El Grupo de Homicidios y Atracos de la Policía Nacional investiga si un vuelco de droga está detrás del episodio vivido en Molina de Segura en el que se mezclan tiros, marihuana y una casa llena de sangre cuyos moradores habituales se han esfumado.

Desde el cuerpo confirman que el caso está investigándose y que, por el momento, no se han efectuado detenciones. Los profesionales del grupo se ocupan del asunto y, según precisan fuentes cercanas, buscan tanto en la Región como en la vecina provincia de Alicante pistas que lleven a esclarecer qué pasó, cuando se cumplen quince días del suceso, en la zona de La Albarda, muy cercana a la población de El Fenazar.

Tras recibir un aviso de que se estaba produciendo un tiroteo, (después de que vecinos de la zona apuntasen que estaban escuchando disparos), al lugar se movilizaron agentes tanto de la Policía Local como de la Nacional, que, al llegar, encontraron una casa enteramente revuelta. «Estaba llena de sangre», aseguran fuentes próximas al caso. Tanto, que los investigadores llegaron a pensar que podría haber una persona malherida. O muerta.

Además de la sangre, en el interior del lugar había dinero en metálico (en moneda extranjera), munición y plantas de marihuana. Las mismas fuentes apuntan que en el lugar residían unas personas, conocidas de los Cuerpos de Seguridad, sospechosas de trapichear con estupefacientes, a las cuales se les ha perdido la pista, y cuya localización es clave para determinar qué pasó.

Encuentran plantas de marihuana, dinero en metálico y dos coches: en uno de ellos había un chaleco antibalas

En la puerta de la vivienda, dos coches, uno de los cuales tenía en su interior algo que resultaba llamativo: un chaleco antibalas. La Policía retiró los automóviles y examinó su interior, en busca de indicios que puedan facilitar la identificación de las personas participantes en el episodio. 

La gran mayoría de los vuelcos (los robos de droga entre narcos) solo llegan a la Policía cuando se produce un acto violento de por medio y alguien necesita asistencia sanitaria urgente. Si no, las propias víctimas silencian lo vivido: de lo contrario, tendrían que reconocer, al poner la correspondiente denuncia, que ellos estaban traficando con sustancias.