Lyon es la tercera ciudad más grande de Francia, después de París y Marsella. Es, además, la capital del distrito de Lyon, de la circunscripción departamental del Ródano y de la región de Auvernia-Ródano-Alpes. Fundada hace más de dos mil años en la confluencia de los ríos Ródano y Saona, Lyon posee una gran cantidad de territorio declarado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Uno de estos territorio es el barrio medieval y renacentista, el ‘Vieux Lyon’, que es también el lugar que todo viajero que acaba de aterrizar en la urbe francesa ha de visitar. Se trata de uno de los barrios renacentistas más grandes de Europa, repleto de suntuosas casas de estilo gótico y estilos renacentistas italianos y franceses que construyeron las familias de mercaderes durante el apogeo de la industria de la seda, allá por los siglos XV, XVI y XVII. Se calcula que todavía quedan unas 300 en los distritos de Sain-Jean, Saint-Georges y Saint-Paules que harán las delicias de los apasionados de la época.

También se pueden visitar los traboules, pasadizos renacentistas que atraviesan edificios y que permitían a los comerciantes transportar con facilidad la mercancía. Hay unos cuarenta abiertos a las visitas del público.

En cuanto a monumentos, conviene no olvidar la Basílica Notre-Dame de Fourvière. Construida a finales del siglo XIX por Pierre Bossan, toma prestados elementos de los estilos románico y bizantino, lo que le da su particular aspecto, nada habitual en la época. Tiene cuatro torres principales y un campanario coronado por una estatua de la Virgen. Presenta mosaicos, estupendas vidrieras y posee una cripa dedicada a San José. Se puede acudir a una visita guiada. Además, es posible visitar su Museo de Arte Sacro.

Tampoco podemos olvidar la comida. Lyon tiene más restaurantes per cápita que ninguna otra ciudad del país, así que no se pueden desaprovechar.