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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 24
    Octubre
    2015

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    Cine Murcia

    'Mi gran noche' - Oxígeno

    'Mi gran noche'  -  Oxígeno

     

    ¿Respirar? Eso es secundario. Esa parece la filosofía implacable que Álex de la Iglesia transmite en una carrera convertida en caos que alcanza con 'Mi gran noche' un punto de inflexión a través de la, supuesta, ligereza. En sus últimos trabajos, la crítica siempre era unánime: todo funciona a las mil maravillas hasta que se pierde el control, los fuegos artificiales explotan silenciando la coherencia y los gritos en el cielo parece que nunca terminarán de producirse. Es marca de la casa y, por si alguien aún tenía dudas, esta nochevieja alocada e irritante, sangrienta y desquiciada, dobla la apuesta y decide convertir sus 100 minutos en un clímax imparable. Desde el número musical que abre el show, el director pone las cartas sobre la mesa, no es tanto ir entrando en ese universo casposo y absurdo, te empujan a él. ¿Te has caído en la entrada? Se siente, te has perdido. Es lo que tiene la brutalidad.

    Porque todo en 'Mi gran noche' es muy bruto, muy salvaje. Sus intenciones están claras y no hay tiempo que perder. Si nos ponemos profundos, buscando reflexión en medio del festival, podemos entender la película como el reflejo más excesivo de nuestro país, España de cotillón navideño (en octubre) y protestas violentas al otro lado del cristal. Y si nos quedamos en lo básico, lo que nos queda es un entretenimiento irregular en el que los gags terminan fallando por acumulación. Ambas lecturas se pueden combinar, por supuesto, pero cualquier decisión como espectador se podrá tomar antes o después, nunca durante. Lo que comienza como un tiro, divertido, ácido, brillante en sus mejores momentos, termina lastrado por su propia intensidad, asfixiada por su propio ritmo. Aunque ahí están sus intérpretes para salvar los muebles.

    Un reparto numerosísimo en el que, a pesar de estar todos notables, sobresale la acertadísima autoparodia de Blanca Suárez, la incontestable vis cómica de Carlos Areces y un Jaime Ordóñez rozando el milagro de robar por completo una función tan coral. De hecho, si no termina de ocurrir, es porque sobresale la enorme figura de Raphael. Alma y razón de ser de la película, todos sus momentos son, de lejos, lo mejor de 'Mi gran noche'. Un gigante en medio de una película menor que, con todo, se las apaña para mantenerse a flote a pesar de que su oxígeno vaya disminuyendo progresivamente. Aunque respirar, aquí, se puede pasar por alto. 

     

     

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