La gente le empieza a llamar ‘el Eduardo Mendoza de nuestra Región’, y no es de extrañar, porque está teniendo un gran éxito con su novela Minuto 116, en la que incorpora un muy fino sentido del humor a una historia bien construida, bien narrada y con esa intriga en la que es un maestro. Hoy toca mi encuentro con el escritor Jesús Boluda del Toro, que estos días está enfrascado en su labor de Director de la Feria del Libro de Murcia, que, como me explica: «Para que esta feria salga adelante hay que estar trabajando todo el año». Es socio fundador de la Asociación PALIM y desde que Asensio Piqueras se nos fue, ha asumido la presidencia, con su gran capacidad de trabajo y su experiencia profesional en dirección de equipos

Jesús es un hombre de la periferia. Hemos quedado temprano en la capital del río Segura y tenemos que sortear el atasco de las horas punta en la autovía. Hoy se inaugura una exposición en homenaje a 20 escritores y escritoras de la Generación del 98, de la que es comisario, junto al grupo artístico Trazo 6, y se realiza la rueda de prensa de presentación de la Feria del Libro. Quedamos en la terraza de la cafetería de al lado, aprovechamos para desayunar y compruebo que el teléfono le echa chispas. Tiene un tobillo fastidiado y viene con una muleta que maneja con la destreza de un dandy que portara un coqueto bastón, y en otra silla descarga de su hombro la mochila que siempre le acompaña: «No me puedo desprender de mi bloc de notas, escribo por los rincones, en cualquier momento de espera me asaltan las musas…». Me cuenta que cuando su madre estaba hospitalizada y se quedaba a cuidarla, se le hacían las horas, escribiendo, muy cortas: «Yo creo que le debo a mi madre el haber empezado a escribir. Cuando era niño y le decía que me aburría, siempre me decía que me pusiera a leer o a escribir y se me pasaría el aburrimiento. Fíjate que luego, allí en el hospital, me decía: “hijo, déjate ya los libros que te va a dar algo en la cabeza”».

La familia de Boluda, lo ha investigado, es de Mula desde el año 1562, aunque él nació en Francia. En aquellos años de emigración para subsistir marcharon a Avignon en búsqueda de trabajo. Con los años, la familia volvió a Mula y allí sigue viviendo con su mujer y sus hijos. Me cuenta que tiene cuatro hermanos mayores a los que, siguiendo la tradición, pusieron los nombres de los abuelos, así que a él le tocó llamarse Jesús, en honor a El Niño de Mula: «Nombre que no me ha marcado para ser demasiado religioso, la verdad». Lo que sí me reconoce es que le hubiera gustado haber seguido estudiando, pero después del instituto se puso a trabajar, siempre en el ámbito comercial y siempre dirigiendo equipos. «Ahora, al cabo de los años, estoy estudiando Letras Hispánicas en la Universidad, la literatura siempre fue mi vocación y ya en el instituto gané mi certamen literario». Mientras redactaba estas líneas me mandó un mensaje, con la alegría de haber ganado, en los Premios Círculo Rojo 2023, el de Mejor Libro de Relatos con Hotel Dante, colección de El Quinto Libro, un magnífico blog literario del que es uno de los coordinadores.

Gran parte de la conversación se nos va hablando de la novela negra, su gran pasión, de los muchos relatos que ha escrito y de las varias novelas que tiene entre manos y que pronto irá publicando. Se detiene hablando de Fiebre y Martirio, un libro de relatos que publicó en el 2015; uno de ellos es una historia sobre el atentado a las torres gemelas. Es un magnífico narrador, se le nota en la conversación cuando me va contando los escritos que no he leído. Me cuenta también el proceso de su exitosa novela: «Le eché muchas horas mientras estaba en el hospital, con mi padre; de hecho, la historia me vino cuando escuché una conversación de dos enfermeros hablando de un hospitalizado que había muerto. Al principio, quería escribir una historia de suspense y misterio, pero luego empecé a descubrir que me estaba saliendo en clave de humor. Como terminé con el protagonista en la cárcel, los lectores aún me preguntan si lo voy a sacar de prisión y voy a hacer una continuación… Y no les digo que no, tal vez les dé una sorpresa».

Y me cuenta que está entusiasmado con esta edición de la Feria del Libro: «Esto lleva un trabajo inmenso, la gente no se lo imagina, pero como palos con gusto no duelen… Tenemos exposiciones, como esta de la Glorieta, en torno a las escritoras y escritores del 98, ha quedado espectacular y con un elenco de artistas de alto nivel en una sala maravillosa. Hay también un ciclo de Ciencia y Literatura, teatro en la calle y en el teatrillo Concha Lavella en la Universidad. Otros ciclos son con autores emergentes, con escritores locales y regionales, un ciclo llamado ‘Un café con…’, recitales, música tradicional, trovos, teatro costumbrista, actividades infantiles implicando a un montón de colegios y, por supuesto, los mejores escritores con sus últimas publicaciones, que atraerán a los lectores y firmarán sus obras al tiempo que mantienen esa necesaria conexión con el público en directo que, seguro, este año va a batir récords.

Terminamos hablando de sus otras pasiones y una es el cine: «Desde siempre el cine negro y en los últimos años también la filmografía de Berlanga o Azcona. Cada vez me interesa más el humor inteligente. Yo soy muy meticuloso, y responsable, pero no soy serio ni aburrido». Ante todo, me consta que en la feria no para, de acá para allá, trabaja al compás de cualquiera, como si no fuera el jefe y tiene claro que «nunca llueve al gusto de todos» y por eso procura no enfadarse. Si algo tiene claro es que «la cultura nos hará libres» y que «faltan libros y sobran pantallas y redes sociales». Al abrir su mochila descubro que lee prensa de otros países: «A veces, la verdad está ahí fuera y aquí nos la cuentan deformada con los espejos del esperpento nacional». Contagia buen rollo y sus ojos reflejan mil historias que sabes que te contará, como hacía Cervantes, de mesón en mesón, antes de ponerlas en El Quijote.