Opinión | Lo veo así

El ridículo de nuestros diputados

Dos de cada tres diputados se han equivocado alguna vez al emitir su voto, siendo el PP el campeón en estos temas, ya que son protagonistas de un tercio de los deslices totales

Han pasado ya unos días desde la fallida ceremonia de investidura de Núñez Feijóo. El resultado, como ustedes saben, fue el previsto, pero no es de eso sobre lo que quiero reflexionar. Durante los plenos del Parlamento, solo un grupo muy reducido de diputados tienen papeles relevantes en la obra. El resto de los diputados son meros espectadores a los que se les pide que, de vez en cuando, aplaudan al orador, si es de su partido, y que si, como en este caso, hay que votar, digan eso de «sí, no», bueno, en algunos casos también puede decir eso de «abstención». ¿Sencillo, verdad?, pues no, nada de esto. Muchos de ellos jamás intervendrán en el hemiciclo. La mayoría de ellos no tendrán la oportunidad de que su voz suene en el ‘templo de la palabra’, excepto para decir eso de «sí o no» (y lo de la abstención, claro). Pero eso, que parece fácil, pero al parecer tiene su intríngulis, porque no todos aciertan a la primera.

Miren que tienen tiempo para ir aprendiéndoselo, para ensayar sus contestaciones, pero no. Después de estar pensando eso de «tengo que votar ‘no’, tengo que votar ‘no’», pongamos por caso, alguno de ellos se eleva sobre su asiento y sorprende al personal diciendo todo lo contrario de lo que se espera de ellos. Y después de la metedura de pata, después de haber dado la sensación de que su mente no estaba allí y vagaba en «a Belén con los pastores», después de dibujar en sus rostros una sonrisa bobalicona, se refugian en sus compañeros de escaño, que les miran con cara de asombro, sin ocurrírseles salir corriendo del hemiciclo avergonzados.

Y es que, aunque a los ciudadanos les llene de asombro estas equivocaciones (más que nada porque da la sensación de que sus señorías no están en lo que deberían de estar), estos ‘padres de la patria’ ya están acostumbrados a estas cosas, porque, en los dos últimos años, han sido casi mil ochocientos los errores cometidos por nuestros representantes en las votaciones llevadas a cabo. Es decir, dos de cada tres diputados se han equivocado alguna vez al emitir su voto, siendo el PP el campeón en estos temas, ya que son protagonistas de un tercio de los deslices totales, aunque el más famoso sea Alberto Casero, que saltaba a la fama por el error en su votación, que permitió al Gobierno sacar adelante la reforma laboral.

Pero la investidura de Núñez Feijóo nos ha permitido comprobar que las equivocaciones pueden repetirse en partidos distintos, porque, si en la primera votación fue el parlamentario del PSOE, Herminio Sancho, el que votaba a favor de Feijóo, con un sonoro «sí» (el entuerto se arregló porque alegó que habían pronunciado mal su nombre), en la definitiva votación fue el diputado de Junts per Catalunya, Eduard Pujol, quien, al votar, lo hacía con «sí» antes de corregirse y votar «no». Pero, al parecer, esto es lo más normal. Estar pensando en las musarañas y no tener ni idea de lo que han de hacer.

Pero vamos, que esto no es solo cosa de ahora, que el parlamentario y brillante orador Pablo Iglesias también hizo de las suyas cuando intentaba ‘alcanzar los cielos’, con anécdotas más que llamativas. Como lo ocurrido en mayo de 2017, cuando el líder de Podemos votaba (por error, claro), a favor de los presupuestos de dos Ministerios del Gobierno de Mariano Rajoy, los de Educación y de Exteriores.

Así es, el exvicepresidente segundo del Gobierno y líder de Unidas Podemos cometió uno de los errores más garrafales de la Cámara Baja, porque tenía en aquellos momentos presentada una moción de cesura para tratar de deponer a Rajoy, y no solo no consiguió su propósito, sino que, además, votó a favor de los populares. Que ya hay que estar despistado. Pero como para los distraídos esto no tiene consecuencias, pues eso…