Opinión | Las horas

Juan Tapia

El fin de nuestro tiempo

Con el primer frío del otoño volvían los correlimos a la orilla que suelo pasear, pero este año no han regresado. Echo de menos a esos pajarillos tan graciosos que huyen corriendo de las olas, como si les diera frío el agua. Me estaba preguntando por qué no están por aquí cuando leo que dicen los doctores de la ciencia que este año que casi acaba, este 2023, será, es ya, el más caluroso registrado. Hay, si embargo, discrepancias en desde cuándo contar. 

Algunos señalan que es el año más cálido desde que hay registros, 1850, pero otros van mucho más atrás en el tiempo. Los paleoclimatólogos consideran que tampoco hay precedentes en los últimos 11.000, y que se puede afirmar con rotundidad que la época actual es la más cálida de los últimos 2.500 años. Finalmente, otros científicos creen que este año será el más cálido en los últimos 125.000. De lo que no cabe duda es que los nueve años que van desde 2014 a 2023 son los más calientes registrados, y aunque todo esto se debe a la conjunción de varios factores, la principal causa, la determinante, es la acción humana, que de este modo insensato procura su propia muerte. Porque lo que va a desaparecer es la humanidad, no el planeta. El planeta seguirá girando, prosperarán otras formas de vida, como ha sido otras veces, como seguirá siendo.

Habla Umbral en Mortal y Rosa, su mejor novela, del antropoide que vive en nosotros, el que «se va humanizando, se va civilizando, se torna filosófico y melancólico». Somos eso en realidad, un mono pelado que ha alzado la vista y ha comprendido que va a morir. Desde entonces hemos filosofado (toda filosofía es una meditación sobre la muerte, dice Platón) con nuestra muerte individual y con el final de los tiempos en general, confundiendo ambos términos. Porque «ese antropoide que se va civilizando» comete el gran error de pensar que el mundo empieza y acaba en él, en su especie. Que no hay mundo sin ser humano, que el mundo es porque el humano lo posee.

Y ahora, de pronto, algunos tenemos la sensación de estar asistiendo al final, a ese fin de los tiempos que tanto se ha temido y esperado. Habíamos especulado mucho sobre cómo sería el apocalipsis, y finalmente parece que será la destrucción de nuestro medio por nuestra propia mano (como actúa un virus letal con el cuerpo que invade, matando y con ello muriendo), la que acabe con la frágil y, sin embargo, prepotente especie humana. Unos cuantos grados más de calor será el fin de todas las cosas, la muerte total del antropoide unos minutos antes de que consiga civilizarse del todo, entenderse con su mundo y dejar de pensar y construir su propia muerte.