Opinión | La Feliz Gobernación

Patricio Hernández

Patricio Hernández

Patricio Hernández / Javier Lorente

No se lo cree ni él. He leído en las redes que se jubila. Debe tratarse de un dato administrativo al que no conviene hacer mucho caso. Porque desde que conozco a Patricio, allá por el final de los 70, no lo he visto quieto. Al principio, ingeniando políticas para la juventud creadas sobre la nada anterior a la Transición. Después, poniendo en pie a todo un sector desde el Foro de la Cultura, una plataforma crítica y valiente.

Más tarde, impulsando el Foro Ciudadano, lo mismo pero ampliando el radio a la política. Desde ahí, aportó durante años a La Opinión una página semanal por la que desfilaron las voces más alternativas y, en muchos casos, ocultas y ocultadas, que mostraron que en esta Región hay más doctores que los que firman el parte médico habitual. Y produciendo libros colectivos (El otro estado de la Región) en las antesalas electorales que intentaban perfilar análisis distintos al marco convencional, entre ellos la prevención del estallido de la burbuja inmobiliaria del que pocos querían hablar. El último e impagable servicio de ese Foro fue el Pacto del Moneo, en el que todas las fuerzas políticas convocadas por él, con ausencia voluntaria del PP, acordaron cambiar la Ley Electoral, y cumplieron, eliminando las cinco circunscripciones y rebajando el tope (del 5% al 3%) para tener representación en la Asamblea. 

Como funcionario responsable de Cultura en el Ayuntamiento de Cartagena son incontables los programas que ha puesto en marcha, todos participativos y de gran originalidad, que han dotado a la segunda ciudad de la Región de una identidad propia en el capítulo cultural. Iniciativas tan potentes que han conseguido persistir a pesar del constante vaivén ideológico en la dirección política del Consistorio y que es esperable que sobrevivan a la formalidad de su jubilación.

Como personalidad comprometida con la izquierda neta ha experimentado a lo largo de su vida activa todas las ilusiones y todas las decepciones consecuentes, pero nunca ha abdicado de su compromiso, y su espíritu independiente ha provocado que sea alternativamente apreciado y desoído en ese ámbito. Pero si hay algo claro es que los viejos contestatarios como Patricio no se jubilan jamás. Ni lo debiéramos permitir.