La Opinión de Murcia

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Espacio abierto

Día de la madre trabajadora

Ilustración de Leonard Beard.

Que el Día del Trabajo y el Día de la Madre hayan coincidido este año es una casualidad cargada de contenido. La madre es alguien de quien se espera que realice un trabajo no remunerado 24/7, siempre, a todas horas, los 365 días del año, 366 si es bisiesto. Recibimos mensajes felicitándonos (y alentándonos de modo implícito) a ser esa madre que está ahí de forma permanente, que es maravillosa, cien por cien entrega, todo dulzura, trabajo, cuidados y atención: madre, amiga, maestra, psicóloga, conductora, modista, enfermera, abogada... Esas felicitaciones son un regalo envenenado porque con ellas se contribuye a construir una madre incombustible, infinita, interminable, omnipresente y se nos invita a serlo. Pero esa madre ideal es un modelo en el que no cabemos las mujeres reales.

Todo el mundo tiene derecho a un descanso, menos las madres que somos heroínas con la capa por delante, como si al parir adquiriéramos súper poderes. No se espera de nosotras que seamos seres contradictorios y ambiguos. No se espera cansancio ni indolencia, solo entrega porque el amor que hijos e hijas nos profesan nos obliga a estar a la altura del ideal. Ese modelo de amor filial, al igual que el modelo de amor romántico al uso, es otra trampa para las mujeres. Esa demanda de la sociedad genera una tensión injusta sobre nosotras. Debemos admitir que existan otras formas de ser madres y que estas sean válidas. Deberíamos tener derecho a estar hartas de la crianza, a no ser perfectas, a dimitir siquiera temporalmente de esa titánica tarea que se nos impone desde todas las instancias. Deberíamos aceptar que madre hay más de una. Ser madre no debería suponer someterse a un arquetipo sublimado.

Con ese modelo, una mujer que entrega la vida a su tarea de madre no estará haciendo más que lo que se espera de ella. Sin embargo el día que un hombre le plancha al hijo el uniforme del colegio, ya ha ganado la Champion’s League del trabajo doméstico.

En los DNIs de millones de mujeres, en los sesenta y setenta, en la casilla de trabajo ponía: S.L., que no significa sociedad limitada sino Sus Labores. Aparecía en el DNI, en la cartilla de la Seguridad Social, y en todo documento oficial, a pesar de que muchas de ellas, además de en sus labores, trabajaban en el campo, en la fábrica, en la oficina. El concepto S.L. iba unido a su condición, las definía; por tanto, cualquier tarea de esa S.L. (limpiar, criar niños, cuidar ancianos) no era más que parte de su identidad. Con la maternidad pasa otro tanto: cualquier cosa que haga la madre, así sea el mayor sacrificio, no es más que lo que le corresponde. Cualquier cosa que haga el hombre en ese mismo sentido es algo extraordinario y así es percibido. Si haces lo que te define cumples con lo que de ti se espera, nada más.

La función cuidadora va asociada de forma indisoluble a la función madre y recae sobre todas las mujeres, madres o no. En castellano el masculino es genérico y no marcado. Pero sin embargo se dice ‘las amas de casa’, ‘las enfermeras’ y ‘las azafatas’, colectivos vinculados al cuidado y el servicio. Se ha conseguido transitar a profesiones típicamente masculinas: ya hay médicas y juezas. Sin embargo no conseguimos que se transite en sentido contrario: las mujeres puede aspirar al superior mundo masculino (ser juezas o médicas) pero de ningún modo el hombre querrá descender al inferior mundo femenino (ser amo de casa) sin sentir que pierde valor en la transacción. El lenguaje, tan sensible a los cambios, se resiste en este caso a dar vía a esa transición.

Los cuidados siguen siendo una actividad desempeñada básicamente por mujeres y se nos vende una maternidad sublimada como heroica pero siete de cada diez madres se sienten solas en la crianza y una de cada dos ha sufrido pérdida salarial (https://clubdemalasmadres.com/asociacion-yo-no-renuncio-2/ ).

Ya va siendo hora de que los hombres se ocupen también de los cuidados, que son imprescindibles para nuestra supervivencia, salvo que las mujeres renuncien a sus trabajos fuera de casa o la humanidad renuncie a la función reproductiva.

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