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La Opinión de Murcia

Crítica

Todo lo que implica 'Obi-Wan Kenobi', la serie

La serie no es más que (con toda la lógica narrativa del mundo) una prolongación un tanto nostálgica de las conocidas y vilipendiadas precuelas de 'Star Wars'

Ewan MgGregor protagoniza la serie de 'Obi-Wan Kenobi', de Disney+. L.O.

Vale, lo admito. Lo suyo habría sido hablar de la recién estrenada serie de Disney+, Obi-Wan Kenobi. Pero, ¿qué quieren que les diga? No he tenido tiempo, y sigo sin tenerlo. Es más, acabo de recordar, mientras escribo esto, que debería haber mandado un artículo el pasado lunes y aún le tengo que pegar un repaso. En fin… A lo que íbamos. La cuestión es que no he podido empezar a verla, aunque reconozco que no pude evitar ver los primeros diez minutos. Solo por curiosidad. Y les voy a decir algo: no me gustó lo que vi. Pero bueno.

Pasa empezar a juzgar una serie por sus primeros dos o tres capítulos, pero por sus primeros diez minutos me parece excesivo. Eso sí, terminé de ver La ciudad es nuestra, de HBO, y si no es una obra maestra absoluta de la televisión es porque, fíjense lo que les voy a decir, tiene solo seis capítulos. Tal vez yo los habría dejado en cinco. Aún así, muy recomendable. Créanme.

El caso es que Obi-Wan Kenobi iba a ser en un principio una trilogía. Lo que pasó es que se estrenó Solo. Una historia de Star Wars, que en vez de recaudar mil millones de dólares se quedó en unos humildes 394, lo que con un presupuesto de 275 supo a poco. Y con razón. Y eso que Solo no estaba mal. Tal vez fue la campaña de publicidad, la época, el momento o los astros, pero lo cierto es que Solo no funcionó. Una película por la que todo bicho viviente en este planeta habría apostado todas sus ganancias se estrelló estrepitosamente en taquilla.

Fue entonces cuando saltaron todas las alarmas. En Lucasfilm comenzaron a tirarse de los pelos, cundió el pánico, la histeria teísta se apoderó de las instalaciones y entonces, Kathleen Kennedy, su presidenta, petó. De forma inmediata se cancelaron todas las películas habidas y por haber. Y la primera fue Obi-Wan Kenobi. A Ewan McGregor, protagonista obligado, sí o sí, de una película o una serie sobre Obi-Wan Kenobi, lo debieron volver loco. ‘Ahora sí, ahora no’, ‘En un rato sí, pues va a ser que no¡, ‘Pues no te lo vas a creer, pero al final va a ser que sí’. Total, que lo que iba a ser una trilogía se ha quedado en una serie. ¿Hemos salido ganando o perdiendo con el cambio?

Pues no sabría qué decirles. De momento les tengo que adelantar que a mí la cosa me huele a chamusquina, pero bueno, como he dicho antes, no me voy a poner a juzgar algo que técnicamente no he visto. Eso sí, por lo que sé de Obi-Wan Kenobi, la serie no es más que (con toda la lógica narrativa del mundo) una prolongación un tanto nostálgica de las conocidas y vilipendiadas precuelas de Star Wars. La serie de Disney + arranca más o menos poco después de donde termina Star Wars. Episodio III. La venganza de los Sith. Cuando a Darth Vader ya le han puesto el casco y Kenobi deja a Luke y a Leia en paraderos distantes sin contacto aparente.

Lo interesante de todo esto es la percepción que, con el paso de los años, han ido teniendo las precuelas de Star Wars. Yo, en su momento, fui de los que las puso a caer de un burro e incluso creo recordar que entregué en el tribunal internacional de La Haya una solicitud para que Lucas fuera excomulgado, humillado, vilipendiado y mancillado públicamente, pero alguien me advirtió muy amablemente en un perfecto español que mis cartas a La Haya podrían llegar a suponer un delito. En fin… 

El caso es que con el paso de los años tengo que admitir que mi percepción en perspectiva ha ido cambiando. Obi-Wan Kenobi, de hecho, arranca con un resumen de estas tres películas. Es cierto, se pongan ustedes como se pongan, que son malas de solemnidad. Dudo que alguien me haga cambiar de idea con esto. Tal vez la menos mala sea el Episodio III, pero las dos primeras… ¿Dónde guardé yo la dirección del tribunal de La Haya? La cuestión… 

Hay que admitir, en todo caso, algo que rara vez se ha admitido, y es que George Lucas, creador de las películas originales, intentó, con las precuelas, hacer algo distinto (justo lo contrario de lo que han hecho y están haciendo las películas y series basadas en su universo). Puede que no funcionara y que perdiera demasiado tiempo en sus efectos especiales, pero hay que reconocerle su empeño por evolucionar cuando lo tenía todo hecho. Es cierto que el experimento no funcionó, pero de haberlo hecho…

Lucas cambió la estética de la saga original, propuso cambios drásticos y condicionó todo el drama de su historia a unos fastuosos efectos especiales que en muchos sentidos fueron revolucionarios. Como lo fueron las primeras películas de Star Wars, después de las precuelas, los efectos especiales no fueron los mismos, sobre todo a la hora de rodar a los actores sobre fondos de colores que posteriormente se convertirían en cualquier cosa. Una especie de preludio de lo que sería años después The Mandalorian, una serie que se ha rodado sin salir de un estudio gracias a una pantalla curva de fondo a modo de croma. Pero bueno, lo de esto es otra historia.

La cuestión es que todos los experimentos que propuso Lucas salieron mal. Para qué nos vamos a engañar. No hay casi nada que valga la pena rememorar, salvo en todo caso, el personaje de Obi-Wan Kenobi. McGregor encajaba de maravilla en el papel y hay que admitir que como en la primera película, llenaba la pantalla cada vez que aparecía.

Sobre todo, cuando uno sabe de la trascendencia de ese personaje. Si quieren otro día hablamos de la necesidad de desvelar todos los secretos de los iconos del cine moderno. Es decir, ¿valió la pena conocer los orígenes de Darth Vader? En mi opinión, no. Mientras tanto, esperemos que la serie de Disney + nos desvela un secreto que ha aguardado el sueño de los justos desde hace años y es ¿cómo llegó Obi-Wan Kenobi a Shangai y abrió un club nocturno? 

Este es un chiste para los muy frikis ¿Se acuerdan de la pelea inicial de Indiana Jones y el templo maldito? Pues bien, aquello sucedía en un club llamado ‘Obi Wan’. Cuando quieran vuelvan a ver la película y comprobaran que no miento.

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