La Opinión de Murcia

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Santiago Delgado

De vuelta

Santiago Delgado

El fantasma de la guerra

Sí, ya está aquí el fantasma de la guerra. La excomunista Rusia lo ha traído. La mayor perversión del comunismo es congelar usos, modos, maneras y pensares de la sociedad donde se impone. Ahogar hasta el exterminio el emprendimiento empresarial privado conlleva esa condena de no progresar en nada; principalmente en las mentes.

Putin, el medieval, cree que todo lo eslavo es suyo. Y que tener un ejército mayor que el del vecino autoriza el derecho de invasión de ese vecino. Esta idea medieval la disfraza Putin de agravio tras la guerra fría. La explotación económica y social, política y bélica del sovietismo sobre todos los países tras del Telón de Acero fue brutal. Al hecho de haberle quitado ese abuso, Putin lo considera un agravio intolerable. Y, como la Alemania de Hitler, piensa que es una humillación de la que hay vengarse. Ése es el torpe mecanismo mental del nuevo Zar de Rusia. No poderse proclamar de Todas las Rusias es lo que le molesta, le incomoda y le cabrea al amo del Kremlim. Todas las Rusias es restituir el Telón de Acero, derecho inalienable del Zar Comunista que padecemos.

Y, sí, el fantasma de la guerra ya está aquí, por ahora en forma de carestía de vida y paro. Ya veremos luego.

Ceder ante Putin y dejarle que se anexiones todo el Oriente de Ucrania es tener paz para ahora. Pero, ¿y mañana?

La lección de Chamberlain y los Sudetes está vigente, el lobo feroz del imperialismo, de todos los imperialismos, no se sacia nunca. Puede dar tregua, pero no se tranquiliza. Después Trasnnistria y Moldavia, y luego lo que se le ocurra. Ceder ante el codicioso es alimentar su codicia. Pero continuar la guerra es acercar el momento de que en Moscú accionen el botón nuclear. Un loco con un botón nuclear es como un mono con una motosierra encendida.

Ucrania es Europa. Rusia, no. Aún tiene que purgar ese impulso militarista que cree redimir al pueblo de su humillación, humillación fabricada como idea por los putineros todos, para tener el obsceno honor de ganar una guerra. Miserables…

Porque el comunismo es en mucha medida una estructura militar. Castro, en Cuba, se hacía llamar el Comandante. El ejército comunista no es sino el brazo armado del Partido Único. Y se hace notar. Una guerra es ocasión de ascensos y pensiones, que es parte del motor que hace continuar la ocasión bélica.

Así, en manos estamos de los estrategas mundiales: ¿calmar a Rusia o vencerla? Descartado veo convencerla. Mal panorama.

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