Motociclismo

Pedro Acosta: ‘El Tiburón’ inconformista que siempre quiere trabajar más

El murciano une a un talento incuestionable un espíritu perfeccionista que le hace diferente

El murciano Pedro Acosta, nuevo campeón del mundo de Moto2. / ALEJANDRO CERESUELA

El murciano Pedro Acosta, nuevo campeón del mundo de Moto2. / ALEJANDRO CERESUELA

Llueve en Cartagena. Todos los equipos desmontan y se marchan. Pedro Acosta, acompañado entonces por Paco Mármol, su creador, no lo hace. Quiere más. «Para aprender a correr bajo la lluvia lo mejor es entrenar bajo la lluvia», piensa el mazarronero, que apenas tenía 13 años en aquel momento. Mármol, a regañadientes, le concede el deseo. El niño Acosta sale a pista bajo un aguacero y empieza a dar vueltas. Se cae varias veces, pero da igual. Él sigue y sigue. Este episodio de su vida deportiva, contado por Jaime Alguersuari en el libro La historia más contada, refleja fielmente la personalidad de ‘El Tiburón’, un chico inconformista, que siempre quiere trabajar más que el resto. En el deporte triunfan los que tienen talento, pero esos éxitos, si no se acompañan de trabajo, son siempre efímeros. Por ello, Pedro Acosta Sánchez (Mazarrón, 25 de mayo de 2004), hijo y nieto de pescadores, se ha convertido en un mito del motociclismo con solo 19 años de vida.

En su primera temporada en Moto3 donde todo le salió más fácil de lo esperado. Ya ganó la segunda carrera de su vida, pero es que en la primera no superó a su compañero Jaume Masiá porque así se lo pidió Mármol para que no le cogieran manía. Pero se la cogieron porque un joven que entonces tenía 17 años fue capaz de derrotar a otros pilotos que llevaban tres y cuatro años en la categoría soñando con ser campeones del mundo. Muchos en el paddock recelaron de Acosta. Y sí, le cogieron manía.

A mitad de esa temporada 2021, cuando era líder del Mundial pero el título aún quedaba muy lejos, ya tenía claro que la Moto3 se le quedaba pequeña y que daría el salto a Moto2. Quizás por exceso de confianza o por inexperiencia, o ambas cosas a la vez, todo el mundo creyó, él mismo también, que el salto a la categoría intermedia iba a ser más fácil. Pero no lo fue. Muchas caídas y errores le llevaron a vivir meses de ansiedad hasta que encontró el equilibrio adecuado y llegaron los triunfos. Pero la transformación llegó el pasado invierno. Muchas horas de gimnasio y preparación física para ganar cinco kilos de masa muscular para dominar mejor el motor tricilíndrico Triumph de 765 centímetros cúbicos.

‘El Tiburón’, que ha pescado ya dos títulos mundiales en tres temporadas, aún mantiene esa inocencia del niño que con seis años, en el Karting Can Picafort de Mallorca, engañado por Paco Mármol, hizo su primera carrera con una Polini de 4,2 cv. Entre los 70 pilotos que acudieron a esa cita, él fue el más lento en los entrenamientos. Acosta, llorando, intentó bajarse de la moto en plena parrilla de salida. «Pedro, peor no puedes ir porque detrás no hay nadie y, por tanto, nadie te puede adelantar», le dijo su entonces preparador, el hombre que le hacía entrenar con motos que eran prácticamente hierros, sin frenos y con neumáticos desgastados. Aquel día de 2010, el mazarronero adelantó en esa carrera en territorio mallorquín a dieciocho pilotos para acabar en el puesto diecisiete. Allí, en Picafort, comenzó a forjarse la leyenda de Pedro Acosta.