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La Opinión de Murcia

Crítica

'The Mandalorian': prometo publicar otra columna sobre esta cuestión

"He terminado de ver la primera temporada de la serie y no tengo el más mínimo interés en ver la segunda. De hecho, lo estoy haciendo en contra de mis propios intereses"

Imagen promocional de la serie 'The Mandalorian'. L.O.

Lo he dicho en más de una ocasión. Uno no puede estar en todo, y, menos aún, en su momento preciso. Se acerca el inminente estreno de la serie Obi-Wan Kenobi (27 de mayo) y uno, como un lógico enamorado (y un punto sentimental) de la saga original, no podía dejar de ver dos series previas que, como mínimo, deberían ser definitivas para el universo Star Wars, sobre todo habida cuenta de lo mucho que se ha hablado de ellas. La primera es, obviamente, The Mandalorian; la segunda, El libro de Boba Fett.

De entrada, vamos a empezar por lo que en general se ha dicho de ellas. De The Mandalorian no parecer haber una sola pega, de hecho, alguien me dijo que le parecía la mejor prolongación que se había hecho de universo de Star Wars.

De El libro de Boba Fett las críticas generales no han sido tan entusiastas, pero todos mis contactos parecen concluir en una cosa, es una serie que va de menos a más y que sus últimos episodios son épicos.

Pues bien, yo, hijo generacional y en cierto modo consecuencia de la era primigenia de Star Wars, ahí que me pongo a ver The Mandalorian aunque fuera a destiempo y aún conociendo el que, al parecer, era uno de sus grandes spoilers (que, obviamente, no voy a mencionar aquí).

Pero como un fan de Star Wars, uno tiene que estar a las buenas y a las malas, de modo que allí que me puse a ver, fuera de onda, la primera temporada de The Mandalorian. Las cosas, sobre todo si son de Star Wars, hay que empezarlas por el principio, y nada de arrancar con el episodio cuatro.

De modo que ahí que estoy yo, viendo The Mandalorian, una serie de la que solo había oído maravillas… Y, es verdad, está muy bien hecha. No, miento, está muy, muy bien hecha con esa nueva tecnología llamada ‘Stagecraft’, que, básicamente, consiste en un croma delirantemente impecable (ni los reflejos de los focos permite) que, básicamente, rodea un estudio y que permitió a sus responsables rodar la serie sin buscar un solo exterior.

Y no cabe la menor duda: The Mandalorian es una serie diseñada con mucho mimo y cuidado. No debemos olvidar que tras el fiasco en taquilla que supuso Solo. Una historia de Star Wars (2018), Disney canceló buena parte de su programa de producciones para cine y decidió convertirlas todas en series.

De hecho, The Mandalorian fue una prueba de aquello y, Obi-Wan Kenobi, una evidencia, porque siempre se habló de una trilogía para cines dedicada a Obi Wan, cosas de Hollywood/Disney, lo que al final se vio reducido a un serial televisivo.

La cuestión, volvamos al asunto que nos traía a estas páginas. El caso es que yo estoy viendo la primera temporada de The Mandalorian por principios, por ética y por nostalgia. Muy bien, oiga. Qué bien cuidada.

No se nota el ‘Stagecraft’ ese ni un milímetro, y, al final, uno le termina cogiendo simpatía al mandaloriano en cuestión, aunque, eso sí, no le veamos el rostro hasta el último capítulo durante unos breves minutos.

Y entonces termina la primera temporada. Y yo me digo. ¡Qué bien hecha está! Y, sobre todo, ¡qué entretenida! De hecho, sus capítulos están mejor confeccionados que muchas superproducciones del Hollywood actual.

Aunque cada segmento no pasa de los 35 minutos, están muy bien configurados, argumentados, construidos, algo de lo que tendrían que aprender muchas de las superproducciones del cine comercial actual.

Ahora bien, y en resumidas cuentas, ¿aporta algo al universo Star Wars? No. Me van a permitir que tenga la osadía de publicar una columna sobre la primera temporada de The Mandalorian sin haber visto la segunda, pero hasta donde yo he visto, por bien hecha que esté, la cosa no aporta absolutamente nada.

Yo, iluso de mí, creía que The Mandalorian me iba a aportar algo al compendio de Star Wars, pero resulta que no, que es una historia paralela que coincide de forma cuasi anecdótica con cosas que nos suenan a las primeras tres películas.

Puede que su principal responsable, Jon Favreau, haya querido crear algo nuevo a partir de los cimientos de las películas originales, pero sin citarlas constantemente, aunque haya lógicos y necesarios nexos de unión.

El caso es que les voy a ser honesto. He terminado de ver la primera temporada de The Mandalorian y no tengo el más mínimo interés en ver la segunda. De hecho, lo estoy haciendo en contra de mis propios intereses.

Es más, me han soplado que lo realmente bueno de El libro de Boba Fett es que se cruza con algunos de los episodios de The Mandalorian, con lo cual me da la impresión de que todo debe de estar moviéndose sobre la misma miseria argumental, y me van a perdonar lo más puritanos. Pero esto es basurilla, migajas, escombros, restos…

Prometo publicar otra columna sobre esta cuestión. No sea que esas basurillas, esas migajas, esos escombros y esos restos terminen revelándose como grandes y delirantes avances en la saga original de George Lucas.

Pero mucho debe cambiar la cosa en The Mandalorian y, más aún, en El libro de Boba Fett y ya no digamos en Obi-Wan Kenobi para que la migaja en cuestión tenga algo de consistencia. No sé si nos entendemos…

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