Rogelio y Joaquín, o viceversa, son los autores de historietas más prestigiosos de Cartagena, siendo muy populares sus tebeos sobre los personajes de Icue y Rascasote de las Fiestas de Carthagineses y Romanos, siendo también trabajos suyos, entre otros, el cómic ‘El Cantón’, ‘¡Arrímate al caliche!’ y ‘Un día en el puerto de Cartagena’. Dentro de la Semana Santa también han participado con el libro del 75 aniversario de los granaderos de la Cofradía California, a lo que se suman viñetas y obras pictóricas como las que ofrecemos en este artículo, que muestran el Encuentro marrajo (pintado por Joaquín) y a un grupo de jóvenes nazarenos encarnados (obra de Rogelio), obras que han figurado en la exposición que ha protagonizado durante la cuaresma en la sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Rogelio García Macía (Cartagena, 1954) y Joaquín Alcaraz Quiñonero (Lorca, 1950). El primero es el guión y el segundo, el trazo, aunque no siempre así, pues como buen equipo sus papeles se pueden cruzar o compartir. Han superado los cuarenta años trabajando juntos, en los que trabajos suyos han aparecido en una veintena de publicaciones locales y regionales, además de impartir decenas de cursos y charlas relacionadas con la historieta y la caricatura. Su popularidad también les llevó a ser elegidos como pregoneros de las Fiestas de Carthagineses y Romanos en 2016.

El primer padrino. 

La agrupación de Soldados Romanos de la Cofradía del Resucitado ha nombrado a Pedro Zabala Montoya como padrino, lo que es el primer caso que se da en la Semana Santa de Cartagena, pues no nos consta que haya precedentes, siendo lo habitual el nombramiento de madrinas.

El gran trono. 

Estas pasadas semanas hemos estado escuchando el problema que hay en Cantabria por el error de diseño de construir trenes que no pasan por los túneles de esa comunidad autónoma y tampoco por la de Cantabria. Esta noticia recuerda a lo que pasó en la Semana Santa de Cartagena en 1929 con el trono del Ósculo. Sus medidas son de 3,24 metros de ancho y 5,35 de largo, lo que generó aquel año que hubiera, con un serrucho, que recortarle varas en pleno desfile para que girase en la calle de los Cuatro Santos y que se tuviese que abrir puerta a Santa María por la calle del Aire, pues no pues no cabía por la de San Miguel. «Hay que hacer tronos para las puertas, pero no puertas para los tronos», dijo el obispo de entonces.

El ‘resucitado’ californio. 

El pasado año, en la noche del Viernes de Dolores, el trono de ‘Jesús y María en la casa de Lázaro’ tuvo que ser sacado del desfile por una avería en la dirección, teniendo que ser llevado a la iglesia empujado por los procesionistas. Allí, el equipo de iglesia reparó la avería en la dirección y volvió a la procesión, reincorporándose por la calle de la Caridad.

Salvado del fuego. 

Hace 170 años, en el Viernes Santo de 1853, se declaró un incendio durante la procesión en el torno que llevaba a San Juan, el cual fue salvado gracias a la acción de varios hermanos. 

Veraneo vía cofrade. 

Las fórmulas para conseguir fondos para costear los gastos en las agrupaciones han ido variando con el paso del tiempo. Un ejemplo que ya no se produce se dio en el año 1948, en el que la entonces Agrupación de Jesús en la entrada a Jerusalén sorteaba trece regalos, siendo el primero un veraneo completo en Los Alcázares, incluyendo casa para toda la época estival y una despensa de comestibles para toda la temporada, más tres mil pesetas en efectivo.