Opinión | Noticias del Antropoceno

Moderado optimismo en la cumbre climática

La parte de la opinión pública más consciente de la crisis climática y de los peligros que entraña no acaban de entender que una cumbre de países auspiciada por la ONU sobre el tema esté organizada y se celebre en un país y en una zona que representan precisamente una economía basada en una fuente energética que debe desaparecer más pronto que tarde si los objetivos del encuentro se quieren alcanzar. O se puede ver de otra manera: que la lucha contra el calentamiento global se ha vuelto tan aceptada y popular que ni siquiera los productores de energía fósil se atreven a oponerse. Parecería la escena de Tiempos Modernos de Chaplin, en la que éste se encuentra involuntariamente al frente de una manifestación multitudinaria que se pone justo detrás de él al doblar la esquina.

Sean cual sean las motivaciones y las estrategias, el caso es que ni siquiera las petroeconomías se enfrentan al consenso de la necesaria reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, que emanan en gran parte del petróleo y el gas que extraen de su subsuelo. Algo deben saber ellos que no sepamos nosotros cuando en realidad el mundo usa cada vez más energías fósiles mientras que están embarcados en una carrera a gran velocidad para sustituirlas con energías renovables. No sabemos el contenido exacto del secreto pero podemos adivinar fácilmente por donde van los tiros.

Y los tiros van por las nuevas tecnologías que se están probando ya con razonable éxito y en varias líneas para combatir las emisiones de gases de efecto invernadero. En este caso estamos hablando de las tecnologías para la captura y almacenamiento del CO2, por una parte, y la geoingeniería capaz de limitar la llegada de rayos solares a la atmósfera y disminuir el calentamiento global por otra. En ambos casos, estamos hablando de solucionar el problema sin abandonar las fuentes de energía fósiles. No lo declaran abiertamente, pero esa probablemente es la única explicación para que los inversores estén volviendo a comprar acciones de las petroleras, y éstas a invertir en nuevos depósitos de petróleo y gas. O hay otra explicación: que nos tomen por estúpidos.