Estelas en la mar

¿Qué fue del ´Agua para todos´?

26.03.2014 | 04:00

«¿Acaso han mejorado las condiciones en materia de agua para que el PP haya desactivado esta reivindicación que consideró histórica y vital para la región? A la vista está que no, que incluso han empeorado con el reciente memorándum del trasvase Tajo-Segura»

Las campañas político-propagandísticas son como los paraguas: se abren y se cierran según conviene. Se pueden activar, por ejemplo, cuando mandan ´los otros´, y liquidar cuando lo hacen los propios.

En los años en que mandaban ´los otros´, de 2004 a 2012, el PP regional orquestó la campaña publicitaria más exitosa de la reciente historia de la Región de Murcia. La del Agua para Todos. Llenó de pancartas los balcones de todos los Ayuntamientos en los que gobernaba, cubrió con este lema las fachadas de los edificios públicos de la Comunidad e inundó de publicidad los medios de comunicación. Publicó, además, a diario, el número de metros cúbicos de agua vertidos por el Ebro al mar. Mostró fotografías de campos sedientos que hacían inaplazable el trasvase. Y, por supuesto, condicionó el desarrollo turístico a la llegada del agua excedente de esa cuenca.

El mensaje, como no podía ser de otro modo, caló en la población. El agua ha sido un bien escaso en estas tierras, siempre maltratada por el déficit hídrico que padecemos. Entretanto, el PSOE nacional acababa de derogar el trasvase del Ebro de Aznar, aprobado en 2001, pero del que sólo se puso la primera piedra en los últimos días de la legislatura. A los socialistas murcianos les tocó entonces defender el Programa AGUA, impuesto por Zapatero y basado en las desaladoras, en el que nunca creyeron. Tuvieron que tragar sapos y culebras. Pero así es la geopolítica. El potente Partido Socialista Aragonés se había llevado, nunca mejor dicho, el gato al agua. De este bofetón histórico aún no se ha repuesto el PSOE murciano. A sus interminables rencillas internas, a sus ajustes de cuentas públicos, se añadía esta ´puntilla´ que todavía lo mantiene en estado casi comatoso.

El victimismo hídrico, en cambio, fue la tabla de salvación para el PP. Contribuyó „y de qué manera„ a proporcionarle jugosos réditos electorales, en forma de mayorías absolutas, que lo asentaron definitivamente en el poder regional y lo hicieron dueño y señor del cortijo.

Hasta que en 2012 cambiaron las tornas. Con la victoria de Rajoy, a la derecha murciana no le quedó más remedio que reinventarse. El programa electoral de los conservadores no incluía explícitamente el trasvase del Ebro y tuvo que cerrar el paraguas. Las pancartas fueron desapareciendo de los balcones y fachadas de los edificios públicos o privados, como si se volatilizaran. Los anuncios publicitarios se esfumaron de los medios. El trasvase del Ebro empezó a dejar de ser noticia. Sólo se mantuvo durante un tiempo „porque ahora ya ni eso„ la retórica vacua. La del consejero de Agricultura Cerdá, por ejemplo, a quien se le llenaba la boca diciendo que si el PP volvía a gobernar España y no recuperaba el proyecto, él dimitiría.

¿Acaso han mejorado las condiciones en materia de agua para que el PP haya desactivado esta reivindicación que consideró histórica y vital para la región? A la vista está que no, que incluso han empeorado con el reciente memorándum del trasvase Tajo-Segura. Elevar a cuatrocientos hectómetros las reservas del Tajo para autorizar los trasvases puede suponer, de hecho, la ruina de muchos regadíos murcianos en los años de sequía.

¿Cabe pensar entonces que el frente del ´agua para todos´ que alimentó, agitó y abanderó el PP murciano en la guerra hídrica contra el Gobierno socialista no fuera otra cosa que un arma política en la lucha por el poder? Como en todo, cada uno tendrá su respuesta.

Coincidiendo con esta desmovilización popular, asistimos perplejos al sainete que nos ofreció hace unos días la Junta de Hacendados de Murcia. La cúpula, presidida por Sigifredo Hernández, quiere hacer negocio vendiendo a otras comunidades doce millones de metros cúbicos de agua ´sobrante´ de la huerta murciana.

¡Qué lejos empieza a quedar aquel clamor por el trasvase del Ebro! Pero, si tan necesario era antes, ¿por qué no se necesita ahora? Si antes el futuro de la región dependía de él, ¿por qué no depende ahora? ¿Qué ha cambiado que justifique este bandazo, aparte del signo político del Gobierno?

Por cierto, ¿qué dice de todo esto Alberto Garre, futuro presidente de la Comunidad, que lleva años y años al frente de la Comisión de Agua del Partido Popular?

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