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La Opinión de Murcia

Crítica

Llevaba tiempo queriendo hablar de 'Big bad wolves'

El film nos propone un infierno moral en una de esas películas en las que nos sorprendemos a nosotros mismos con una leve sonrisa en la boca al tiempo que nos vemos obligados a hacernos preguntas que nunca quisiéramos responder

Fotograma de la película 'Big bad wolves', disponible en Filmin. Filmin

Llevaba tiempo queriendo hablar de esta película, pero, honestamente, no encontraba el momento. Además, es un largometraje que se estrenó en 2013 y que, por tanto, es veneno para todos aquellos que buscan ‘actualidad’, que se supone que somos todos.

A nadie le interesa lo que sucedió hace once años, así que no digamos hace un siglo, de modo que no me extraña que la historia se repita.

Ahí tenemos una nueva guerra en el continente europeo para demostrarlo. Pero voy a procurar no dispersarme demasiado. Además, que yo sepa, solo me leen con regularidad dos amigos periodistas y una señora que una vez me paró por la calle y me dijo que me leía todas las semanas.

De modo que tampoco busco llamar la atención para la mayor cantidad de gente posible, porque lo he intentado alguna que otra vez y, que yo sepa, no ha servido de nada.

El film de les que hablo se titula Big bad wolves y es una producción israelí dirigida por Aharon Keshales y Navot Papushado, profesor y alumno, respectivamente, de la Universidad de Tel Aviv. Ambos se metieron en esto del cine para profanar la lógica interna de la industria en su país, de ahí que filmaran la que está considerada la primera película de terror israelí, Rabia asesina (Kalevet, 2010).

La cinta nos cuenta el topicazo de un grupo de jóvenes que salen de excursión al campo y se tropiezan con un psicópata asesino. Sin embargo, créanme, sin dejar de ser un slasher, aquí lo de menos es el ‘etiquetado’ como ‘asesino psicópata’. Es tremenda esta película.

Pero fue la película que vino después la que puso a Kasheles y Papushado en el mapa. Y les garantizo algo, no por ser cine israelí estamos hablando de una película espesa pensada para los intelectuales del cine y los que van de intelectuales del cine.

Rabia asesina se puede ver sin problemas, como sucedería con su siguiente película, Big bad wolves , de la que el mismísimo Quentin Tarantino dijo que era la mejor película del 2013. Y que Tarantino dijera eso fue razón más que suficiente para que el film de Kasheles y Papushado consiguiera distribución en un buen puñado de países y que de pronto muchos se interesaran por ella.

Big bad wolves , que se puede ver en Filmin, nos cuenta la historia de un detective tras la búsqueda de un truculento asesino de niñas. Y…, no les debería contar más, pero digamos que la cosa no va a consistir tanto en adivinar quién es el asesino, sino en el concepto moral del castigo. Y lo dejo aquí. Tengo que admitir que no me canso de ver Big bad wolves.

Es más, el otro día la volví a ver cuando acababa de ver la última película de uno de sus directores, Cóctel explosivo (2021) de Papushado (al parecer ambos cineastas han tomado caminos distintos tras haber invertido mucho tiempo en diferentes proyectos en común que nunca se llegaron a materializar), que, teniendo sus cosas, se queda a años luz de Big bad wolves .

Y, entonces, me pregunté por qué Cóctel explosivo, sin ser una mala película, parece un chiste malo al lado de Big bad wolves. Fue entonces cuando la volví a ver.

Eso sí, Big bad wolves es una película dura. Pero no por lo que vemos en ella, sino por la propuesta moral que nos plantea. El film de Kasheles y Papushado nos propone un infierno moral en una de esas películas en las que nos sorprendemos a nosotros mismos con una leve sonrisa en la boca al tiempo que nos vemos obligados a hacernos preguntas que nunca quisiéramos responder. Y menos aún plantear.

Y todo llevado con unas excelentes interpretaciones de unos actores israelíes que sí, es cierto, no conocemos, pero nos los creemos, y esto es lo realmente importante.

Además, Big bad wolves es una de esas películas que no por estar planteadas a fuego lento son cintas lentas. Quiero decir, no hay que prepararse como cuando uno se dispone a ver una película iraní subtitulada, porque en el fondo Big bad wolves es muy occidental.

Aunque, eso sí, llevada con un pulso que hacía tiempo no veía en una película y, que yo recuerde, no he vuelto a ver después. Cada plano de Big bad wolves parece hincarse en lo más hondo de la moral del espectador que, cuando menos lo tenía previsto, se tiene que hacer ciertas preguntas cuya respuesta no quiere conocer.

Como decía, estamos hablando de una película de hace más de diez años, de modo que imagino que habrá un buen puñado de personas a las que este artículo no les importe un bledo. Como no les importa nada que haya sucedido hoy mismo. No hay mayor tiranía que la actualidad, porque en el ahora no está la clave de lo que nos está pasando. Eso ténganlo claro.

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