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La Inquisición en Ulea en los siglos XVII y XVIII

17.07.2016 | 04:00

Apesar del auge del Tribunal de la Inquisición en todo el reino de Murcia, la institución, en su estructura, cayó en la sima del desprestigio. En Ulea, desde el año 1675 hasta mitad del siglo XIX, la parroquia de San Bartolomé disponía de unas brigadas al mando del cura párroco, D. Francisco López Casacau, hermano del abuelo materno de quien más tarde fuera fraile dominico D. Jesualdo María Miñano López. Dichas brigadas se encargaban del socorro y ayuda en caso de inundaciones; asistencia a los incendios; proteger a los desvalidos y dar seguridad a los ciudadanos uleanos en las calles solitarias y oscuras.

Al no existir en Ulea ningún cuerpo de seguridad ni de alguaciles, dichas personas formaban verdaderos grupos milicianos que en algunos casos (más de los deseados) aplicaban las leyes «con distinta vara de medir».

Desde el año 1697 hasta el 1714, el regidor de la Villa de Ulea, D. Juan Carrillo Yepes, acordó con el Tribunal de la Inquisición la formación de grupos voluntarios que estuvieran al servicio de la sociedad uleana y, de paso, levantaran el maltrecho prestigio en que estaba sumido el Santo Tribunal de la Inquisición. Con el valor y honestidad que gozaba el regidor D. Juan Carrillo Yepes, se lo hizo saber a los miembros de la Comunidad Inquisitorial de Ulea, que comandaban dicha institución.

Francisco López Casacasu, sacerdote aragonés, consiguió el traslado oficial como cura párroco de Ulea, por mediación de su sobrina Micaela López Yepes. Ya en el año 1808 era miembro destacado del Santo Oficio de La Inquisición en Ulea, que, además, poseía una capilla de su pertenencia, en la iglesia parroquial de San Bartolomé, de Ulea, dedicada al culto del patriarca San José, según atestiguan documentos de su sobrino nieto y alcalde de la localidad, D. Joaquín Miñano Pay , con fecha 13 de noviembre de 1777. Este sacerdote, miembro de la Santa Inquisición de Ulea, fue trasladado con posterioridad como capellán de las religiosas de San Antonio, de Murcia.

Según el mismo diario de Joaquín Miñano Pay, dicho sacerdote, D. Francisco López Casacau, fue la persona influyente para que el nieto de su hermana, Jesualdo María Miñano López, ingresara en el convento de los Dominicos de Murcia y, marchara, posteriormente, de misionero dominico a Filipinas.

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