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La Opinión de Murcia

Sanidad

"Me han hundido en la miseria, si lo llego a saber no me opero y me quedo cojo"

Julio José se operó de una vértebra en septiembre de 2015 en la Arrixaca y desde entonces quedó con una espasticidad severa que le impide caminar. Reclamó en 2017 al SMS, pero en esa fecha la Administración no tenía seguro. Lleva cinco años sin respuesta

Julio José García ha quedado con importantes secuelas tras su operación. Ivan Urquizar

En septiembre de 2015 Julio José García Alpañez entró caminando al Hospital Virgen de la Arrixaca para ser intervenido quirúrgicamente de una vértebra. Este cartagenero, que actualmente tiene 47 años, tenía dolores y una ligera cojera en la pierna izquierda por una hernia discal. Un mes más tarde salía del hospital del Palmar sin poder mover las piernas, «las tenía muertas», afirma.

Camarero de profesión y propietario de un bar en Cartagena, un negocio que llevaba junto a su mujer, Paloma, Julio José se pasaba de pie trabajando entre 14 y 16 horas diarias, lo que había empeorado sus dolores.

«Los médicos me dijeron de operarme en el Hospital Virgen de la Arrixaca porque en Cartagena no había Neurocirugía y tenía bastantes molestias. Pero cuando desperté de la operación pasaban los días y no sentía las piernas, las tenía muertas, pasé 30 días sin poder moverlas y pese a preguntar a los médicos, no me daban una explicación. Me decían que era de la propia operación, pero los días pasaban y no mejoraba», explica a LA OPINIÓN.

«Entré andando a la Arrixaca y salí de allí 30 días después en silla de ruedas sin poder andar», recuerda.

Tras realizarle varias resonancias apareció que tenía un hematoma en la columna, junto a la médula, ya que le habían colocado dos placas con seis tornillos para separarle las vértebras y liberarle del dolor que tenía en una de las piernas. «Este hematoma me oprimió la médula y en lugar de meterme de nuevo a quirófano para quitarlo me dejaron así».

Julio José García ha quedado con importantes secuelas después de esta operación debido a la afectación medular. Sufre espasticidad severa (rigidez en los músculos) que le impide caminar con normalidad, aunque con el paso de los años y la rehabilitación puede levantarse con mucho trabajo y ayuda de un andador

Debido a la alteración del sistema nervioso tiene intestino y vejiga neurógena, por lo que no controla la orina y la defecación

«Me han hundido en la miseria, si lo llego a saber no me opero y me quedo cojo», señala muy afectado. Este vecino de Cartagena indica que «la simple idea de intentar salir de casa me genera una gran ansiedad, tengo que ir varias veces al baño antes para vaciar la vejiga y salgo con miedo, pensando si habrá algún baño cerca para no hacérmelo encima. Por ello salgo de casa lo menos posible, ya que me encuentro con mucha ansiedad y depresión».

Pese a su situación, Julio José no ha dejado de buscar alternativas.

Tras pasar los primeros tres meses en silla de ruedas hizo por su cuenta todas las gestiones para que el SMS lo derivara al Hospital de Parapléjicos de Toledo. En abril de 2016 llegó a la ciudad manchega y allí pasó dos meses completamente solo, ya que su mujer se quedó en Cartagena para atender el negocio familiar. «Teníamos que seguir comiendo», afirma.

«Presentamos la reclamación en junio de 2017 y casi cinco años después seguimos esperando»

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A su vuelta de Toledo le enviaron a rehabilitación al Rosell, «pero allí me dijeron que no iba a mejorar, por lo que me la estoy pagando de mi bolsillo, ya que yo sí que noto una pequeña mejoría». Y cada 4-5 meses acude al hospital cartagenero a que le pinchen botox para relajarle los músculos por la espasticidad.

Julio José García tiene claro que su caso es una negligencia sanitaria, por lo que se puso en manos del despacho García-Valcárcel y Cáceres para reclamar. «Me pagué un perito neurocirujano que vino de Barcelona y nos dijo que la demanda era viable, pero me encontré con otro problema y es que en esa fecha el Servicio Murciano de Salud no tenía seguro».

Presentó la reclamación al SMS en junio de 2017 con un informe pericial y «cinco años después aún estamos esperando a que resuelvan», explica. Cuando el plazo para hacerlo es de seis meses, según indica su abogado.

Al año de su operación Julio José y Paloma decidieron cerrar el local de hostelería que tenían en Cartagena, «ella se ha quedado en casa y se dedica a cuidarme, vamos malviviendo los dos con mi pensión de incapacidad».

Una incapacidad que sólo le reconocieron en un principio al 55 por ciento y que tras un informe del cirujano que le operó le subieron al cien por cien. «Quizá por la mala conciencia que tenía por lo que me había hecho hizo el informe diciendo la situación en la que había quedado, aunque eso vaya después en su contra», afirma este cartagenero.

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