Pues que ahí te quedas 2021, seguramente otro año en el que hemos tenido más fallos que aciertos. Pero es que nadie nos advirtió de la que nos venía; a pesar de los presagios que esa hechicera nos dijo que veía en su bola de cristal, nos curamos pensando que nadie nos advirtió.

Deseando perderte de vista, puedes estar convencido de que no sentiremos tu ausencia, que el único sentimiento que aflora será el de una jauría de desencuentros sin ninguna sensación de pérdida. No quedan ganas de mirar atrás, estoy convencida de que pocos motivos has dejado para que alguien te eche de menos, con esa capacidad desbordante que has tenido para convertir la esperanza en hiel. Aún con todo, muchas han sido las cosas por hacer, tanto por decir, mucha rabia por sacar, la inquina removida con impotencia. Las palabras que han jugado a esconderse por culpa del nudo en la garganta que se nos ha formado con esto de vivirte. Nos has fallado vilmente. Nos has traicionado fingiendo momentos de alegría, gestos ficticios de felicidad.

Y lo peor es que somos muy conscientes de que en la naturaleza no existe la justicia. Tal vez lo más acertado sea afrontar que te vas y tal vez en mucho tiempo no venga otro tan dañino como tú. Nos toca reducir el miedo, recoger los rescoldos de esta infamia, hacerle cara a lo que nos viene y hacernos valer. Todo esto sin poder olvidar jamás lo insoportable que ha sido todo lo que nos has ofrecido, un volcán que no ha cesado, una pandemia como protagonista.

Ahora toca hacer el balance de haber tenido momentos únicos cómo el que estoy viviendo ahora y que jamás nadie me podrá arrebatar. Escribo esta columna mirando al sol, una niñita de cinco años juega con mi perra Trufa mientras me dibuja cargada de felicidad. Me llevo de sus manos una obra gráfica repleta de emotividad que a pesar de tus barreras, 2021, me hace pensar que la vida, por momentos, puede ser maravillosa. Gracias, Ana, por existir...

Así que, dejemos los contados detalles de bondad sólo por ser Navidad y pongamos en práctica eso de querernos. ¡Amar más! Vamos a ello, vamos a querernos y a tolerarnos con todos nuestros defectos, que ser perfectos tiene que ser aburridísimo. Vamos a equivocarnos, a regular sólo si es muy preciso, pero a vivir cada día con una emoción que nos haga caer rendidos en la cama (acompañados, a poder ser). Esa ilusión es la que toca reinventar. Porque la vida es muy corta, y Lemmy Kilmister murió hace cinco años, jamás nos perdonaría eso de buscar una excusa para el odio.