Opinión | Noticias del Antropoceno

La realidad supera ampliamente a la ficción

Estuve a punto de darme baja de Netflix como todo el mundo cuando, por vía de eliminar la compartición de cuentas, se encareció notablemente la cuota por el servicio. Además, después de la última temporada de Stranger Things, parecía que la plataforma pionera del streaming había llegado a su nivel de incompetencia en la producción series de ficción. A partir de eso, una serie de estrenos del género documental me han vuelto a enganchar, y enganchado continuaré por tiempo indefinido si no modifican su política de contenidos.

Y es que sus series documentales, sean de naturaleza como La Vida en Nuestro Planeta, que ya comenté en una pieza anterior, sea el true crime como El Crimen de la Guardia Urbana, o sea la historia completa y detallada de la mayor estafa financiera de la historia, con Bernie Madoff de protagonista, superan ampliamente el interés de casi cualquier serie de ficción. La última incorporación al catálogo es la historia de Paolo Macchiarini, un especialista en cirugía de la tráquea cuya historia no deja ningún resquicio para creer en su buena fe ni ningún margen para dar plausibilidad a su supuesto método de regeneración de una tráquea dañada. 

Como reza la presentación de la serie, cuyo título es El Cirujano del Engaño, el método era revolucionario, pero alguien debería haber sospechado algo cuando todos los pacientes se le morían (excepto uno, para ser más exactos, pero no por mérito de la profilaxis por él inventada). El método consistía ni más ni menos que en imprimir tráqueas de plástico en 3D y bañarlas en células madre, con la promesa inherente de que estas fueran desarrollándose en la tráquea de los pacientes hasta que pasaran a integrarse en su organismo de forma natural. Más que natural, hubiera sido mágica. Lo sorprendente de la historia es comprobar cómo el entramado de intereses creados alrededor del fulano en cuestión, amparado por el hospital más prestigioso y caro de Estocolmo, crea una barrera de credibilidad hacia su figura que en momentos parece destinada a mantenerse incólume a las críticas y denuncias, por muy basadas en abundantes pruebas reales que estuvieran. Ver para creer.