidos. Los submarinos nucleares, sobre todo los que llevan misiles balísticos, pasan regularmente de 3 a 4 meses sin pisar puerto, con unas comunicaciones más restringidas. Tienen más espacio para víveres y también una selección de personal muy dura y un sistema de dos dotaciones para no sobrecargar al personal. Los de la Armada utilizan otra fuente de energía. «Los submarinos diésel-eléctricos como el Tramontana tienen que cargar sus baterías cada cierto tiempo, y para ello necesitan acercarse a la superficie y con un tubo (un ‘snorkel’) proporcionar aire a los diésel-generadores para su combustión –explica José Manuel Piñero–. Ese mismo aire se circula por el submarino para renovar los valores de oxígeno, dióxido de carbono… para ‘ventilar’ el submarino. A bordo hay un control estricto y constante de estos valores, y también tenemos métodos alternativos para producir oxígeno y absorber el dióxido de carbono de la atmósfera interior», detalla.

Según la ficha técnica que figura en la web oficial de la Armada, el Tramontana puede navegar a 12 nudos (22.2 kilómetros por hora) en superficie y a 20,5 nudos (38 km/h) en inmersión. Esta puede superar los 300 metros. Como referencia, la profundidad máxima de la ría de Vigo ronda los 50 metros.

Navegar en un submarino tiene ventajas e inconvenientes en lo concerniente a los mareos. Como explica el comandante Piñero, «si el submarino navega en superficie, el movimiento es sin duda peor que en un barco. Ni siquiera hay opción de salir a tomar el aire o mirar por la ventana. Pero la ventaja de navegar en tres dimensiones es que a 100 metros de profundidad el mar siempre está en calma».

El armamento principal del submarino está constituido por 4 tubos lanzatorpedos de 533 milímetros con sistema de recarga, a través de los cuales se pueden lanzar torpedos y minas. En 2004, durante unos ejercicios navales, el Tramontana lanzó uno de los torpedos, con los que hundió un buque en superficie. Además, el submarino dispone de armamento ligero (pistolas, fusiles y ametralladoras) para la defensa del mismo cuando navega en superficie o se encuentra atracado en puerto.

Cuando se declaró la pandemia de covid, en marzo de 2020, muchos volvieron sus ojos a los submarinos para conocer cómo se vive en un confinamiento absoluto durante semanas. Lo cierto es que los submarinistas vivieron un doble confinamiento, en el sumergible y en casa. «Se realizaban varios test previos a la salida a la mar, unidos a un confinamiento domiciliario estricto –relata Piñero–. Fue muy exigente para las dotaciones, pero la realidad es que se consiguió navegar sin contagios a bordo».

Con rango de capitán de corbeta, Piñero ya es, a sus 38 años, todo un veterano de los submarinos. Afirma que tiene difícil embarcar de nuevo en ellos. «Hay que dejar sitio a las nuevas generaciones. Pero les seguiré apoyando desde tierra, en otras funciones», avanza.