Tribuna Libre

No digas que fue un sueño

17.10.2015 | 04:00
Pedro Jesús Fernández Ruiz

con el lema «los sueños se hacen realidad» se promocionó durante más de una década lo que se ha venido en demostrar como uno de los mayores pelotazos urbanísticos de Murcia, construido a costa de la Huerta y de su forma de vida tradicional. Cuando el Tribunal Supremo ha acabado sentenciando como ilegal la urbanización Joven Futura, declarando nula la modificación del Plan General de Ordenación Urbana que la sustentaba, los vecinos de Senda de Granada que denunciaron sus irregularidades desde sus inicios, no han mostrado alegría por su victoria, sino su pesar por que se haga justicia tan tarde, con su paisaje ya destruido y su huerta y sus casas perdidas, y han dejado clara su indignación con unas Administraciones que no quisieron atender sus reclamaciones y denuncias.

Más de 5.000 alegaciones de murcianos recogidas por estos vecinos durante una de las tramitaciones exprés y veraniegas a las que acostumbraba el ayuntamiento de Murcia, alertaban a la Gerencia de Urbanismo y también a la Comunidad Autónoma y a sus servicios técnicos de los numerosos fallos en los que incurría el plan de Joven Futura. Pero siguieron adelante, con una tramitación a la carta, y como ha dictado el Tribunal Supremo, sin cumplir el procedimiento administrativo ni la legislación urbanística. No cabe más interpretación que la de la sentencia, por muchas interpretaciones con que quieran defenderse.

El daño a la Huerta y al paisaje de Murcia ya está hecho, y en eso se amparan para restar importancia a una sentencia que tira por tierra lo que quisieron vender como un proyecto ejemplar, un ´nunca jamás´ donde hacer sueños realidad, y viniendo a confirmar lo que las familias de la zona alertaban: que en esta zona de Senda de Granada era ilegal plantar medio centenar de torres de edificios donde lo único que cabía era plantar árboles frutales y hortalizas.

Pero siguieron adelante y sacaron de sus casas a las familias, arrasaron sus huertos y transformaron una zona de alto valor paisajístico en un bosque de hormigón.

Todo ello, jugando con la ilusión de más de mil familias de jóvenes, a los que se les vendía esta urbanización como una salida a sus ansias de formar un hogar, pero donde al final encontraron una pesadilla que retrasó años la entrega de sus viviendas, sufriendo unos servicios urbanos deficientes, pagando un importante sobrecoste por sus viviendas, y enfrentando en una falsa dualidad el desarrollo urbano con la conservación de un patrimonio cultural milenario, que se debía haber protegido.

A pesar de la claridad con la que el más alto tribunal de España califica las formas de tramitación urbanística de Ayuntamiento y Comunidad Autónoma, los actuales gestores de ambas Administraciones siguen sin querer reconocer el error, con argumentos contradictorios y que vuelan a la misma velocidad con la que aparecen nuevas pruebas de lo que cada vez menos parece un proyecto social de viviendas para jóvenes, sino que se muestra como un jugoso negocio que jugaba con las Administraciones y con los sueños de la juventud murciana.

Poco queda de estos sueños, vendidos a bombo y platillo en fiestas multitudinarias a pie de obra, con las imágenes de Valcárcel, Cámara y Ballesta inaugurando la urbanización, mientras tenían en sus cajones archivadas miles de alegaciones que denunciaban las irregularidades, junto a los informes de la Confederación Hidrográfica del Segura que tumbaban este plan urbanístico. Eran días de vino y rosas, de inauguraciones, de proyectos emblemáticos, de presentaciones estrella, iniciativas que han acabado hipotecando las arcas y el futuro de Murcia.

Los sueños se hacen realidad, pero a veces las pesadillas también. Y si los técnicos, pero también los políticos, tuvieron encima de su mesa los informes que demostraban las irregularidades de este plan, no cabe que ahora no asuman responsabilidades por ello. El no pedir unos informes preceptivos y vinculantes es muy grave, como también lo es ocultarlos o no tenerlos en cuenta durante los años que transcurren hasta las últimas aprobaciones de trámites relacionados con la urbanización. Y si los que tenían la responsabilidad de vigilar que todos los Ayuntamientos de la Región de Murcia cumplieran con la legalidad urbanística permitieron esto, entenderán que estemos alerta tras su desembarco en la Glorieta, por mucho que quieran vender su mandato como algo nuevo y distinto, pero que no está inmaculado ni reluciente. Porque a lo mejor todo aquello no era un sueño, sino que pudo haber sido una estafa.

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