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Bernar Freiría

Pasado de rosca

Bernar Freiría

Los pobres se hacen de derechas

Las elecciones andaluzas, cuyo resultado ha sido calificado de histórico por el gran vencedor de los comicios, el Partido Popular, dejan interesantes motivos para la reflexión. Es especialmente esclarecedor el minucioso estudio hecho por Kiko Llaneras que muestra cómo la derecha ha crecido más en los barrios obreros que en el centro de las ciudades, más en los barrios pobres que en los ricos, más en donde hay menos universitarios que en las zonas donde residen más personas tituladas. Es evidente, como señala el mismo estudio de Llaneras, que es en esos lugares donde más margen de crecimiento había. Pero no se puede obviar que los que antes se consideraban de izquierdas y votaban como tales, ahora se sienten más representados por la derecha, o confían más en la derecha.

Sin restarle méritos a Juanma Moreno, un tipo parece que sensato, moderado y volcado en Andalucía, hay que considerar los deméritos de la izquierda, que ha perdido la sintonía con los que antes la votaban incondicionalmente. Dicho con otras palabras, la izquierda —PSOE, Podemos y sus marcas asociadas o escindidas— ha bajado drásticamente en la apreciación de los más desfavorecidos como opción para mejorar sus condiciones de vida. Hay quien sostiene que la estructura económica de nuestra sociedad se ha impuesto y que al menos los dos grandes partidos la acatan. Sin diferencias en lo económico, los matices que distinguen sus propuestas serían de índole fundamentalmente moral. No me parece que sea así.

Creo que hay mucho margen de maniobra para evitar que la brecha, cada vez más grande, entre ricos y pobres se siga ensanchando. Y que la única vía para hacerlo es la de los impuestos. Cómo recaudarlos y cómo utilizarlos. Y ahí es donde la izquierda está resultando precisamente menos audaz y valiente. Se limita a ir poniendo parches un tanto improvisados y demagógicos, como los céntimos de subvención a los carburantes —inmediatamente neutralizados por la subida de precios de las petroleras—, o la bajada del IVA de la luz sin tocar los enormes beneficios de las eléctricas.

Sin duda, Sánchez sentirá la tentación de multiplicar las dádivas de aquí a las elecciones. Pero eso no va a frenar la tendencia manifestada en las elecciones andaluzas, que consiste en que los pobres empiezan a encontrar más atractiva la oferta de las derechas.

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