Espacio Abierto

Otro 15M contra la corrupción

20.05.2017 | 00:03

Para que los fiscales que luchan contra la corrupción sepan que no están solos en su tarea. Para que los fiscales que tapan la corrupción sientan también nuestro aliento en el cogote. Para que los ministros reprobados se pongan un poco 'coloraos'. Para que los ex-presidentes que nos sobrevuelan en helicóptero no olviden, en las alturas, que el pueblo es el que más ordena. Para amargarle un poco más la vejez al cazador de elefantes y el caviar a la yogui pandy. Para que los viejos partidos de la corrupción no salgan de la UCI. Para que los nuevos no olviden de dónde vienen.

El 15M supuso, hace casi 6 años, un sonoro bofetón a la impunidad y al pillaje. Democracia real, separación de poderes, regeneración política... En las plazas de más de 50 ciudades retumbó durante semanas un único clamor. Fueron cientos de miles los que aquellos días tomaron las calles y las plazas. Muchos millones más (3 de cada 4) apoyaban desde casa nuestras reivindicaciones. Lo teníamos todo: juventud, ideas, un apoyo masivo y poco o nada que perder. No éramos más que carne de cañón condenada a la precariedad o la emigración. Y de repente, ganamos una patria por la que luchar, el futuro que se habían empeñado en negarnos, una ventana de oportunidad.

La ventana sigue entreabierta. Basta con encender el televisor para comprobar que las causas de tanta indignación no han prescrito. En 2011 ya desfilaban por los telediarios los principales casos de corrupción con los que llevamos desayunando, comiendo y cenando una eternidad. Gürtel, EREs falsos, Palma, Nóos. Umbra, Biblioteca, Tótem, Limusa... si nos circunscribimos solo a nuestra Región. A las causas del pasado se van sumando otras nuevas: Lezo, Ático, Auditorio, Púnica... un goteo incesante que amenaza con convertir estos años en una nueva década ominosa, la de la corrupción. El 15 de Marzo de 2021 seguiremos hablando de los González, Granados, Rato y Blesa, de Cámara y del breve PAS.

Si la situación estructural sigue siendo la misma, ¿por qué no habría de volver la indignación? Sé muy bien que algunos han querido convertir al 15M en una especie de movimiento o moda cultural, que se disipará como un ambientador barato en este retrete hediondo de la España de la corrupción. Ya lo intentaron con el mayo francés. El rostro decidido de los obreros de la Renault y la Sud Aviation nos cuenta sin embargo una historia bien distinta que se niega a echarse a un lado y desaparecer.

El 15M, dicen los todólogos, nos enseñó a reapropiarnos del espacio público, a reivindicar la calle y la plaza como lugar de encuentro e intercambio. Y sin embargo, no hemos llegado hasta aquí para contentarnos con bailar lindy hop en la plaza del Romea una noche como la de aquel Mayo. Va a ser que no. Los últimos rebeldes no serán los rebeldes del swing. El 15M nos habría demostrado también el poder de las redes como herramienta de movilización, discusión y toma de decisiones colectivas. Y sin embargo, me niego a creer que, después de la tormenta, se abrieron los cielos y toda nuestra indignación fue canalizada por esa bazofia del change.org.

No es verdad que el 15M fuera un movimiento sin rumbo. Nadie sujetaba el timón, pero la brújula que nos marcaba la dirección es la misma que ha guiado a tantos pueblos en su lucha contra la dictadura de las élites y la corrupción. Separación de poderes ('democracia real'), igualdad ante la ley y fin de la impunidad ('¡no hay pan para tanto chorizo!'), defensa de las libertades individuales ('si nos tocan a una nos tocan a todas'), ciudadanía efectiva, porque sin Estado del bienestar se convierten en papel mojado todos y cada uno de los derechos reconocidos por la Constitución... No hacía falta, como bien decía Carlos Fernández Liria, volver a inventar la pólvora. El credo del 15M se llamaba defensa del Estado de derecho y su ideología, apartidista, pero no por ello menos ideología, se remonta a los orígenes de las civilizaciones mediterráneas que nos han acunado los últimos 25 siglos.

El republicanismo cívico puede cambiar de forma y de escenario, pero sus postulados son inconfundibles y nunca pasa de moda. En los últimos 2.500 años no ha habido ninguno en que no se haya hecho sentir en alguna parte su grito de guerra: ¡que viva la libertad y que caigan los tiranos!

Para que nuestros tiranos sientan sobre su cabeza la espada de Damocles. Para que nadie en ningún ático marbellí pueda vivir ya tranquilo por encima de la ley mientras cuenta billetes. Para que alguien dimita de vez en cuando. Para que los auditorios sin terminar se conviertan en ágoras. Otro 15M. Pronto. Ya.

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