Opinión | Verderías

Herminio Picazo

COP28, a ver si esta vez...

Desde ayer jueves, en Dubai, ni más ni menos, Estado petrolífero donde los haya (cosas de la contradictoria política internacional), se discute al más alto nivel sobre el futuro climático del planeta en lo que se conoce como la COP28, o sea la reunión número 28 de la conferencia de las partes del convenio de Naciones Unidas sobre cambio climático.

Estas reuniones son familiarmente conocidas como «Cumbres del Clima» y se vienen celebrando cada año desde 1995. Alguna de estas citas pasan más desapercibidas, pero otras se hacen superfamosas, como las que se celebró en Kioto (Japón), en 1997, en la que se acordó una reducción de emisiones del 5% con el famoso «protocolo de Kioto», y la que dio origen en 2015 al Acuerdo de París, que estableció como bendita meta la de limitar el aumento de la temperatura media del planeta en este siglo a un máximo de 2º C. Y, si se puede, dejarlo en no más de 1,5º C.

En esta reunión de Dubai se van a tratar temas de mucho alcance. Desde cómo hacer para llevar a la práctica el abandono progresivo de los combustibles fósiles, hasta el aspecto clave de cómo asegurar la financiación suficiente para una transición justa. Y, sobre todo, servirá para mantener actualizado el complicado objetivo de mantener a raya el calentamiento planetario en un contexto de guerras y de creciente falta de confianza entre los países ricos y el Sur Global. Esta cumbre reúne a 70.000 delegados de 198 países y viene a producirse tras el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas que nos ha advertido de que ya se ha alcanzado, esperemos que momentáneamente, el techo de los 1,5º C de aumento de las temperaturas y de que en caso de no actuar más intensamente la cosa no irá a mejor. La ONU ha calculado que los compromisos climáticos actuales de los países, o sea la cuenta sumada de todos los planes climáticos presentados por los gobiernos, no solo no garantiza lo necesario para cumplir el objetivo del Acuerdo de París, sino que provocarán que la temperatura media global se encamine durante este siglo a un aumento de entre 2,5 y 2,9 grados por encima de los niveles preindustriales.

La perspectiva es tremenda y el problema del cambio climático no es ya un reto de futuro sino ya una realidad perfectamente contrastable en el presente.

Estas cumbres internacionales nos pueden parecer ya aburridas, por repetitivas, lejanas, por su lenguaje y sus procedimientos, y reservadas a personas, con o sin corbata, de alto nivel internacional y que poco tienen que ver con nosotros. Sin embargo tenemos que prestarle toda nuestra atención, porque, no nos engañemos, es en estos foros y en estos momentos donde se decide el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos. Y no es una exageración, se pongan algunos como se pongan.