La Opinión de Murcia

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La Feliz Gobernación

Ángel Montiel

El Tontódromo a lo bestia

El alcalde Serrano habrá aprendido una lección importante después de estar probando la medicina de las protestas ciudadanas que él alentó contra Ballesta cuando éste se atrevió a peatonalizar una sola calle

Vecinos de la calle Industria de Murcia se manifiestan ante la tala de árboles. L.O.

La entrada en política del actual alcalde de Murcia, el socialista José Antonio Serrano, cuando aspiraba al cargo se produjo con críticas severas al entonces vigente José Ballesta a causa de la peatonalización del Tontódromo, veta urbana central de la ciudad. El reproche contenía un doble motivo: de un lado, era la prueba de que el alcalde del PP priorizaba las inversiones en el casco con ignorancia de las pedanías; de otro, que los materiales con que se construía el paseo eran de alta calidad y, por tanto, caros.

Una vez Serrano en el poder tras la moción de censura, vemos que su proyecto consiste en multiplicar los espacios peatonales en el conjunto de la ciudad, triplicando las anchuras de las aceras, sin excepción de distrito o calle, y más le vale que lo esté haciendo con buenas losetas y mejor argamasa, no vaya a ser que se descuajaringuen pronto por el uso.

La capital, puesta patas arriba durante estos meses, y con proyectos para el futuro inmediato relativos a nuevos trazados del tranvía que tal vez en algunos tramos obligue a levantar de nuevo lo que más o menos pronto se inaugure, es en estas fechas un Tontódromo a lo bestia.

Y como ocurrió entonces, cuando Serrano criticaba las obras de Ballesta, son muchas las voces que se elevan por el caos en el tráfico urbano que provoca la provisionalidad de los trabajos, y en muchos casos también por el modelo diseñado por el Ayuntamiento, en el que los vecinos no han tenido ocasión, cauces ni mecanismos para participar, con el pretexto de que la inversión era urgentísima por imperativos de la financiación europea.

El colmo es que la reordenación urbana está obligando a la tala de muchos árboles, en lo que se ha bautizado como el arboricidio, una decisión sin duda incómoda para quienes, como el gobierno municipal, predican que la ‘nueva ciudad’ será medioambientalmente más sostenible; es más, que esta es la razón por la que se erradican los árboles.

Que sí, que todo es por nuestro bien, y que cuando concluyan las obras y estrenemos las grandes aceras nos parecerá perfecto a todos, daremos por bien empleados los sacrificios y molestias actuales y lo celebraremos como un avance, cosa que suele ocurrir siempre que se acometen proyectos de peatonalización en las ciudades.

Pero también el alcalde Serrano habrá aprendido una lección importante después de haber imitado a su antecesor del PP de manera gigantesca y de estar probando la medicina de las protestas ciudadanas que él alentó contra Ballesta cuando éste se atrevió a peatonalizar una sola calle.

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