Opinión | Las Fuerzas del Mal

Cuéntame

Que la Constitución debe salvaguardarse según qué artículos pero que otros no importan tanto. Ojo, los otros, los que quieren un cambio de régimen también consideran unos artículos por encima de otros. Se llama 'cherrypicking'

'El abrazo', Juan Genovés

'El abrazo', Juan Genovés

¿Son iguales todos los disensos? Hay una parte de esta sociedad que se declara en contra de este régimen constitucional porque considera que no se cumple. Que los derechos y los principios programáticos que se recogen en la Constitución valen según a quiénes se les aplican. Que hay una oligarquía que gobierna desde el poder económico y mediático y hurta la verdadera voluntad del pueblo.

Hay otro disenso que considera que, en realidad, este régimen constitucional llega demasiado lejos y que debería uniformizar, recortarse, rehacerse, optimizarse. Que la Constitución debe salvaguardarse según qué artículos pero que otros no importan tanto. Ojo, los otros, los que quieren un cambio de régimen también consideran unos artículos por encima de otros. Se llama ‘cherrypicking’.

Mientras les escribo esto, yo estoy entre unos y otros. Por ejemplo, considero que Sanidad, Educación y Justicia deberían funcionar tratando a las personas con dignidad en momentos de enfermedad, formación y juicio, claro, como la Agencia Tributaria. Veo a docentes abrumados con carga de trabajo burocrático, una administración de Justicia lenta, lo que la hace menos justicia y una Sanidad no solo colapsada sino en la que la información que tiene mi médico de cabecera no es accesible a mi especialista, y viceversa.

Cada vez ando más convencido de que una ley de Claridad en cuestión de las nacionalidades que conforman España es necesaria. Si funcionó con Quebec no veo por qué no ha de funcionar con España. Sí creo que se debe cerrar el Estado de las Autonomías o convertirlas en una federación, regular seriamente el juego leal entre poder autonómico y poder central y hacer al poder regional menos susceptible de políticas de campanario y más responsable de sus actos, quizás encomendando que recaude tributos para que las perras se las pidan ellos directamente a los ciudadanos y les tengan que rendir cuentas. La idea no es mía sino de Enrique Egea Ibañez, profesor de Microeconomía en mis tiempos de Derecho.

Antes de escribirles esto he llamado a mi tocayo, otro Enrique más. Antes de 1978 ya había viajado a Europa, en 1978 estaba estudiando, votó la Constitución, y después fue guía turístico, más tarde profesor de Bachillerato. Durante ese tiempo conoció a un hombre, vivió con él durante más de veinte años, se casó, enviudó y ahora vuelve a estar enamorado y en pareja. Le he preguntado qué le han parecido estos cuarenta y cinco años.

Me ha dicho que el pueblo español votó con el miedo de no repetir ni una dictadura ni una guerra civil. Que hemos conseguido quitar al Ejército de enmedio como actor político, cosa que había sido durante el XIX y el XX, y que fue una élite política, social y económica de distinto pelaje, rojos que se convirtieron en socialdemócratas, franquistas que se hicieron liberales y también algún mediopensionista, la que no quería seguir en una dictadura y trabajó por ello. Que estamos en Europa, como era el objetivo, pero nos queda mucho franquismo sociológico-folclórico por quitarnos de encima y que el 23 de febrero, con los guardias civiles en el Congreso, apenas salieron decenas a defender la Constitución Española, a diferencia de los miles que salieron cuando, a moro muerto, gran lanzada, se desactivó el golpe de Estado. Que lo hemos hecho bien, pero que no nos pongamos estupendos, que esto no es el Cuéntame.