Opinión | Erre que erre (rock and roll)

Canción de Navidad

La cantante Brenda Lee.

La cantante Brenda Lee.

Para poder disfrutar plenamente de la vida, de lo que somos o hemos conseguido, para poder convivir en plena armonía con lo que nos rodea, hay una máxima que impera por encima de todas: ser agradecido.

Pocas veces tenemos en cuenta a las personas que contribuyen para que nuestro día sea posible, obviamos a quienes colaboran para que nuestra monotonía torne a una experiencia mejor con simples y pequeños gestos. A toda esa gente que lo hace posible le debemos un inmenso reconocimiento, a veces por el simple hecho de hacernos disfrutar un instante.

Más de uno pensará que para expresar gratitud, de antemano, debe ocurrir un hecho que lo motive. Nadie nos enseña a agradecer nada sin una justificación de por medio. Y no somos conscientes de que no se necesita una razón concreta ni personal para expresar esa emoción. La maestría en este arte se alcanza cuando el agradecimiento no se debe a nada tangible pero te conmueve igual... Es de bien nacidos. Conforme sucede la vida me doy cuenta de que la gratitud no es un sentimiento demasiado presente, tal vez por haber sido forzados desde la niñez a agradecer cosas sin sentido hemos bloqueado este efecto. Eso, o que no tenemos remedio y poco nos pasa para lo que nos merecemos. Una frase sobrevive siempre entre nosotros: «así somos», válida en las revoluciones para adular a los ganadores o humillar a los caídos, siendo sólo un simple padrón de ignominia para el que la escucha y para el que la grita; así, la repiten tanto los vencidos como los vencedores. Y es que, señores, en este mundo tenemos la fea costumbre de ejecutar el menosprecio en menos que canta un gallo. Nos vaciamos de consideración, estima y valor si de exaltar la valía de una grande se trata, la envidia como deporte nacional, sin contemplar que es una de las peores afecciones que se pueden experimentar, pues quien la sufre es una verdadera desdichada. Y así viven algunas, demostrando el camino a no seguir, con lances de mediocridad camuflados en la más profunda arrogancia que las deja aisladas en un rincón de una mediocre soberbia altanera de Diva. Así no, nena, así no.

Admiro a la gente noble, la que se esfuerza y es proactiva, la que contagia con sus emociones positivas, la que deja huella en los demás. Justo como la que dejó hace 65 años la inmensa Brenda Lee al interpretar Rockin’ around the Crhistmas Tres. Esta maravilla de canción fue compuesta por Johnny Marks, un judío que a pesar de no festejar la Navidad se especializó en este subgénero (suyas son Rudolph, the Red-Nosed Reindeer, popularizada por Gene Autry, o Run Rudolph Run, por Chuck Berry), y producida por Owen Bradley. Parece ser que en 1958 esta tonada pasó sin pena ni gloria, pero este año ha desbancado a la insufrible All I Want for Christmas Is You, de Mariah Carey. Que lleva desde 1994 en la cima. Era de justicia que alguna vez se obrase el milagro de la Navidad, al menos en una canción interpretada por la maravillosa Brenda, de la que un día John Lennon declaró: «Tiene la mejor voz del rock’n’roll de todas», y su admirado Elvis Presley he de decir que opinaba lo mismo. Por tanto, me niego a reproducir lo que una señora desbancada por un instante ha sido capaz de reproducir en lugar de pegarse un punto en la boca como señal de respeto hacia una señora de 78. Bastante tengo con lidiar con las propias en mi redes, esas que saben que sólo te pueden atacar por la espalda porque a la cara no se atreven.