28 de enero de 2019
28.01.2019
La Opinión de Murcia
Entrevista
Cine

Siminiani: ''A veces, en el proceso ocurren cosas más interesantes que en la propia película''

''En 'Apuntes para una película de atracos' no tenía un plan más allá de hacer un relato sobre mi relación con el Flako''

28.01.2019 | 04:00
El Flako (con máscara) junto a Siminiani en un fotograma del filme.

Cineasta. Es, junto a Eva Llorach y Roque Baños, la esperanza 'murciana' –aunque cántabro de nacimiento, se crió cinematográficamente en la capital del Segura– en la próxima edición de los premios Goya, que se celebran este sábado. Lo es como director y guionista de Apuntes para una película de atracos, nominada a Mejor Documental.

Elías León Siminiani siempre soñó con hacer una película de atracos; y como los buscadores de oro del antiguo Oeste, un día encontró su filón: el 'Robin Hood de Vallecas' –según los medios–, el 'Flako', para los espectadores. Desde luego, la suya es una historia de película: de su padre heredó, primero, una destreza poco común para moverse por el subsuelo de Madrid y, segundo, tras la muerte de su progenitor, el liderazgo de una banda que cayó en 2013 tras una serie de golpes en sucursales bancarias a las que accedían por butrones realizados desde las alcantarillas. Sin embargo, el objetivo del realizador cántabro –formado cinematográficamente en Murcia– no era llevar al cine la vida de este rocambolesco personaje, sino aprender de él y así poder, en un futuro, afrontar su sueño en las mejores condiciones. El resultado es Apuntes para una película de atracos, una cinta que ha encandilado a la crítica –ahí está el Feroz logrado hace poco más de una semana– y que el próximo sábado aspira a lograr el Goya a la Mejor Película Documental.


¿Cómo está, Elías? ¡Vaya éxito está teniendo la película (Feroz incluido)!
Pues muy bien, la verdad. El Feroz digamos que es la culminación a la gran acogida que ha tenido la película por parte de la crítica desde que se estrenara en septiembre en San Sebastián. De hecho, yo creo que cintas así, de alguna manera, encuentran su espacio y su público en parte gracias a la prensa –que nos ha reconocido mucho en estos cuatro o cinco meses–, así que este premio de la Asociación de Informadores Cinematográficos es una especie de broche. Por lo tanto, muy contento y muy agradecido.

Y aún puede ponerle la guinda al pastel en los Goya. Igual me dice que el simple hecho de estar nominado ya es un premio, pero imagino que es imposible no fantasear...
¡Hombre, claro! Esta va a ser mi tercera vez en los Goya y, bueno, siempre se fantasea; primero con que te nominen y luego con ganar. Pero es un año duro... ¡Las cuatro películas son muy buenas! Lo que también te da una idea de cómo ha crecido el nivel del documental en nuestro país, incluido el de la atención de la Academia. Creo que tiene que ver con las plataformas de difusión que han ido apareciendo en los últimos tiempos y una serie de productos de no-ficción que han tenido un alcance muy mayoritario y que, poco a poco, van generando una cultura del documental cada vez más fuerte.

En este caso, su personaje de no-ficción es el Flako, el Robin Hood de Vallecas. ¿Cómo surge la idea de esta película-documental?
En realidad la propia película cuenta su proceso de desarrollo; es una de las particularidades de Apuntes para una película de atracos, igual que en Mapa. Pero bueno, en esencia tiene que ver con dos cosas: por un lado, la voluntad de explorar la psicología de un exatracador que está en prisión, y de tantos otros delincuentes que en un momento dado ocupan las noticias y los principales titulares y de los que solo sabemos un hecho concreto. En este sentido, me generaba una gran curiosidad saber qué hay detrás de algunas de estas personas y cómo llegaron hasta donde llegaron. Y, por otro lado, una fascinación personal desde hace mucho tiempo por las películas de cine negro y, particularmente, por las pelis de atracos; y, de hecho, su propio título ya te dice que la idea es documentarme para hacer en el futuro una película de estas características. Lo que ocurre es que a mí las que me interesan realmente son aquellas que encierran un proceso complejo, y la banda del Flako encajaba muy bien con los títulos que yo tenía como referencia: con un sistema de atracos complejo, muy analógico –casi de otra época–, que supone una ejecución muy analizada y premeditada. Me parecía un punto de partida muy interesante para mi película.

Un joven instruido por su padre en el arte del robo; una banda que queda descabezada tras la muerte de su líder y que entrega las riendas a su heredero; una serie de golpes perpetrados desde el subsuelo... La verdad es que parece de película. Casi parece raro que nadie haya hecho antes una película sobre el Flako...
Es que él es una persona completamente fuera del radar hasta que se le detiene; de hecho no tenía ningún antecedente penal. En su novela (Esa maldita pared), que acaba de presentar, amplía el relato biográfico de su experiencia, pero una de las cosas más fascinantes del Flako es que tenía una doble vida: él ha cotizado 15 años y ha tenido un montón de trabajos normales; sin embargo, paralelamente, era el cabecilla de una banda de atracadores. Y cuando yo fui a verle por primera vez a la cárcel apenas llevaba seis meses encerrado. Luego estuvo dos años y medio más en los que le visitaba con frecuencia, y en cuanto salió empezamos a rodar; digamos que habíamos adquirido un compromiso mutuo alto. Pero sí, es una historia que ha llamado la atención de otra gente. Hay una novela de Tomás Barbulo, La asamblea de los muertos, que arranca más o menos con la misma circunstancia que la del Flako. Él quedó fascinado, igual que yo, con esta historia. Pero bueno, yo confío en que Esa maldita pared, que está teniendo una gran acogida, pueda convertirse en el futuro en la base de una serie o película de atracos, porque el Flako tiene una capacidad innata para el relato y una memoria visual espectacular, y eso para los que nos dedicamos al audiovisual es una maravilla.

¿Y cómo logra contactar con él? ¿Cómo consigue que se preste a hacer su película?
Pues mira, cuando le detienen y le envían a prisión le meten en aislamiento. Además, el caso estaba bajo secreto de sumario, así que era muy difícil acceder a él. Pero, a través de una amiga periodista, llegué a tener contacto con el inspector de la brigada que lo detuvo, y gracias a ello pude conocer más en detalle el modus operandi de su banda. Enseguida me di cuenta de que era una historia muy interesante, y el policía me dijo: ''Tío, tienes que conocer a este tipo, al Flako. Es un chaval muy especial, no coincide con el perfil habitual que tenemos de atracador'', pero como estaba bajo secreto sumarial no me dio información de en qué cárcel estaba ni quién era su abogado ni nada por el estilo. Pero mira, yo que nunca he tenido dotes de investigador, al final conseguí encontrarle y le escribí a prisión. Al estar en aislamiento le retenían las cartas, pero a los dos meses me contestó, y un par de semanas después fui a verle, y a partir de ahí empecé a tener comunicaciones con él de forma más o menos asidua. Estaba en la cárcel de Estremera, e igual fui 20 ó 25 veces a verle, además de la correspondencia. Yo fui a ayudarle en su vocación literaria y él me dio un curso intensivo de atracos y butrones.

Y su implicación fue máxima.
Sí. La película está contada en dos tiempos: dentro y fuera de la cárcel, y la idea era que la película tuviese una estructura que revelase de la mejor manera posible cómo había sido nuestra relación y cómo él, poco a poco, va ocupando más espacio. Y él solo fue cambiando la película de forma inconsciente, también para mí; lo que el Flako tenía en la cabeza era más interesante que lo que yo había imaginado en origen. Y yo trabajo mucho desde la voz en off, así que en esa segunda mitad de la historia decidí entregarle la narración a él; eso hace que haya dos puntos de vista muy distintos.

¿Cómo se lleva aquello de empatizar –al menos da la sensación de que así ha sido– con un..., bueno, un criminal?
De hecho, yo creo que genera bastante empatía, no un poco. Pero sí, claro, esa es la parte más delicada. La película intenta mantener un equilibrio adecuado. Como te digo, yo lo que sí quería es que la cinta reflejase de la manera más fidedigna posible cómo ha sido nuestra relación, pero también quería preservar esa otra mirada más distante u objetiva, así que para eso intenté mantener el contacto con el policía. Durante cinco años he hablado con los dos, y a ambos les decía que no les iba a contar lo que el otro me había dicho; y como me habían dicho que no podía desvelar su identidad, ni sus rostros, pues... En fin, no sé si lo refleja o no, pero las confrontaciones que le hago en un momento dado tienen que ver con tratar de mantener ese punto equidistante.

Por lo que cuenta –y esto es algo que los críticos han destacado muy positivamente–, se ha dejado llevar bastante por él. ¿No había hoja de ruta durante la realización de Apuntes para una película de atracos?
Bueno, esto ya me pasó con mi primera película. No es que no haya una hoja de ruta, sino que el plan es hacer la crónica de un proceso vital; y hacerla a posteriori, porque es muy difícil encajar todo según van pasando las cosas. Lo que yo me planteo a la hora de hacer Apuntes para una película de atracos es que lo que suceda durante el proceso de desarrollo del filme será lo que dicte los puntos de giro del guion; y lo que necesito para encajar todo eso es tiempo. Hay un momento, por ejemplo, en estos cinco años, en el que su mujer le pone un ultimátum: tiene que elegir entre la película y ella, que no estaba muy convencida con este proyecto... Así que, llegados a este punto, yo me retiro y me pongo a trabajar en otras cosas. En un proceso normal aquello hubiera sido una crisis absoluta: después de dos años y pico, me quedo sin el protagonista; pero ya en Mapa me habían sucedido cosas parecidas, y yo siempre confío en que, con el tiempo,voy a conseguir darle la vuelta o salir por algún lado. Y, efectivamente, diez meses o un año después me escribió y me dijo que me echaba de menos y que quería retomar la película. Fue un poco antes de que saliera de la cárcel, y en cuanto estuvo en la calle empezamos a grabar de forma clandestina, sin que su mujer lo supiera. Y yo todo esto lo incluyo en la película. Yo no tengo un plan, más allá de hacer un relato del proceso vital. Pero bueno, eso en este caso, ya que no siempre hago películas así porque tienen un coste alto a nivel personal, de tiempo y energía.

Sí, pero tampoco es la primera vez: ya en Mapa, como señalaba, hacía algo parecido. ¿Por qué esa fijación en el metacine?
Más que por el metacine, a mí siempre me han interesado los procesos creativos. Desde que empecé en Murcia en el cineclub universitario, y luego en la Filmoteca, recuerdo que mis memorias cinéfilas más tempranas tienen relación con ver pelis y leer biografías de directores; así que desde muy joven me interesaron mucho los procesos. Y poco a poco fui sintiendo que en esos procesos pasaban cosas a veces más interesantes que las propias películas. Es una ruta en la que estoy inmerso ahora mismo, pero ya te digo que he explorado otras muchas.

Por cierto, en el filme también hay una reflexión sobre la paternidad. Lo de Ainhoa y su hija, ¿estaba previsto?
No estaba prevista, no. Como decías, yo llevo en esta línea desde hace años, trabajando con mi propia vida como materia prima, dentro de una corriente del documental que es el diario fílmico; pero en este caso no era esa la intención. Lo que pasó fue que, cuando empecé a conocer al Flako –y te recuerdo que mi idea es que la película fuese un reflejo de nuestra relación–, la paternidad fue un tema nuclear. El día que lo detuvieron su mujer dio a luz, y justo cuando yo le conocí mi mujer se quedó embarazada; y él me preguntaba cómo estaba Ainhoa, cómo se iba a llamar la niña... y, en última instancia, reflejaba su frustración por estar en prisión y no poder hacer de padre. De hecho, creo que más que la película o su novela, su principal vía de resarcimiento es su voluntad férrea de no volver a separarse de su hijo; así que era un tema central en esos tres años en prisión y el que pasamos juntos cuando él ya estaba fuera. Hemos hablado de libros, de atracos y de paternidad, básicamente. Entonces, cuando su mujer le dio ese ultimátum del que te hablaba, me quedé sin él, sin la posibilidad de filmar a su hijo y sin la posibilidad de filmar a su compañera, así que le propuse a Ainhoa –que ya había salido en Mapa– incluir nuestra paternidad como un espejo para la suya.

Por último, ha dicho en alguna ocasión que su sueño siempre ha sido hacer una película de atracos. Dado que éste no es un filme de atracos al uso, y por alguna otra cosa que me ha dicho, ¿podemos decir que todavía tiene una cuenta pendiente con este subgénero?
Por supuesto. Es más, creo que ahora estoy en mejores condiciones para rodar una película de atracos. No tiene por qué ser la siguiente, pero espero poder hacerla algún día. Y espero poder hacerla con el Flako, y Esa maldita pared puede ser la base. Él porta dentro de sí una sabiduría de personajes que, para levantar un proyecto de atracos, una película castiza y realista, es una joya, y espero que podamos darle salida algún día y que él también tenga su rédito y su satisfacción por poder contar esa historia.

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