Con gusto

El futuro del Psoe

05.10.2016 | 04:00
El futuro del Psoe

Pues pese al título de este comentario, no tengo ni idea, salgo a comprarme una baraja de Tarot. Los críticos de Pedro Sánchez hubiesen podido abstenerse por su cuenta, son suficientes y la conciencia está por encima de la disciplina de partido. Pero prefieren la maniobra, el puñal de los idus de marzo que llegaron por octubre, la zancadilla. Y quedar de disciplinados: es la voluntad de la mayoría ¿La mayoría de qué? De los que contamos, muchacho, no hagas tantas preguntas o llamo a la Susi y te lo explica. El espectáculo dado es de pena, aunque más ojeroso está el de Pontevedra que cada día tiene que fingir que no conoce al forajido que conducen al juzgado. Y llegan por docenas. Y ese quiere ser presidente. De los regantes, con perdón de los regantes.

Hay socialistas muy moderados, como los portugueses, que no parecen tener problemas graves. Incluso están en el Gobierno.

Pero los españoles (y catalanes), los franceses, los británicos, los norteamericanos, los italianos, por citar algunos, tienen muchos problemas: fugas de sentido y credibilidad. La militancia y muchos electores, la mayoría, quieren a Sanders o a Corbyn; los empleados de los monopolios, usuarios de las puertas giratorias y conferenciantes que venden la vacuidad de sus razones por el céntuplo de su peso (que es casi nada), prefieren ser del partido al que dicen combatir y del que son su complemento cada vez más obvio. Eso vale para Clinton y para el bobo de Hollande.

También para el PSC. Si compites en nacionalismo con Puigdemont, acabarás adoptando su peinado. No digas que no te avisé. Si tu crítica a la codicia santificada y sin límites consiste en casar mariquitas, encárgate también de su lista de bodas: realiza plenamente tu vocación. Claro que los social-liberales tienen sitio, siempre que se lo creen y, desde luego, habrán de buscar algo más que golpes de efecto.

Y no deben confundirse con los socialistas o socialdemócratas que, como su propio nombre indica, dan refugio al perseguido, no emprenden guerras sin cargarse de razón, no admiten ninguna desigualdad jurídica y se preguntan por las otras.

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