Opinión | Lo veo así

José Antonio Serrano, la dignidad de un político

El hasta hace poco alcalde de la ciudad de Murcia, José Antonio Serrano, ha dado todo un ejemplo de dignidad personal y de saber estar político, al dejar su acta de concejal; al perder las elecciones, a la Alcaldía en los últimos comicios municipales, renunciando igualmente al liderazgo de la agrupación socialista de Murcia. Y se ha ido sin ruido, sin arremeter contra nadie, cosa muy extraña en el mundo de la política española.

Y destacamos esto, porque en los últimos tiempos, parece que los políticos del estruendo, del ruido y a veces de la furia también, tienen más éxito popular, pero es de agradecer que, de vez en vez, irrumpan en el panorama político ciudadanos que, en el desarrollo de su labor, no ofenden, no vociferan, no insultan. No buscan los titulares escandalosos, para hacerse notar, y sí el consenso, el entendimiento, la serenidad, en definitiva.

Serrano se va con señorío, porque como ha confesado, el mismo día que perdió las elecciones reflexionó sobre la necesidad de buscar la renovación de su partido; tanto en el Ayuntamiento como en su importante agrupación, dejando ambos puestos libres para que los, o las que aspiren a ellos, no se encuentren con ninguna barrera.

Este ejercicio de desprendimiento, esta manera suya de actuar, es tan poco usual en política que casi ha cogido a todo el mundo por sorpresa. Incluso el anuncio de su renuncia ante los militantes de la agrupación que ha dirigido durante los últimos años, lo ha hecho sin ruido y sí con mucha prudencia: un ejemplo ese ‘paso al lado’ tan impropio en la vida política española, plena de ‘profesionales’ de uno u otro signo, que pierdan o ganen elecciones, continúan sentados en el mismo sillón, año tras año.

Pero él no, el doctor Serrano ha dado un enorme ejemplo de respeto a su partido porque, tal y como declaraba en La Opinión hace unos días, él cree que ahora es el momento adecuado para decir adiós: el adelanto electoral de las generales le impidió hacerlo tras las elecciones porque, por encima de todo, él pretende no hacer mal a su partido: «En campaña debemos intentar generar el menor ruido posible y centrarnos en las ideas y los compromisos para la legislatura siguiente. Por el mismo motivo decidí esperar después del 23 de julio. Se abrió un tiempo de negociaciones en los dos grandes partidos y no quería que se entendiera mal cualquier movimiento que pudiera hacer».

Y ahora sí, ahora entiende que es el momento adecuado para volver al hospital Morales Meseguer, a urgencias, donde a lo largo de los años ha dejado, como máximo responsable de ese departamento, su impronta de buen profesional, de persona amable, educada, buena persona en definitiva, para quien la política es una pasión, pero para quien es mucho más importante la dignidad personal que los puestos porque, como el confiesa: «Nadie es imprescindible».

Por eso se marcha con la tranquilidad de quien mañana podrá pasear por las calles de su ciudad sin que nadie pueda reprocharle nada, porque hay quienes se empeñan en hablar de su gestión como de «la nada», pero lo cierto es que fue, en su corta etapa de alcalde de Murcia, cuando se desarrollaron los sensores de la red municipal de vigilancia de calidad del aire, y cuando saltaron todas las alarmas en las mediciones tomando conciencia de que era esencial implantar el Plan de Movilidad. Un Plan de Movilidad que había que afrontarlo sin esperar a que pasara la campaña electoral, porque se hubieran perdido los fondos Next Generation de la Unión Europea. Y ese no esperar a que se celebraran las elecciones, con la impopularidad que el levantamiento del centro de la ciudad le causó con las obras; solamente por no perder el dinero de las inversiones, nos habla de un hombre que pensó más en el bien de su tierra que en el redimiendo electoral: el tiempo, quizás le haga justicia.