Opinión | Cartagena D.F.

Cargos y cargas

El Puerto de Cartagena supo, en todo momento, aprovechar el viento favorable durante los mejores años de desarrollo económico y social de nuestro país y situarse como el cuarto en movimiento de mercancías y el más rentable de todos los que integran el ente público Puertos del Estado

Puerto de Cartagena.

Puerto de Cartagena. / Juan Caballero

«El puerto de Cartagena no se debe prestar a movimientos políticos». La frase es del que fuera consejero de Obras Públicas y, posteriormente, presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena, Antonio Sevilla. La dijo en abril de 2018, al poco de ser apartado de ese último cargo y de ser relevado por el entonces presidente local del PP, Joaquín Segado. Las malas lenguas y burladeros de entonces en nuestra ciudad y de esta nuestra Comunidad señalaban que el sillón portuario era el premio de consolación para que el líder popular aceptara sin estruendos el nombramiento de Noelia Arroyo como candidata a la Alcaldía en las elecciones municipales de 2019. Probablemente, Sevilla no recordaba, o no quiso recordar, que su desembarco en la sede de los Héroes de Cavite también fue uno de esos casos de «quítate tú pa ponerme yo», porque se quedó fuera del aquel breve gobierno de Alberto Garre, quien lo recolocó al timón de la institución cartagenera, sacrificando a Adrián Ángel Viudes antes del verano de 2014, un año antes de que el longevo presidente portuario que estuviera casi dos décadas como capitán de la nave pudiera retirarse con todos los honores y bajo el amparo de la Virgen del Carmen, como le había prometido su principal valedor, Ramón Luis Valcárcel, antes de irse a Europa y olvidar, o querer olvidarse, según el propio Viudes, de aquella promesa.

La era del presidente Viudes ha sido la más duradera y fructífera de la Autoridad Portuaria. Es cierto que coincidió con los mejores años de desarrollo económico y social de nuestro país, pero el Puerto de Cartagena supo, en todo momento, aprovechar ese viento favorable y situarse como el cuarto en movimiento de mercancías y el más rentable de todos los que integran el ente público Puertos del Estado. Así lo dejó Viudes cuando lo echaron y así lo han ido heredando sus sucesores hasta hoy. Los muelles no solo han consolidado sus excelentes estadísticas, sino que se han estabilizado en un crecimiento constante que lo mantienen en esos primeros puestos nacionales en bastantes y variados apartados, en especial, en los graneles líquidos.

Ese crecimiento estable contrasta con la inestabilidad que ha reinado en el cargo de presidente de la Autoridad Portuaria desde que se fue Viudes. Lo cierto es que ha pasado lo mismo en otros cargos que parecían eternos en nuestro entorno, como el del propio expresidente de la Comunidad, Ramón Luis Valcárcel, o la exalcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro. Los tres alcanzaron la friolera de casi dos décadas al frente de sus respectivas responsabilidades, pero desde que empezaron a desfilar, en el año 2014, los sillones que ocupaban han sido considerablemente menos estables.

Centrémonos en las cosas de la mar, sobre todo, porque de los tres puestos, es el único de designación a dedo, porque los otros dos se someten a la voluntad popular en las urnas. Recordemos que es el ente Puerto del Estado, dependiente del Gobierno central, quien designa al presidente de la Autoridad Portuaria, aunque suele aceptar la propuesta que le llega del Ejecutivo autonómico. Hasta ahí nada nuevo, pero los periodos con este cargo vacante, o tal sería mejor decir, con un presidente en funciones, se han prolongado desde que Segado decidió renunciar para mudarse a la portavocía del PP en la Asamblea Regional. Desde su marcha hasta la llegada de Yolanda Muñoz, la que ha sido su última presidenta con todas las de la ley, pasaron unos nueve meses. Es verdad que por en medio se celebraron elecciones municipales y autonómicas en mayo de 2019, pero López Miras no se decidió hasta diciembre para el nombramiento de Muñoz, fulminada el pasado enero del presente año por las investigaciones en el juzgado. Como ocurrió con Segado, el presidente regional ha dejado pasar las elecciones municipales, autonómicas y nacionales y considera que aún no ha llegado el momento de que nadie se siente en el sillón mejor pagado de cuantos cargos públicos existen en nuestra Comunidad. ¿Por qué? Lo que está claro es que debe pensar que el vicepresidente y empresario Pedro Pablo Hernández, que ejerce de presidente en funciones, lo lleva todo en orden, porque lleva también nueve meses haciéndolo.

Tampoco creo que le falten novios a un puesto tan goloso y de gran repercusión política y mediática. Tal vez sea ese el problema, su gran valor, que está en manos de las decisiones de quienes mandan y que, por tanto, se puede usar como recompensa en círculos internos, o como moneda de cambio en ámbitos externos y en una etapa de continuas negociaciones para formar gobiernos y garantizar su estabilidad, para que sean capaces de aprobar presupuestos que permitan llevar a cabo los proyectos anunciados y prometidos. Puestos a pedir, no creo que los que están en condiciones de hacerlo se amarguen con un dulce de tantas calorías.

Lo bueno es que los temporales políticos no afectan, al menos de momento, al buen rumbo de la actividad portuaria y, por tanto, su valiosa aportación a la economía y desarrollo de nuestro municipio y de nuestra Región. Incluso han anunciado esta semana la contratación de hasta 35 profesionales en los próximos meses para hacer frente al creciente volumen de trabajo. Además, nos estamos acostumbrando a prescindir durante más tiempo del que conviene de los presidentes al cien por cien en nuestro país.

Los cargos no están libres de esos movimientos políticos que alteran la vida en la Autoridad Portuaria y en nuestra Cartagena, en general. Afortunadamente, las cargas parece que sí.