Policía Nacional

"En Murcia no hay bandas de menas: el 99% de los menores detenidos son españoles"

"Son arbolitos: si se nos tuercen, los podemos intentar enderezar y mañana tener un ciudadano excelente"

El jefe del Grume en Murcia, durante la entrevista con La Opinión en El Carmen.

El jefe del Grume en Murcia, durante la entrevista con La Opinión en El Carmen. / ISRAEL SANCHEZ

Ana Lucas

Ana Lucas

Hace unos días, la Policía cesaba al jefe de una comisaría de Valencia que, en unas jornadas, soltó que «la práctica totalidad de la delincuencia de la calle es de inmigrantes ilegales» y que «en las pateras todos te confiesan ser delincuentes y expresidiarios». A este respecto, Juan José Vivancos, jefe del Grupo de Menores en Murcia, subraya que en la Región «no hay grupos de menas» y que «para detener a un mena (menor extranjero no acompañado), he detenido a cinco nacionales», ya que «en Murcia no hay delincuencia de extranjeros». «El 99% de los delincuentes menores de edad son españoles», resalta al respecto el responsable del Grume.

Los adolescentes que acaban detenidos «son a veces chulescos», admite el inspector, a lo que añade que en su grupo «tenemos sensibilidad». «No le vas a responder, intentas que no te importune en tus diligencias y ya está. He estado en la Unidad de Intervención Policial (UIP) y tengo un nivel de paciencia muy alto», manifiesta el policía en la entrevista. 

Vivancos cree que «todos los niños pueden ser recuperables», hayan hecho lo que hayan hecho, «pero no hay los suficiente recursos» para ayudarlos. Sobre si se pueden reinsertar en sociedad, aunque hayan violado o matado, el jefe sostiene: «Yo creo que sí, en principio, salvo que tenga un problema mental, eso otra cosa. Si es por valores, se pueden cambiar»

El jefe del Grume, con miembros de su equipo en las dependencias del Carmen, en Murcia.

El jefe del Grume, con miembros de su equipo en las dependencias del Carmen, en Murcia. / ISRAEL SANCHEZ

Los menores, desde su punto de vista, «son arbolitos: si se nos tuercen, los podemos intentar enderezar. Y seguro que lo enderezamos», asegura. 

A su juicio, un adolescente puede delinquir en un momento en que «no ha tenido suficiente apoyo, por las circunstancias; pero, si se le ayuda, el día de mañana puedes tener un ciudadano excelente, no un delincuente».

En el Grume pueden recibir unos días una decena de denuncias, otros días cinco y otros días una, y «ninguna cae en saco roto», manifiesta el inspector. A cada caso «yo tengo que darle una salida, aunque me redirija a trabajadores sociales».

"Necesitan ayuda"

«Si hay una chica que se comporta muy mal en casa, a lo mejor no es motivo para detenerla, pero esa chica necesita ayuda», tiene claro el jefe del Grume, que valora el trabajo de la Fiscalía de Menores, de la Comunidad Autónoma y de organizaciones humanitarias que «echan una mano» por el bien del menor.

Se practican de media «dos o tres detenciones de menores a la semana» y se procura que sean «siempre por la mañana», ya que entonces está en marcha «la Fiscalía, con su equipo técnico y sus psicólogos», por lo que «en unas horas, desde que lo detenemos, el menor ya va a los juzgados». Otra cosa es que «sea de noche y se le sorprenda, por ejemplo, en un atraco: ese sí ingresa en el calabozo». En una celda especial, él solo y separado de los adultos

En el Grume «trabajamos de paisano, no usamos un lenguaje rudo ni hacemos exhibición de armas», manifiesta Vivancos, que apunta que «con un mayor tienes 72 horas» desde que se le detiene para ponerlo a disposición judicial, pero «con menores solo, 24 horas. Y con un auténtico instructor, un auténtico investigador, que es el fiscal».

Siete de cada 10 desaparecidos se escapan

En cuanto a desaparecidos menores de edad, Vivancos explica que «casi el 70% de las denuncias que se presentan son por chicos que se escapan de los centros» en los que han sido internados y que «están de paso» no solo en la Región, sino también en España. 

Sus familiares están lejos, muchas veces incluso en otro continente, y ellos emprenden un periplo por España, de centro en centro. Estas desapariciones se desactivan pronto, a la vez que se activan en otra provincia.

«Me causan más inquietud los desaparecidos, porque puedo evitar que sean víctima de un delito"

Por ejemplo, un menor «llega a Almería en patera, lo meten a un centro y se escapa. La unidad de Almería se encarga de investigarlo, pero llega un momento en que le salta la alerta desactivada, porque se ha presentado en una comisaría está en un centro de Murcia, donde llega, se ducha… ha sido reintegrado. Al tiempo, se escapa, y se activa la desaparición en Murcia. Alicante, Valencia… ves cómo sube hacia el norte, porque va a Francia», desgrana el inspector de Policía Nacional. 

«Las desapariciones me quitan más el sueño», admite el jefe del Grume en Murcia, que precisa que «me causan más inquietud los desaparecidos, porque puedo evitar que sean víctima de un delito». Por ejemplo, «si un oportunista que ve a un chico en un parque y le dice ‘vente conmigo’».

No obstante, «también tenemos desapariciones de domicilios: una, en confinamiento, nos trajo de cabeza», rememora. La gran mayoría de estas ausencias son voluntarias.

"Podría ser un psicópata"

El jefe del Grume tiene como prioridad «la asistencia a las víctimas», de ahí que apueste por «tomarles declaración las menos veces posibles», ya que «son menores, no tienen madurez» y ha de evitarse que queden «marcadas por el sistema». Por eso sus casos hay veces que ni los propios policías de otros unidades pueden consultar.

En cuanto a la actitud de los adolescentes en dependencias policiales, «hay de todo: desde negarlo todo a llorar. Sobre todo porque les tomamos declaración con los padres: los han defraudado y los tienen delante».

Vivancos recuerda especialmente la actitud de «un crío al que detuvimos, que había abusado sexualmente de unos vecinos: vi que algo le pasaba, porque no se inmutaba». «Sus ojos eran inexpresivos, me dio miedo. Pensé que necesitaba que un especialista lo mirase, podría ser un psicópata o un futuro agresor sexual de adulto», comenta el inspector, que insiste en que «le estábamos acusando de varios abusos sexuales y mantenía la mirada fría. Me impresionó, por su edad».