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La Opinión de Murcia

Javier Lorente

Agua de mi aljibe. Crónica desde Cartagena

Javier Lorente

Extinguir, repoblar, cohabitar

Escribo estas letras tras enterarme del nuevo y lógico episodio de mortandad de peces en nuestro Mar Menor. Todos, y los artistas también, nos preguntamos qué podemos hacer frente a esta urgencia tan demorada, como personas y como sociedad. Desde que el mundo es mundo, el ser humano no ha terminado de ejercer con acierto aquella encomienda de «creced, multiplicaos, dominad la tierra y los animales…». Aquella narración de un génesis que intentaba explicar el principio de todas las cosas como creación de un alma inmensamente poderosa, sabia y bondadosa, se escribió hace unos 2.500 años, así que, redondeando, como se hace en mi Cartagena, podemos decir que es una preocupación trimilenaria que aún hoy nos sigue ocupando. 

Muchos pensadores y astrónomos siguen dirigiendo la vista de sus telescopio a miles de años luz atrás, descubriendo la luz de estrellas que ya desaparecieron y agujeros negros de los que nadie nos librará, ni en nuestra propia galaxia, que terminarán, como el capitalismo, engulléndolo todo, sin paños calientes ni políticas sociales paliativas. No soy yo de los que desdeñan la ciencia y el conocimiento y ven inútiles todos estos estudios sobre las estrellas que nos acercan un poquito más a las eternas preguntas que siempre han obsesionado a los mejores de nuestra especie: saber quiénes somos y de dónde venimos. 

Digo a los mejores, porque a la mayoría estas cosas siempre le han traído al pairo, y a los peores les han obsesionado de otra manera, tanto que siempre han prohibido cualquier intento de descubrirlas y para ello han quemando libros o librepensadores en la plaza pública, para regocijo de negacionistas y del pueblo llano, que no es otra cosa que el pueblo manipulado y enredado, ese pueblo adormecido, de comunión diaria con ruedas de molino, adicto a la televisión del régimen regional y que sigue el consejo de «no os metáis en política, que todos los políticos son iguales, y dejádnosla a nosotros que somos los salvadores». Los libros sagrados hay que saber interpretarlos, no les podemos pedir que nos hablen con un lenguaje actual, eran otros tiempos y otros cuentos, pero en estas narraciones, pese a todo, subyace un poso de que todo aquel mundo se veía que ‘era bueno’, hasta que vino el hombre y la lió parda. 

Si a la biblia le actualizamos el lenguaje, le quitamos las leyendas, la religiosidad primitiva y la mentalidad precientífica y mágica, aparte de una gran colección literaria, nos queda un intento de explicación del hombre, la naturaleza, la sociedad, la política y el Cosmos que, si se escribiera hoy día, con nuestro lenguaje y sabiduría actual, seguro que también partiría de un canto universal a la naturaleza y el medio ambiente y seguiría con la narración de la pérdida del paraíso y la urgencia climática; después seguiría con el castigo de las siete pandemias y, finalmente, terminaría con la traición de todo ideal por treinta monedas de plata, el consumismo y la obsesión por un progreso sin fin de la minoría privilegiada que se lava las manos ante la crucifixión de millones de inocentes de todo el orbe… y así hasta el Apocalipsis. Poco hemos cambiado.

Artes y políticas de lo vivo. Este fin de semana, Cartagena, como Murcia y otras ciudades de la Región, celebra La Noche De Los Museos con un amplísimo, variado y participativo programa de actos culturales. Desde la mañana empezarán rutas por la ciudad y por todo el municipio, incluyendo este año una ruta por Los Molinos de Viento del Campo de Cartagena, el Museo Etnográfico de Los Puertos de Santa Bárbara, el nuevo Museo del Teatro Apolo de El Algar y otros de diputaciones como La Palma. 

En la ciudad, serán miles de personas las que llenarán las calles, los centros arqueológicos, los museos y las salas de exposiciones, con actuaciones teatrales y musicales de todo tipo. Desde hace años, Cartagena es, sin lugar a dudas, la localidad que más se vuelca en esta celebración y es sobradamente conocido que el programa desbordaría cualquier intento mío por resumir lo que aquí va a pasar mañana en la que es una desbordante fiesta de la cultura y los museos que, desde mi punto de vista, ojalá se pudiera estirar durante todo el año, pues, pese al buen hacer de la concejalía de Cultura, la ciudadanía en general es más partidaria de los grandes eventos que de cultivar la cultura como una prioridad diaria. Siempre queda por hacer. 

M+M. Por eso es una gran oportunidad que en Cartagena, además, en este mismo mes de mayo se realice, desde hace años, otro gran evento que, durante otros diez días, saca el arte de los museos a la calle, a los espacios públicos, a los centros educativos y a los locales sociales. Se trata de Mucho más Mayo, un Festival de Arte Emergente promovido por las concejalías de Juventud y la de Cultura, dirigido por un imprescindible gestor cultural de la Región: Patricio Hernández, arropado por un valioso equipo de las citadas concejalías y artistas de la talla de la escultora Belén Orta.

No necesito convencer a nadie de la importancia de la Noche de los Museos de Cartagena, pero tal vez todo lo que diga aquí es poco para ensalzar y subrayar la importancia, la novedad y lo necesario de este otro fruto cultural cartagenero que ya está teniendo importantes ecos en toda España y se pone como ejemplo en muchas ciudades de Europa. He tenido la oportunidad estos días de hablar con Patricio, Belén y con importantes artistas de la Región y hemos concluido que si el M+M no existiese habría que inventarlo y, por lo pronto, hay que seguir apoyándolo mucho más pues es una cita cultural y artística imprescindible que se merece ser tan conocida y visitada como La Mar de Músicas.

En nuestra Región, el peso de la cultura tradicional e histórica es muy superior al peso de la cultura contemporánea. Es así que el M+M viene a complementar y contrarrestar la importancia evidente de la arqueología, los museos o las fiestas tradicionales con lo que es el arte de nuestro tiempo, con sus nuevos lenguajes, aportaciones y públicos. Sigue abierto el debate de si el arte puede cambiar el mundo, pero M+M está ahí para intentarlo, siempre girando en torno a temas de interés vital y universal, como es el caso, en las dos últimas eiciones, del cambio climático. El arte de nuestro tiempo es, sin duda, el espejo en el que podemos mirarnos en este momento y por eso es tan necesario un festival artístico como este. Me dice Patricio que «frente a los límites de la razón para entender el mundo y frente a complejidad de la vida para ser reducida sólo a la razón, el arte nos permite explorar la realidad con otros lenguajes más actuales que, además, ensanchan nuestra imaginación y nos facilitan la comprensión para abordar problemas que nos sobrepasan e, incluso, nos amenazan». 

Ciertamente, el arte es muy variado y sus caminos son muchos e inexcrutables, pero, incluso una ciudad tan histórica como Cartagena y una Región tan tradicional como Murcia, han de apostar por el arte contemporáneo, pues de lo contrario seríamos una sociedad amputada.

A mí, de las cosas que me parecen más interesantes del M+M es su acercamiento a la realidad y a los problemas que nos acucian, su formato participativo, en el que intervienen los colectivos, los artistas y los ciudadanos, que se implican, así como ese imprescindible diálogo entre los artistas locales y los artistas internacionales, todo un privilegio para esta ciudad y para todo el que se acerque a ella en estos próximos días. Arte y vida y urgencia medioambiental.

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