Opinión | A pijo sacao

Aznar no hubiera podido gobernar en el 96

Lo malo de los análisis a posteriori es que intentan magnificar y resumir en una única causa las diversas fuerzas que sin duda operan en un fenómeno tan complejo como el resultado de una elecciones. El sistema de gobierno basado en la mayoría parlamentaria, por el que quien consigue un diputado más que el contrario se hace con todo el inmenso poder del Estado, hace que los análisis se simplifiquen. Y yo no voy a ser menos que esos reputados analistas. 

Mi explicación resumida de lo que ha pasado se remite al cambio radical de la balanza de fuerzas políticas que sucedió cuando Artur Mas llegó a la conclusión de que la única solución para reconquistar el poder de la derecha en Cataluña, perdido ante el tripartito de izquierdas encabezado por el socialista Maragall, era competir en un terreno vedado al PSC por su propia naturaleza de aliado y extensión catalana del PSOE, una fuerza que lleva la palabra español en sus siglas. De esta forma, Artur Mas abrazó el independentismo y se dejó llevar por el entusiasmo arrebatador de las dos Diadas que llenaron las calles de Barcelona. El líder nacionalista catalán pasó de los insultos y tomatazos por la corrupción de su partido al arrebato mesiánico de conducir a su pueblo a la tierra prometida de la independencia. 

A partir de ahí, el delicado balance político del electorado español se alteró cuando el partido burgués que ayudó a gobernar al PP de Aznar en el 96, se volvió inabordable. Solo faltaba que el partido de la derechona vasca, el también nacionalista PNV, se cambiara de bando para que el balance entre derecha e izquierda en este país se volcara a favor de un partido que decidió abandonar sus principios para ponerse en manos de cualquiera que le diera su apoyo: el PSOE de Pedro Sánchez.