Opinión | La Feliz Gobernación
Bancos imposibles

Bancos en el paseo marítimo de Santiago de la Ribera. / Matías Cantabella
En los sagrados años 80 del pasado siglo, una empresa contratista de vallas publicitarias exhibía en Madrid, en los huecos temporales que dejaban libres sus clientes comerciales, una serie de imágenes muy llamativas que aparecían rotuladas con el título Objetos Imposibles. Era un recurso para demostrar que los anuncios que utilizaban ese soporte eran muy efectivos, pues aquella serie llamaba mucho la atención de la gente. Tanto es así que hoy todavía la recuerdo. Ejemplos de objetos imposibles: una tetera con el pitorro dirigido al envase, como un elefante con la trompa enroscada, o una cuchara cuyo pocillo estaba taladrado con la figura del tenedor, de manera que no servía para portar la sopa ni para pinzar una pieza del plato.
Pues bien, décadas después el Ayuntamiento de San Javier ha añadido a la colección un objeto, más que imposible, surrealista. Se trata del banco público dispuesto al revés. Lo ha publicado con estupefacción en redes el portavoz municipal de Podemos, Matías Cantabella. En el paseo marítimo de Santiago de la Ribera se suceden unos bancos muy aparentes para el descanso de viandantes o vecinos que apetezcan tomar la fresca, pero tienen una particularidad insólita, única en el mundo: están encarados a la fachada urbana de la primera línea de playa y de espaldas al Mar Menor.
Adiós a los atardeceres multicolores, al susurro de las suaves olas, al efecto hipnótico de la cadencia de los suspiros del calmado Poseidón, a la acuarela viviente de ese barquito de vela que adorna el horizonte, al hombre que pasea a su perro por la arena cuidando de no ser alcanzados por la insistencia de la marea, a la poeta que acude descalza a humedecer sus pies cansados de aventuras que riman amor con dolor, a los niños que corretean felices mientras imaginan travesías marítimas futuras en las que esquivarán a Escila y Caribdis, a la pareja de novios sentada a la orilla que renueva sus votos románticos frente a la inmensidad del ancho mar...
Quien se decida a plantar su culo en uno de esos bancos municipales se perderá todo eso, que queda a sus espaldas, mientras atisba la aburrida vida doméstica que se esconde tras la fachada vecinal. Sentarse de espaldas al Mar Menor, ¡qué gran metáfora política!
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