Es tradición que a la Fuensanta se le pida agua, pero en septiembre, de cara a la Romería, cuando emprende el camino de vuelta a su santuario en la sierra. Sin embargo hoy, durante la misa huertana celebrada durante las primeras horas de la mañana, el obispo, José Manuel Lorca Planes, no dudó en pedir a la 'Virgencica' que regara nuestros campos en este tiempo de especial sequía. Una petición loable, compartida por la práctica totalidad de los vecinos del municipio, pero que obligó a más de uno -aprovechando que la ceremonia era al aire libre, en la Plaza de Belluga- a mirar al cielo con preocupación. Porque sí, Murcia quiere agua, pero también sol y aroma a azahar; primavera, en definitiva. Y más en un día como este, el del Bando, en el que la capital del Segura despliega y alardea de sus colores como un pavo real durante su cortejo. 

Pero la realidad es que cuando los murcianos han abierto este martes las ventadas de sus casas se han encontrado con un cielo gris y encapotado que no "auguraba nada bueno", como señalaba Antonio, un veterano huertano que paseaba con su familia por la Catedral. Cierto es que la previsión del tiempo no amparaba lluvias e incluso 'amenazaba' con temperaturas que rozarían los treinta grados, pero, durante las primeras horas del este Bando de la Huerta 2023, el mantón sobre los hombros y el chaleco no eran suficiente como para afrontar los intensos preparativos de una jornada que se antojaba maratoniana, pero que no entró en ebullición -como el mercurio- hasta el mediodía.

Antes de eso, y más allá del entorno de Belluga, en las calles y plazas de la ciudad se respiraba una calma tensa. Eran muchos los que caminaban con premura y cargados con bolsas y canastos en busca del mejor sitio en el que levantar su campamento. Mesas, sillas plegables, neveras portátiles y tuppers a discreción poblaban bancos, bordillos y escalones, pero también aguardaban su momento altavoces, manojos de flores y ramas de limonero, que advertían de que la de hoy no era una comida cualquiera. Eran las once de la mañana. Por otro lado, los locales del centro montaban sus barras donde antes había terrazas, y los camareros hacían inventario y ultimaban los preparativos para que todo estuviera listo cuando llegaran los primeros huertanicos. Así ocurrió en Pérez Casas y en la zona de las tascas, especialmente en la calle Enrique Villar, en el cruce con Puerta Nueva y Santo Cristo, junto a La Merced. Horas más tarde, aquella intersección sería el epicentro de la fiesta entre los más jóvenes.

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FOTOS | Ambientazo en la calles de Murcia durante el día del Bando Francisco Peñaranda

Ellos fueron, por cierto, los primeros en comenzar este largo almuerzo que se extenderá hasta altas horas de la noche; animados, entre otras cosas, por el sol. Porque sí, seguramente la Fuensanta atienda las peticiones de Lorca Planes -no sería la primera vez-, pero hoy no era el día de obligar a los murcianos a refugiarse del agua en bajos y soportales; si acaso, de hacerlo a la sombra de plátanos, naranjos y palmeras, pero para combatir el calor. De hecho, el fantasma de la lluvia tardó muy poco en disiparse, y menos mal, ya que como muchos recordaban en palabras para La Opinión, si algo tenía de especial este Bando era la ausencia total de "restricciones y miedos" por primera vez en varios años (la covid-19, todavía muy presente en la memoria de la gente, no estaba invitada a esta fiesta). "Aunque el año pasado ya pudimos celebrar, éramos quince personas, pero hoy somos sesenta y tantos apuntados, y alguno más se nos sumará a lo largo del día. Ya veremos cuántos acabamos", señalaba Estefanía, de la Peña Rollo y Piedra, establecida junto a las escaleras de la Iglesia de San Bartolomé, entre el Romea y Belluga.

La Peña Rollo y Piedra. Francisco Peñaranda Saura

Es en esa zona, en torno a carros cubiertos de cañizo y flores -el de Rollo y Piedra incluso portaba una gran hogaza de pan con la leyenda 'Bando 2023'-, es donde se han encontrado las diferentes peñas huertanas, siempre prestas a agasajar con cerveza y salchicha seca a quienes se acercaran a compartir este día con ellos; una opción nada desdeñable teniendo en cuenta que su misión para este 11 de abril no solo es disfrutar de la familia y los amigos, sino también hacer gala y defensa de la murcianía, de lo que significa ser de aquí y de sus tradiciones. De ahí que la propia Estefanía señalara, en tono jocoso, que en su mesa no querían "chicas de huertano" (con el traje típico de los hombres). "Yo le decía esta mañana a mis nenas -apuntaba María Victoria-: 'Vuestra tatarabuela vestía así para ir al campo, y hay que intentar respetar nuestras costumbres porque son parte de lo que somos'".

Sin embargo, conforme se atraviesa Platería y se abandona Santo Domingo, ya fuera en dirección a La Merced o las tascas, el traje típico de la mujer murciana se hace tan vistoso como difícil de encontrar. Entre los jóvenes -no es sorpresa para nadie-, impera la camisa blanca y el chaleco; y, a lo sumo, el fajín, el zaragüel y las esparteñas, aunque el clavel, ya sea en el pelo o en la solapa de la camisa, es desde hace unos años en estos círculos un complemento casi tan recurrido como las gafas de sol. Eso y la variedad de colores de las chaquetillas (azules, verdes, amarillos, rojos, rosas...) reforzaban el efecto de la eclosión de la primavera en parques como los de la Fama o el Jardín de las Tres Copas, los más frecuentados por adolescentes y universitarios; o, lo que es lo mismo, allí donde el "botelleo" es la norma y la música -dado el carácter 'improvisado' de estos macroencuentros- no la pone un DJ, sino un coche con las ventanillas bajadas o un peregrino tecladista devoto de la tecnorumba. Así es el Bando.

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FOTOS: Los 'huertanos' abarrotan las calles de Murcia Juan Carlos Caval

Otro punto de la ciudad especialmente recurrido en una jornada como la de hoy es la Plaza de las Flores, donde encontrar un hueco en el que apoyar el codo se antojaba este mediodía misión casi imposible. "Es uno de los días más fuertes del año", repetían los hosteleros, que apenas lograban atender la elevada demanda de los miles de murcianos que se han echado a la calle este año. De hecho, algunos como Carlos preferían buscar respiro en espacios menos transitados: "Nos retiramos ya del centro, por aquí hace rato que no se puede estar", apuntaba con una sonrisa. Parques como el del Fofó, La Seda o La Pólvora eran buenas opciones para vivir la fiesta en plenitud, pero sin agobios. Y eso que, en este último, la barraca de la Peña La Parra ha colgado -literalmente- el cartel de 'Completo'. Pero es que... ¿quién pensaba comer este 11 de abril en Murcia sin reserva? Menos mal que, al menos hoy, las calles de Murcia son de la gente, de su gente. Y que la Fuensanta respetó y se guardó (esperemos) la lluvia para septiembre.