“Llamé a José Antonio López García, de la Carnicería José, y le dije que me asara un buen pavo, pero que me dejara la cabeza y las plumas. Cuando entré en la carrera de Nerón mordía el cuello del pavo blanco y ‘aquellos’ se ponían malos. No los miré. Nerón sólo lo hace de reojo. Ese es el mejor desprecio que se les puede hacer”, cuenta Juan Meca Soto recordando la primera vez que encarnó al emperador del Imperio romano Nerón Claudio César Augusto Germánico.

Recrear a este emblemático personaje del Paso Azul era un sueño que pocos conocían, entre ellos, su hija Noemí. “Me daba por satisfecho. Había tocado techo cumpliendo la ilusión que tenía desde pequeño de ir debajo del trono de la Virgen de los Dolores. Y recrear a Nerón fue toda una sorpresa. Sin saberlo mi hija se lo había planteado al presidente y éste me dijo: ‘Prepárate que vas a ser Nerón’. Es lo máximo a lo que puede uno aspirar en el Paso Azul, porque se trata –después de las imágenes religiosas- de la figura más emblemática”.

Tras la sorpresa decidió prepararse el papel a conciencia. “Me compré la película ‘Quo Vadis’ en la que Peter Ustinov hace el papel de Nerón de forma magnífica. [De hecho, el actor fue candidato al Óscar por su interpretación en la película, nominada a ocho estatuillas]. La vi mil veces con el fin de copiar sus gestos. La verdad es que disfruté mucho preparándolo y, por supuesto, en carrera, donde procuré darlo todo”.

Junto a él, de Seneca, estaba Enrique Olcina Juliá. “Ese año nos echaron de todo. En el carro de Nerón cuando regresaba a la nave te podías encontrar desde latas de refrescos a vasos de cristal y hasta una llave inglesa, que alguien se dejaría olvidada, por decir algo. Aunque lo habitual eran habas y algún resto de bocadillo de la merienda. Aquel año, 2009, no sabemos qué sucedió, pero todo cambió y a partir de ahí se respeta mucho más la carroza de Nerón”.

Y volvería a representar al emperador romano en 2018. “Recuerdo que era agosto. Estábamos en casa de Ángel Olcina, en Purias, bañándonos en la piscina. Y me dijo que iba a ser el próximo Nerón. Levantó el teléfono y llamó al presidente José María Miñarro y le dijo: ‘José María, que Juan Meca quiere ser Nerón el próximo año’. José María nos tomaría por locos, porque llamarle un domingo de agosto a las cuatro de la tarde… Su respuesta fue, ‘pues vale’. Y así fue como la siguiente Semana Santa volví a ser Nerón”. Ese año Nerón estrenaba túnica y el director artístico del Paso Azul, Miguel García Peñarrubia, le regalaba las sandalias que él mismo le decoró, cuenta Juan Meca.

Pero mucho antes de ser Nerón fue portapasos de la Santísima Virgen de los Dolores. “El año que el trono deja de ir a ruedas y lo hace en andas fui debajo del varal. Lo hice tres años seguidos. Al cuarto, tuve un problema de rodilla y fue cuando encarné a Nerón”. Tradicionalmente su familia, los Meca, han ido debajo del trono de la Dolorosa. “Mi padre, Alejo, conducía el trono y, a los lados, iban mis tíos Carmelo y Luis. Lo hizo desde 1942 a 1980. El año que lo deja, yo ocupé su sitio hasta que en 2006 el trono comienza a salir en andas”.

Su abuela era Carmen a la que todos conocían como la ‘Maestra’. “Cosía los mantos, pero también toda la ropa que se deterioraba de los personajes que salían en carrera. Antes no era como ahora. Los ‘puntos’ se zurcían cuando tenían un agujero. Estaba todo el día cosiendo en el Paso”. Sus hijos, tres hombres y una mujer, todos azules, se casaban con blancos, y nacían 18 nietos todos azules. “Es que la ‘Maestra’ mandaba mucho. El Viernes de Dolores nos ponía a todos un madroño azul que hacía de lana. Y como ella estaba muy metida en el Paso Azul salíamos de palafreneros, con los estandartes… Pero nunca de personajes en las carrozas, siempre de secundarios o bajo el trono de la Virgen”.

La última en conducir el trono de la Virgen de los Dolores fue su hija Noemí. “Cuando íbamos a entrar en carrera le dejé que lo llevara ella. Se llevó un gran disgusto cuando se enteró que a partir de ahí iría en andas, porque quería seguir la tradición familiar. Debajo del trono de la Virgen de los Dolores y a uno y otro lado, siempre ha habido un Meca”.

Y como anécdota relata que, en una ocasión, debajo del trono del Cristo de la Buena Muerte, cuando aún iba a ruedas, todas eran mujeres. “Y todas Meca. Estaban Ana Patricia, Ana Olga, Rocío y Verónica. Y conducía, Lola Gutiérrez. Podían haber continuado, pero el trono se convirtió en andas y se suprimió los conductores y sus acompañantes”.

Volviendo al personaje de Nerón tiene sus favoritos de todos los que lo han representado. “Para mí, el mejor fue Juan ‘El Cano’, que lo hizo muchos años, creo que nueve. Es de los mejores, junto a Emiliano Rojo. Tuve la oportunidad de verlo muchas veces. Lo hacía fantásticamente bien. Veía poco, era miope, con lo que llevaba uno de sus ojos entreabierto. La verdad es que era un Nerón increíble”.

Del Paso Azul asegura tajante que le ha dado lo que quería. “El mayor honor es haber podido llevar durante tantos años el trono de la Virgen de los Dolores. Me hubiera gustado dejar el testigo a la siguiente generación, pero no fue posible por el cambio de ruedas a hombros, pero ahora lo hacemos bajo el varal”. Y relata que de pequeño tenía por vecinos al Presidente de Honor, Cristóbal Alcolea Paredes. “Él, decía que algún día sería presidente, como también lo afirmaba Juan Carlos Peñarrubia Agius. Yo siempre quise ser Nerón. También porque en aquel entonces difícilmente podías aspirar a ser presidente”.

Es categórico cuando le preguntan qué es. “Siempre digo lo mismo, yo soy rojo, republicano y de la Virgen de los Dolores. Salgo con las dalmáticas acompañando al Cristo de la Buena Muerte. Alguno cuando desfilo por la carrera me pregunta, voz en grito, que qué hago vestido de monaguillo. Yo le respondo que, eso me pregunto. Lo hago por la devoción tan grande que tengo por la Virgen de los Dolores. Es un sentimiento profundo que me lleva a no poder evitar visitarla cada vez que paso por la calle Nogalte. No puedo pasar por allí sin plantarme frente a ella”.

Es uno de los privilegiados que se encargan de entronizar a la Dolorosa. “Lo hacemos desde hace un cuarto de siglo. Bajamos a la Virgen de la hornacina de su retablo, las mujeres la visten y la colocamos en el trono. Lo hacemos José Antonio López García, Andrés Sánchez Manzanares, Ángel Ponce, Alfonso José Segura Artero y yo. Y Cristóbal Segura, cuando ya está en el trono le pone la corona. Es una responsabilidad muy grande, pero también un auténtico honor. No todo el mundo puede tener a la Virgen de los Dolores entre sus brazos”, relata con emoción.

Ejerció también de mayordomo de palco. “Pero poco tiempo, cuando las niñas eran aún muy pequeñas”. La marcha de los mayordomos de uno y otro color ha llevado a que el palco ya no sea lo que era. “Ha perdido fuerza, calor, pañuelos… intensidad. El incremento en el número de personajes en el cortejo y los tronos en andas, ha bajado a muchos mayordomos de los palcos a la arena. Cuando iba en la carroza de Nerón se sentía esa falta. Los espectadores están sentados mirando con sorpresa lo que sucede. La mayoría son visitantes y turistas. Faltan los lorquinos de toda la vida pegándose gritos. Es un tema que hay que tener muy en cuenta, porque el espectáculo no era solo en la arena, sino también en el graderío”, significa.

Cuenta los días para que llegue el Viernes de Dolores. “Es el día más grande que tenemos los azules. Comienza la víspera en la madrugada azul con la Serenata a la Virgen de los Dolores. Y continúa con la misa y la procesión. No me pierdo nunca la salida de la Virgen. La veo desde la entrada del carrerón. Es un lugar único para verla en su trono con su manto azul, como también durante la recogida. Es muy emocionante”, concluye.