Opinión | Tribuna libre

Fernando Bermúdez

Conflicto diplomático entre Israel y España

Este año conmemoramos el 75 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, acontecimiento que significó una esperanza después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, observamos que siguen las violaciones a los derechos humanos, las guerras y los genocidios, como los que se están llevando a cabo en Palestina. Esta dolorosa realidad me ha llevado a dar una palabra sobre el Derecho Internacional Humanitario.

Escribo desde una posición independiente. No milito en ningún partido político, lo cual me ofrece la libertad para expresar lo que pienso y siento sin condicionamientos por parte de nadie. Mi partido, si así pudiera calificarse, es la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Constitución Española, la Ética y la Doctrina Social de la Iglesia.

La Declaración Universal de Derechos Humanos no es vinculante; sin embargo, las Convenciones y Tratados que emanan de esta Declaración sí lo son. Entre estos Tratados destacan las Convenciones de Ginebra sobre el Derecho Internacional Humanitario cuyos Principios Generales deben respetarse en los conflictos bélicos. En ellos se establece que en toda guerra debe evitarse dañar la integridad física y moral de la población civil, particularmente de los niños, mujeres, ancianos y enfermos.

Los bombardeos del ejército de Israel, so pretexto de combatir al grupo terrorista de Hamás, han causado, hasta la fecha, la muerte de más de 16.000 personas civiles, de las cuales la mitad son niños y niñas. Se calcula que hay alrededor de 7.000 muertos bajo los escombros. Y siguen los bombardeos. Hay quienes señalan que son efectos colaterales, olvidando que hay un principio ético que reza que el fin no justifica los medios. La vida es sagrada y nunca se justifica la muerte de personas civiles.

Es por eso que desde el Derecho Internacional Humanitario y desde la Ética considero acertadas las palabras del presidente del Gobierno Español, Pedro Sánchez, cuando dijo, después de condenar el salvaje atentado terrorista de Hamás, que «la muerte de civiles en Gaza es insoportable». Y en el paso de Rafah expresó: «La violencia sólo conducirá a más violencia. Tenemos que reemplazarla por la esperanza».

Considero que ninguna persona con sentido de la dignidad humana puede poner en entredicho estas palabras del presidente del Gobierno español que, días antes también dijeran Antonio Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, el Alto Representante de la Unión Europea Josep Borrell y el Papa Francisco, quien además dijo que «no se puede responder al terror con más terror». En esta línea se manifestaron otras muchas personalidades de peso moral a nivel mundial.

El ejército de Israel bombardea escuelas, hospitales, viviendas, instalaciones de la ONU y todo tipo de infraestructuras civiles en Gaza, lo que constituye crímenes de guerra según el derecho internacional. Bloquea la entrada de alimentos, agua, luz, combustibles y medicinas a una población cautiva de dos millones trescientos mil habitantes, la mitad de los cuales son niños. El Papa Francisco acaba de decir: «He hablado con la parroquia de Gaza, no hay agua, no hay pan. La gente sufre... Sufre la gente sencilla, la gente del pueblo, no los que hacen la guerra. Pidamos la paz».

Asimismo, en Cisjordania, el gobierno de Israel ha impuesto un rígido bloqueo y ha construido un muro de 800 kilómetros. Ataca a los palestinos, asesinando y deteniendo a los que protestan contra la ocupación del territorio y proporciona armas a los colonos de los asentamientos judíos.

Son ya 75 años de ocupación militar de Palestina por el Estado de Israel y 16 años de bloqueo militar en Gaza. El pueblo palestino se enfrenta a expulsiones violentas, demoliciones de viviendas y asesinatos incluso de niños y niñas. Yo fui testigo de ello cuando realizaba un curso bíblico en Jerusalén.

Como consecuencia de este conflicto crecen la xenofobia, la islamofobia, el antisemitismo y el odio, lo cual desencadena una degradación de valores éticos en la sociedad.

La violencia genera una espiral de odio y muerte. La guerra siempre es mala. Solo el diálogo y la negociación diplomática son la solución de los conflictos y el camino para la paz. Nunca las armas porque solo causan destrucción, sufrimiento y muerte.

Me extraña sobremanera que haya personas y políticos de la oposición en España que nieguen el Derecho Internacional Humanitario. Ello es sumamente preocupante porque significaría aprobar el asesinato de miles de personas civiles y de multitud de niños y niñas. Y eso es grave, muy grave, porque si no existe el más mínimo sentido de humanidad y de respeto a las leyes internacionales, este mundo y esta España no tendrían futuro. El respeto a la vida, sobre todo de los menores de edad, está por encima de todo interés partidista.

Israel tiene derecho a que se le respete y a vivir en paz. El único camino para ello es el diálogo que concluya en el reconocimiento de la soberanía del Estado Palestino. La paz de Israel es la paz de Palestina, dos Estados soberanos, libres e independientes.