El último informe de EsadeEcPol (Centro de Políticas Económicas de Esade) revela que las familias españolas gastan en un año 1.700 millones en clases particulares para sus hijos e hijas. No hablamos de actividades extraescolares, que suelen ser más lúdicas y muchas se dan en el mismo centro educativo, sino de formación añadida no reglada e impartida fuera del colegio o instituto para ampliar o reforzar conocimientos. ¿Por qué casi la mitad de los escolares acuden a esta ‘educación en la sombra’? ¿Corre España el riesgo de convertirse en China, Japón y Corea, donde las tutorías privadas ya son un problema mayúsculo? ¿Está fallando la escuela? ¿Los padres son demasiado exigentes con la formación de sus hijos? Investigadores, políticos y asociaciones de madres y padres responden estas preguntas.

¿Está fallando la escuela?

El 47% de los escolares (incluidas las etapas de infantil, primaria, ESO y bachillerato) acuden, en algún momento del curso, a clases particulares. Una conclusión precipitada hace suponer que la escuela no está ofreciendo suficiente formación. Lucas Gortazar, investigador de Esade, explica que el hecho de que las familias quieran más y mejor educación para sus hijos e hijas no se puede traducir en una polémica negativa sobre la escuela. «Estamos altamente comprometidos con la educación de nuestros hijos, eso es una excelente noticia», explica.

El investigador de Esade y especialista en educación y política social asegura que el verdadero debate es otro. «Tendríamos que hablar de los currículos, que quizá son demasiado amplios. También hay que poner el acento en la falta de recursos públicos o la ausencia de una educación personalizada. Otra cuestión a analizar es la ansiedad que provoca en muchas familias aprobar la selectividad. Y también el sistema anormal español de la titulación de ESO porque quien no completa esa etapa se queda completamente fuera del sistema educativo sin tener alternativas», explica.

El filósofo y pedagogo Gregorio Luri, autor de La escuela no es un parque de atracciones, opina que muchos padres están convencidos de que la escuela está fallando y por eso buscan fuera lo que no encuentran dentro.

Poca oferta pública

Si bien la asistencia a clases particulares es un denominador común tanto entre el alumnado de la red pública como de la concertada (46,5% los primeros y 50% los segundos), el objetivo de esta formación es diferente en función de la renta de la familia. En los hogares de mayores ingresos, lo que se busca es ofrecer a los hijos e hijas ventajas competitivas para tener éxito laboral y económico en el futuro. En los hogares más modestos, el empeño de los padres en contratar academias o profesores privados es que sus hijos e hijas no se queden atrás y no repitan curso.

Su objetivo no es tanto triunfar y destacar, sino recuperar y remediar. Ante este panorama, Mari Carmen Morillas, vicepresidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa) y presidenta de la asociación Giner de los Ríos insiste en que «el éxito educativo no puede depender del bolsillo de las familias». Morillas, que acudió a un encuentro ‘online’ organizado por Esade, insistió a las administraciones para que aumenten su inversión para que las escuelas tengan clases gratuitas de refuerzo y las familias no necesiten invertir un dinero extra.

Estas clases, de hecho, existen pero son minoritarias ya que, según el estudio de Esade, solo un 3,5% de los alumnos acuden a ellas (básicamente, los hijos de familias con renta más baja).

María Truñó, comisionada de Educación del Ayuntamiento de Barcelona, considera que el informe de EsadeEcPol lanza un mensaje de alerta por el poderío económico que tiene ya esta ‘educación en la sombra’ y asegura que las administraciones deben mover ficha. «Se está minando la base del sistema educativo, las familias buscan fuera lo que no encuentran en los centros.

Las administraciones deben luchar contra la segregación y apostar por la voluntad igualadora», explica. La experta, que también acudió al encuentro organizado por Esade, pone como ejemplo las Tardes Educativas puestas en marcha desde el Ayuntamiento de Barcelona para que los escolares de 6 a 16 años disfruten de dos tardes a la semana de actividades diversas, que van desde los deportes, el refuerzo escolar, los idiomas y las artes. «Son actividades donde hay mezcla social y cultural, y de precio asequible gracias a las becas», destaca. Con el objetivo de atraer a estas familias a esta educación extra, la responsable municipal subrayaba la necesidad de que existan «figuras colectoras», como técnicos de barrio, maestros, tutores y educadores sociales.

El problema del inglés

Cortazar no es partidario de prohibir la ‘educación en la sombra’. «No es ninguna solución», concluye. Lo que sí hay que hacer es darle una dimensión más transparente para que el mercado aflore y, de esa manera, se pueda no solo practicar la vigilancia fiscal sino salvaguardar la calidad. Juan Manuel Moreno, catedrático de la UNED y coautor del estudio de Esade, pone el acento en que el 46% del gasto que las familias dedican a las clases particulares corresponde a los idiomas. No está detallado, pero es de suponer que el inglés acapara la demanda. «Habría que analizar cómo se da el inglés en los colegios», concluye Moreno.

El profesor Luri se muestra de acuerdo y asegura que si un padre quiere que su hijo domine por completo el idioma extranjero le lleva a una academia privada o contrata un docente.